sábado, 31 de agosto de 2013

Capítulo 9: Vorágine.

Podía notar  el ronroneo del motor. Era un sonido que siempre me había relajado pero en ese momento la adrenalina corría a mil kilómetros por hora por mis venas. Justin me había dado una botella de agua y había subido la música para intentar relajarme. Respiré hondo mientras él aceleraba metiéndose campo a través. Arqueé una ceja. Por ese camino llegaríamos a mi casa, pero tardaríamos al menos cuarenta y cinco minutos. Justin frenó y bajó la música. Me pasó una toallita y empecé a quitarme el hollín.
-¿Estás bien? ¿Te has hecho daño?- me preguntó tratando de disimular su preocupación.
-Estoy bien, tranquilo. ¿Qué hacías allí?- se me hacía raro estar con Justin. Hacía muchísimo tiempo que no le veía.
-Estaba con el coche y vi el fuego. Me acerqué a ver qué pasaba y te vi tirada.- me dijo. Seguimos hablando un rato más mientras el volvía a arrancar. Cada palabra que decía me recordaba lo unidos que habíamos estado hacía tanto tiempo. Pero ahora nos limitábamos a que el me llevase a casa y le dijese a mis padres que estaba bien. Miré por la ventana y me dediqué a admirar la luna. El reflejo del incendio titilaba en el retrovisor. Casi no oí la pregunta de Justin.
-¿Y qué tal está Naiara?- dijo. Oír el nombre de mi amiga de su boca me recordó todo lo que había pasado, hacía lo que me parecían siglos.
Un año y medio antes
Por fin habíamos conseguido poner la película. Deberíamos haberle hecho caso a Nai cuando nos explicó cómo ponerla. Decidimos no decirle nada de todo lo que habíamos tardado. Empezamos a verla y a comer patatas fritas. Casi a mitad de la película, se abrió la puerta. Miramos para encontrarnos una imagen a la que estábamos acostumbradas. Nai y Justin de la mano y sonriendo. Siendo felices. Me alegraba por ellos pero tenía mi enésima ruptura con Dan demasiado reciente. Pero esta vez sabía que era la definitiva.
Justin nos dio un abrazo a todas y besó a Nai antes de irse. Esa noche tenía no se qué reunión y se le estaba haciendo tarde. Nai se acomodó en el sofá y seguimos viendo la película. Estaba muy callada. No nos preocupamos, ya que odiaba que hablásemos mientras veíamos cualquier película de Crepúsculo. Decía que se perdía detalles. Pero ese día ni siquiera miraba a la tele. Y era su película preferida de la saga. Pausamos la película y le preguntamos directamente que pasaba.
-Es que creo que tengo que romper con Justin.- dijo con lágrimas en los ojos. Nos contó que le gustaba, pero que sentía que su relación no iba a ninguna parte. Además había empezado a fijarse en Niall Horan, aquel chico de One Direction. Le dijimos que eso era solo un enamoramiento tonto de famoso. Ella nos respondió que Justin también lo había sido. Todas nos miramos y la abrazamos mientras ella empezaba a llorar. Nos partía el alma ver a Nai así. Y aún más cuando menos de veinte minutos antes había estado tan cómplice con él.
A la mañana siguiente, Nai nos llamó para decirnos que lo había hecho. Le había dejado. Y desde aquel día, no habíamos vuelto a ver a Justin. Al menos en persona
-¿Grace? ¿Grace, estás bien? Despierta, hemos llegado.- me dijo Justin. Le di las gracias y me bajé del coche. Entré en casa y vi como mamá soltaba todo el aire que había aguantado.  Papá se limpió las lágrimas y corrió a abrazarme. Mis hermanas se desperezaron en el sofá y corrieron hacia mí. Les abracé a todos bien fuerte y me fui a mi habitación. Mi teléfono quemaba de tantos mensajes. Les respondí que estaba bien mediante un difundido y me acosté. Me dormí al momento. Al menos ese día se había acabado por fin.
A la mañana siguiente me desperté con olor a café recién hecho. Arrugué la nariz y abrí los ojos. Mamá estaba sentada a los pies de mi cama con una bandeja llena de churros, tostadas y una humeante taza de café. Me senté en la cama y empecé a comer. Ella se limitó a acariciarme el pelo y a trenzarlo. Cuando acabé de comer mamá me preguntó qué había pasado anoche. Se lo conté todo. Incluso lo de Evan.
-Bueno, nada de eso importa. Porque ahora estás aquí, en casa. Y no pienso dejar que nada ni nadie le vuelva a hacer daño a mi niña.- dijo abrazándome. Le abracé aún más fuerte y ambas empezamos a llorar. Salió de mi habitación dándome un beso y yo me recosté en la cama mientras cogía el móvil que había empezado a vibrar. Era una llamada de Louis.
-¿Qué es eso de que has estado a punto de morir quemada?
-¿Te ha llamado papá verdad?
-Contéstame.
- Louis, relájate, estoy bien.
-¿Segura? ¿Y cómo saliste de allí?
-Justin, pasaba por allí. Me trajo a casa en coche sana y salva.
-¿Justin? ¿Te has subido en un coche con Justin? Dime que no has hecho nada. Dímelo Grace.
-¡Pero por quién demonios me tomas! ¡Claro que no he hecho nada!
-Vale, vale relájate. Era una broma. Te echamos de menos. Bueno y a Ed, pero es que Liam no está insoportable por Ed.
-Louis, no tiene gracia.
-Ya lo sé. ¿Cuándo vas a volver?
-Pasado mañana llego. A eso de las 10. ¡¡Voy a pasar las diez primeras horas de mi cumpleaños en un avión!!- le respondí con sarcasmo. Además de pasar mi cumpleaños alejada de mi familia (otra vez), coger un avión a las doce de la noche para llegar a Inglaterra con jet lag tampoco me hacía mucha ilusión. Me levanté de la cama y me metí en la ducha. El agua caliente me quemó en la piel y me recordó todo lo pasado la noche anterior. Ahogué un grito y giré el grifo completamente dejando salir agua helada. Fue gratificante. El agua limpió poco a poco toda la tensión y el hollín y después de unos diez minutos salí de la ducha. Me puse unas mayas y la primera sudadera que encontré. La de Superman. Me miré al espejo. Sonreí al recordar como Louis me había regalado esa sudadera. Le echaba de menos. Aunque siempre estuviese fastidiando, le echaba de menos.
Bajé las escaleras y encontré a unos agentes de la policía de Nashville hablando con mamá. Levantaron la vista cuando me oyeron bajar y les reconocí. Bob y Simon. Eran amigos de infancia de papá. Terminé de bajar y les di dos besos. Ellos me abrazaron y me confesaron que estaban realmente aliviados de que estuviese bien. Me contaron que el quince por ciento de la gente no había corrido esa suerte. Habían contabilizado seis muertos y dieciocho heridos. De cuarenta personas que había en la fiesta, era una cifra bastante elevada. Por suerte nadie de los muertos era gente que conociese. Bueno quizás uno de los chicos. Creo que era el novio de Ella. Pero no lo recuerdo muy bien.
-Bueno Grace, estamos realmente encantados de verte, y de saber que estás bien, pero desgraciadamente esto no es una visita de placer. Necesitamos que nos cuentes todo, absolutamente todo lo que recuerdes de anoche.- y lo hice. Absolutamente todo. El alcohol, el tabaco, la marihuana, los coches con escapes de gasolina. Pero preferí omitir detalles como Evan y Justin. Eso no tenía nada que ver en un informe policial. Ellos apuntaron todo lo que les dije y debido a las caras de sorpresa que tenían al terminar me di cuenta que nadie les había dicho nada de las drogas. O de la fiesta en sí. Una vez terminaron de apuntarlo todo me dijeron que mi declaración se haría de forma anónima, y que no me preocupase de nada. Me dieron un abrazo y justo cuando estaban abriendo la puerta llegaron a mi mente todos aquellos recuerdos de infancia y con una de mis mejores sonrisas lo dije:
-A ver si os veo pronto, tito Bob y tito Simon.
La casa quedó en silencio y todos me miraron. Hacía al menos siete años que no les llamaba así. Sonreí y me acerqué a ellos para darles un último abrazo antes de irse. Cuando salieron entraron mis hermanas con mi padre con dos guitarras y un banjo. Arqueé una ceja y mamá me hizo sentar en el sofá con ella. El extraño trío empezó a tocar un montón de canciones de mi lista de favoritas. No pude dejar de reír y aplaudir mientras las parodiaban, bailábamos y cantábamos. Parecíamos una familia feliz. Y yo me sentía tan bien. Esa noche me fui a dormir pronto. El día siguiente me lo pasaría en un autobús de tour yendo al concierto de papá. Ojalá nunca me hubiese ido a dormir esa noche. Creo que aquella pesadilla fue una de las peores de mi vida.
El coche de Dan frenó en seco y echándonos hacia delante. Estábamos en la colina de detrás del Partenón. Me apoyé en su pecho esperando que él me acariciase el pelo. Pero no lo hizo. Le miré extrañada y él me apartó.
-Grace, tenemos que dejarlo.
-¿Qué? ¿Por qué?
-Es que… Mira yo no quería, pero es que Lucy y yo estábamos borrachos, y… Bueno, Grace lo siento.
-¿Qué? Espera. No vemos a Lucy desde hace más de dos meses. No puedo creerlo. Apártate de mí. Pensaba que habías cambiado Dan.
-Y he cambiado Grace. Eso pasó hace tiempo.
-¿Y por qué no me habías dicho nada? Mira, déjalo, no quiero oírlo.- abrí la puerta del coche y empecé a caminar hacia casa mientras las lágrimas inundaban mis ojos. Oí que Dan empezaba a gritar a mi espalda. Ojalá nunca le hubiese escuchado.
-La razón principal por la que lo hice es porque eres una estrecha Grace. Si sigues así no vas a conseguir novio en tu vida. Dejarte es lo mejor que he hecho este año.- dijo mientras pasaba por mi lado en su estúpida camioneta que nunca me dejó conducir. Todo lo que había vivido con él empezó a venir a mi mente y las lágrimas salieron ahora impetuosas de mis ojos y empezaron a caer en el cuello de mi camiseta. Empezó a llover. Había perdido un año de mi vida con ese tío. Todas esas veces que me había pedido segundas oportunidades y yo se las había dado. Me quedé en la puerta de casa dejando que la lluvia me empapara. Entré y subí a mi habitación dejando mi bufanda roja colgada de la baranda. Era una especie de mensaje secreto de la familia McGraw. Así sabrían lo que habría pasado. Llegué a mi habitación y después de cinco minutos sonó mi teléfono. Dan.
-Grace, todo fue un error. Lo siento. Perdóname, por favor. Por favor.
-Dan, déjame. No quiero volver a saber nada de ti.
Me desperté bañada en sudor. Miré el reloj. Eran las cinco de la mañana. En unas dos horas me metería en el autobús. Y serían tres horas de viaje. Me levanté y bajé a ver la televisión. Así al menos podría distraerme. Tenía demasiado fresco el sueño de la noche anterior así que me metí en el baño y me di una ducha no demasiado caliente. No sentía nada por Dan, pero todos esos recuerdos me acechaban como una sombra. ¿No podría ser feliz nunca? ¿Acaso siempre iba a tener su sombra impidiéndomelo? Salí de la ducha y oí a mi padre levantándose y preparando café. Bajé las escaleras corriendo y le pedí una taza. Saqué el pan de molde de la despensa y preparé unas cuantas. Desayunamos una vez Maggie y Audrey bajaron y nos montamos en el autobús. Estuvimos todo el día entre guitarras y pruebas de sonido y llegó la hora del concierto. Como siempre, mis hermanas y yo nos pusimos a un lado del escenario donde nadie podía vernos a disfrutar del concierto.
Echaba de menos los conciertos de papá. Esa noche bailé, canté y me lo pasé increíblemente bien. Ir a conciertos con mis amigas era algo que me encantaba y podría hacer durante toda la vida, pero estar con mis hermanas en un concierto de papá era diferente. Pasase lo que pasase, aquel momento era nuestro. Nuestro y de papá. Bailamos durante horas sin parar un solo segundo hasta que el estadio poco a poco fue bajando el volumen. No sabíamos muy bien por qué, pero la realidad nos golpeó cuando nos detuvimos para oír lo que papá estaba a punto de decir.
-La próxima canción se la quiero dedicar a mi hija Grace. Mañana es su cumpleaños y por segundo año consecutivo vamos a pasarlo separados. Recuerdo perfectamente que el año pasado le prometí estar con ella mañana, y ambos sabemos que voy a faltar a mi promesa. Lo siento cariño. Pero justo ahora quiero que sepas que te quiero muchísimo.- caminó hacia mí y me cogió la mano. Empezamos a caminar hacia el centro del escenario mientras los acordes de My Little Girl empezaban a sonar. Creo que en aquel momento empezamos a llorar a la vez. El público entero sacó sus teléfonos y los agitó en el aire, como si fueran pequeñas luciérnagas, esas que solíamos cazar en las noches de verano. El público y papá formaban un dúo perfecto y yo no podía dejar de sonreír mientras lágrimas de felicidad recorrían mi rostro. La canción terminó y papá me dio uno de los mayores abrazos que me había dado nunca. Me dio un beso en la frente y despidió el concierto. Cuando llegamos al backstage Maggie y Audrey vinieron a darme un abrazo.
-Te queda una hora y media aproximadamente con dieciséis años. ¿Qué quieres hacer?
-Comer tortitas McGraw hasta que tenga que coger el avión.- y eso hicimos. Comimos tortitas y tocamos la guitarra hasta casi la hora de coger el avión. Una vez en el aeropuerto, mis hermanas me cogieron de las manos mientras iniciaban una cuenta atrás desde dieciocho. Papá y mamá se unieron a ellas y yo hice lo mismo. Tres. Dos. Uno.
-¡FELICIDADES GRACE!-gritaron abrazándome. Me un sobre. Mis hermanas me dieron una caja rectangular y me metieron prisa para que la abriese. Era una foto. De esa misma noche. Papá y yo estábamos en el escenario rodeados por focos azules mientras él cantaba. Las miré y las abracé. Iba a echar de menos a mis pequeñas. Abrí el sobre. Contenía seis billetes a Grecia. Miré a papá. ¿Seis?
-Uno para cada uno de nosotros y el que sobra… Eso lo dejo a tu elección.- dijo papá guiñándome un ojo. No necesité más de cinco segundos para darme cuenta. O mis hermanas habían roto el pacto McGraw o papá nos había oído. El piloto personal nos empezó a meter prisa y me vi obligada a meterme rápidamente en el avión. Una vez sentada saqué mi móvil para apagarlo. Noté que tenía un mensaje y lo abrí para leerlo.

Liam: Feliz cumpleaños pequeña. Solo quedan diez horas hasta que volvamos a vernos. Te quiero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario