martes, 24 de septiembre de 2013

Capítulo 14: I’m alright.

Bajamos a bajar el volumen de los altavoces entre risas. Era un maldito viernes por la mañana, y nuestro barrio no era precisamente universitario. A la gente no le hacía especial ilusión que diésemos fiestas de vez en cuando, pero hacer una antes de un fin de semana era abusar de su educación. Llegué a la mesa de mezclas y bajé bruscamente el volumen. La música seguía alta, pero al menos ahora los que fuesen en los aviones no tararearían con nosotros. Zayn me dio un suave empujón y tropecé con mis propios pies. Que Niall pasase por detrás de mí en ese preciso instante había sido toda una suerte.
-Nadie, salvo DJ Malik toca la mesa de mezclas de DJ Malik, peque.- me dijo Zayn con una sonrisa. Le saqué la lengua y me incorporé. Pasé la mirada por la casa y me di cuenta de que Harry y Taylor no habían llegado. Qué raro. Aun viviendo solos solían venir todas las mañanas a pasar tiempo con nosotros. Era como si no se hubiesen ido. Pero esa mañana no estaban.
Narra Harry
Era evidente que habíamos olvidado cerrar las cortinas la noche anterior. El sol entraba a raudales en la habitación y yo fruncí el ceño. No me gustaba despertarme tan bruscamente. Pero curiosamente, Taylor seguía durmiendo como si la habitación estuviese sumida en la más absoluta oscuridad. Me senté y la observé dormir. Estaba preciosa. Bueno, era preciosa. La gente solía verla con los ojos ligeramente entornados, los labios de un rojo brillante, rociada con brillantina y fastuosos vestidos; pero en ese momento, creo que estaba más guapa que nunca. Su pelo estaba ligeramente enmarañado y se extendía alrededor de su cabeza como si fuese la aureola de un ángel.
Tenía una mano bajo la mejilla y otra mínimamente estirada dejando ver su brazo desnudo. Siempre dormía con esos pijamas que compraba en sus tardes de chicas en Women’ Secret y Vicoria’s Secret. Adoraba que fuese presumida incluso en la intimidad, incluso aunque normalmente un chico quisiese que su novia durmiese con sus camisetas. Ella lo hacía de vez en cuando, pero prefería dormir con sus propios pijamas. Acaricié su brazo suavemente y noté su estremecimiento. ¿Cómo podía excitarme tanto un simple estremecimiento?
Taylor abrió sus enormes y preciosos ojos azules y me miró mientras sonreía. Me incliné y le di un ligero beso. Ella se incorporó de golpe reaccionando a mi beso y enredó sus manos en mi pelo. Yo sonreí contra su boca y deslicé una mano en su espalda mientras la ponía debajo de mí sin dejar de besarla. Ella deslizó sus manos por mi abdomen y llegó hasta la V que formaban mis caderas. Gemí al sentir su contacto y mordisqueé su labio inferior. Ella soltó una risita ahogada por mi beso y siguió deslizando sus manos hasta mi espalda y comenzó a acariciarme. No sé muy bien hasta que punto habríamos llegado de haber seguido pero un timbrazo de móvil nos sobresaltó. Era el suyo. Puse los ojos en blanco y me aparté mientras ella cogía el móvil.
-¿Papá? Esto… ¡Hola! En casa, dónde iba a estar si no. No papá, ya te he dicho que estoy viviendo con Harry. Ya, ya sé que no es uno de tus favoritos, pero… Sí papá. Estoy bien. Estamos bien. Bueno, adiós. Te quiero.
Arqueé una ceja. Sabía que no le caía especialmente bien a Papá Swift, pero llevaba casi un año saliendo con su hija, en mi opinión, tendría que aceptarlo. Taylor posó una de sus manos en mi espalda y me empujó hacia ella. Me dio un corto beso y salió de la cama.
-Voy a darme una ducha.
Normalmente la habría seguido y me habría duchado con ella, pero sabía que a Taylor no le iban demasiado esas cosas. Me dejé caer en la cama y miré al techo exasperado. Oí que el grifo de la ducha se abría y la radio empezaba a sonar. Nuestra ducha siempre había hecho mucho ruido, así que tuve que gritar para hacerme oír por encima del agua.
-¿Taylor?
-¿Sí?- era evidente que estaba gritando.
-¿Te estás lavando el pelo?
-¿A qué viene eso?
-¿Te estás lavando el pelo sí o no?
-Sí, pero ¿por qué?
-No por nada. Simple curiosidad.- le grité mientras cogía los primeros vaqueros que vi. Me puse unas Converse sin calcetines y abrí el cajón de la ropa que solía usar cada vez que hacía cosas de éstas. Cogí una camiseta al azar y salí corriendo de casa. Me puse los cascos y subí la música. Si corría, solo tardaría dos minutos en llegar al Starbucks más cercano. Empecé a coger velocidad y estuve allí en menos de minuto y medio. Todo un récord.
Era bastante tarde y el Starbucks estaba realmente lleno. Por suerte, no había demasiada cola en el segundo mostrador. Me encaminé allí y pedí dos capuccinos con extra de nata maldiciéndome a mí mismo por no haber cogido una gorra al salir. Rezaba para que no hubiese demasiadas fans y pudiese llegar a casa antes de que Taylor saliese de la ducha.
Cuando iba saliendo noté que alguien me seguía. Por favor, que Taylor estuviese alisándose el pelo. Unas chicas me dieron unos golpecitos en la espalda y sonrieron. Accedí a sacarme algunas fotos con ellas y seguí caminando a casa. Abrí despacio y tanteé el terreno. La música seguía a todo volumen y Taylor no me estaba llamando como una posesa. Reí por lo bajo mientras subía las escaleras. Abrí la puerta del baño y me encontré a mi pequeña alisándose el pelo mientras tarareaba por lo bajo Use Somebody.
-No tienes por qué cantar en voz baja tienes una voz preciosa.
-¡AH! ¡Harry! Qué susto.
-¿Me estás llamando feo? Porque hay varios millones de chicas que dirían lo contrario.- dije mientras me echaba el pelo hacia atrás. Ella chaqueó la plancha en mi cara y yo me alejé riendo. Siguió alisándose el pelo y tarareando. Yo me senté en la cama y me dediqué a mirar Twitter. Di favoritos a un par de tweets de fans y revisé los trending topics. Nada sobre Tay o sobre mí. Suspiré aliviado. Por fin, una buena noticia en todo el día.
Narra Taylor
¿Eso que olía era café de Starbucks? Harry se había puesto unos vaqueros y una camiseta, y jamás llevaba camisetas en casa. O vaqueros. O cualquier prenda de ropa. ¡Había ido al Starbucks mientras me duchaba! Sonreí y seguí alisándome el pelo mientras trataba desesperadamente de sacarme las palabras de mi padre de la cabeza.
“¿Harry? ¿Ese que hizo que la gente te llamase zorra y buscona? Por Dios Taylor, parece que eres masoquista o algo por el estilo.”
Sí, mucha gente me despreciaba por el simple hecho de estar con él, pero ¿qué demonios? Tenía a la persona que quería a mi lado y eso era lo que importaba. Me daba lo mismo las críticas de la gente. Apagué la radio y desenchufé la plancha. Me eché el pelo hacia un lado y me dirigí a la habitación. Vasos. De. Starbucks. En. La. Mesilla. Cogí uno y di un largo sorbo. Ah, café. Empezaba a pensar que era un poco adicta, pero no me importaba. Dejé el vaso en la mesa y sonreí maliciosamente a Harry. Bloqueé su teléfono y lo dejé cuidadosamente en la cama. Posé mis labios sobre los suyos y el abrazó mis caderas. Le empujé hasta quedar ambos tumbados sin romper el beso. Empecé a levantar su camiseta y deslicé mi mano por su abdomen.
-Estamos en casa Harry. Tú nunca llevas camiseta en casa.- le dije con una risita. Él sonrió contra mi boca y entrelazó sus manos en mi nuca. Me acercó aún más a él mientras su lengua exploraba mi boca, aunque se la conocía como si fuese la palma de su mano. Sus manos descendieron suavemente a las asillas de mi camiseta y fueron bajándola lentamente dejando al descubierto mi sujetador rojo fuego. Sabía que era uno de sus favoritos y además era extremadamente gracioso como lo habíamos comprado
-Tay, asúmelo, el rojo te persigue. Anda cómprate ese y vámonos ya que me estoy mareando.- Grace sonaba cansada. Y no era para menos, llevaba como quince minutos para elegir un sujetador y el olor de Victoria’s Secret ciertamente, mareaba.
-Es que no sé Grace, el azul es muy bonito.
-Bueno, pues llévate los dos.
-¿Te das cuenta de la cara de desesperado que pondría Harry si me ve llegar a casa con dos cajas de Victoria’s Secret? Vale, no debería ser tan mala, pero piénsalo.
-Llévate el rojo. Ya si eso venimos otro día y te compras el azul.
-Te voy a hacer caso solo porque yo también estoy un poco mareada.
Gracias al cielo que le hice caso a Grace. Estaba tan ensimismada en el recuerdo, o en el beso (no estaba muy segura) que ni siquiera me di cuenta de que Harry esta encima de mi mientras se desabrochaba con una mano el botón de sus pantalones. Alcé mi mano y le ayudé a hacerlo dejando que cayesen al suelo. El sacudió sus pies para liberarse de ellos y subió a la cama totalmente. Podía notar el calor de la habitación subir unos cien grados por segundo e incluso la ropa interior me incomodaba. Harry deslizó una mano bajo mi espalda y buscó a tientas el cierre. Estaba a punto de encontrarlo cuando sonó el teléfono. Esta vez era el teléfono fijo así que tuvimos que parar. Quizás era algo importante. Refunfuñando, alargué un brazo y cogí el teléfono sin ni siquiera mirar el número.
-¿Diga?
-Dejaos de guarradas y venid a casa de una vez que tenéis que ver el estropicio que ha hecho Niall.- la voz de Louis me llegó a gritos y tuve que separar el teléfono de mi oreja. Miré a Harry y vi que rodaba los ojos.
-Louis, ¿llamas al teléfono fijo, solo para decirnos que Niall se ha cargado algo?
-Es que si os llamo al móvil pasáis. Tenéis quince minutos o iré personalmente a traeros. ¿Queda claro? Bien. Un beso Tay.
Narra Grace
Oímos el coche de Taylor llegar y aparcar delante de casa. Salí a recibirlos y sonreí al verlos de la mano. Eran tan increíbles juntos. Se hacían felices el uno al otro, y no entendía por qué las fans de ambos tenían que insultarse. ¿Acaso no veían que sus ídolos estaban enamorados? ¿No podían simplemente aceptarlo? Ni siquiera les pedíamos que los felicitasen, simplemente que lo respetaran. No era tan difícil, supongo.
Taylor me abrazó en cuanto abrió la puerta y Harry me envolvió en sus brazos mientras me besaba la sien y susurraba su habitual “hola hermanita.” Obviamente no éramos hermanos, pero nos gustaba fingir que así era. Me soltó y se dirigió a la cocina donde Niall acababa de hornear sus deliciosos cupcakes de chocolate.
-Veamos si superas al panadero Styles.
-Tío, los acabo de sacar, estarán hirviendo.
-No importa, calentitos saben mejor, Nialler.- dijo arqueando las cejas. Las carcajadas de todos y cada uno de los que estábamos en la casa empezaron a inundar el aire. Sólo cuando paré de reír me di cuenta de que Perrie no estaba. Fruncí el ceño y empecé a dar vueltas por el salón, el comedor y la cocina, hasta que la vi en lo alto de la escalera. Tenía una cajita rosa en una mano y la boca abierta de par en par.
-¿Perrie? ¿Qué te pasa?

-He encontrado una caja de un test de embarazo sin abrir en el baño.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Capítulo 13: Die In Your Arms

Oímos el sonido de las llaves tintinear y nos levantamos de una sola vez corrimos a la puerta intentando esquivar los empujones de Niall. No nos importaba que fuesen las cuatro de la mañana, ni nos importaba habernos quedado despiertos esperando toda la noche. No nos importaba tener ensayos, sesiones de fotos, entrevistas o lo que fuese al día siguiente. Nada. No importaba absolutamente nada. Solo importaba que en pocos segundos se abriría esa puerta y parecería Nai por ella.
La puerta se abrió lentamente y la oímos hablar en susurros. Perrie ahogó una carcajada y abrió la puerta de un tirón. Nai se quedó mirando confusa durante un segundo pero su expresión cambió cuando vio a Niall. Saltó sobre él y los dos cayeron al suelo con un golpe sordo. Los demás nos empezamos a reír de la escena y casi no caímos en la cuenta de que Justin estaba en la puerta. Cuando pasó la euforia y nos percatamos, la casa se sumió en un silencio incómodo. La mirada de Niall iba de Nai a Justin y de Justin a Nai.
-Nai, te he traído a Inglaterra, no esperarás que encima te baje las maletas del coche.- adivinamos un cierto tono de irritación en su voz pero decidimos pasarlo por alto. Nai hizo amago de salir a por el equipaje pero Niall posó una mano en su estómago. Salió detrás de Justin y volvió un poco más tarde con un bolso de viaje. Miramos a Nai arqueando una ceja y ella sacudió la cabeza para restarle importancia. Poco a poco, fuimos subiendo a las habitaciones. Entré en la mía y me tiré en la cama. Ni siquiera me esforcé en retirar las mantas. Apoyé mi cabeza y cerré los ojos cuando noté que algo me acariciaba la espalda. Abrí los ojos y me giré sobre mí misma para ver a Liam sentado sonriéndome.
-Tengo sueño, Liam.
-Lo sé. Pero es que hoy tocaba dormir en mi cuarto.
Gruñí y me acurruqué en un lado de la cama. Miré el reloj. Las cinco de la mañana. Liam se tumbó al lado mío y me abrazó. Me di la vuelta y le di un beso. Él sonrió y enterró su cabeza en mi cuello para quedarse dormido. Le miré durante unos minutos y luego, me dormí yo también.
Me desperté con gritos desde el otro lado del pasillo. No tenía ni idea de qué hora era y tampoco tenía ganas de mirar el reloj. ¿Cuánto había dormido, cinco minutos? Me revolví con mi habitual mal humor vespertino y me acurruqué aún más entre los brazos de Liam. él se sacudió para acomodarse y pestañeó soñoliento mientras fruncía el ceño. Se oyó otro grito y un estrepitoso golpe al final del pasillo. Nos incorporamos de golpe mirándonos y salimos de la cama. Abrimos la puerta y descubrimos que no éramos los únicos que nos habíamos alertado por el ruido. Todas las puertas se estaban abriendo simultáneamente y los chicos salían de ellas. La puerta del final del pasillo se abrió y Niall asomó la cabeza mientras se reía a carcajadas. Estaba rojísimo y, por lo que alcancé a ver, sin camiseta. Alcé una ceja y él sacudió la cabeza como para quitarle importancia al asunto.
-A ver, relajaos, sólo le hemos dado un golpe a la cama. Venga, a dormir.
-Nialler, ya sé que el que Nai haya vuelto es impresionante y todo eso, todos estamos pletóricos, pero queremos dormir.- le dijo Louis.
-Los gritos son suyos no míos.-replicó Niall. Cerró la puerta y nosotros volvimos a la habitación. Se colaba algo de luz bajo las cortinas así que me acerqué y las retiré levemente. Estaba amaneciendo. Puse los ojos en blanco y noté los brazos de Liam abrazándome por la espalda. Sonreí levemente y apoyé mi cabeza en su pecho mientras cerraba los ojos. El me besó la sien y me mordió suavemente la oreja.
-¿Te das cuenta que es la primera vez que vemos amanecer?- me susurró en el oído. Abrí los ojos y me di la vuelta para posar mi boca sobre la suya. Él hundió las manos en el hueco de mi cuello y me acercó a él. Sin saber cómo ni cuándo nos tiramos en la cama y seguimos besándonos. El acariciaba mi espalda y yo deslizaba mi mano en su abdomen desnudo. Poco a poco la intensidad de nuestros besos fue disminuyendo hasta que finalmente nos quedamos dormidos.
Nos despertamos a alguna hora del día y bajamos a la cocina a prepararnos algo de desayunar. El piso de abajo estaba realmente frío y me estremecí. Se notaba que estaba acabando el verano. Liam preparó café y yo me dediqué a hacer tostadas. Perrie bajó restregándome los ojos y nos saludó mientras abría la nevera y cogía un brick de zumo de naranja y se servía un vaso. Desayunamos juntos y hablamos de todo hasta que oímos que llamaban al timbre. Liam cogió una de las sudaderas que había en la entrada y abrió la puerta.
-¡Tristan! ¿Qué tal?
-Bien, muy bien, gracias. Eh... ¿Noe está despierta?
Narra Noe
El bip de mi móvil me despertó. Normalmente solíamos reírnos de Grace por levantarse de mal humor, pero había ocasiones especiales en las que yo no me quedaba atrás. Miré el mensaje y me incorporé de pronto. Abrí los ojos como platos y leí el mensaje una y otra vez .
Tristan: Noe, estoy en Londres. Tenemos que hablar. Creo que no es del todo buena idea que sigas viviendo en casa con los chicos.
Oí el timbre y que alguien abría. Me puse la primera chaqueta que pillé, bajé la escalera como una exhalación, aparté a Liam y me planté delante de Tristan con el móvil en la mano. Él elevó las comisuras de sus labios a modo de saludo, pero no me importó. Estaba furiosa.
-¿QUÉ SE SUPONE QUE ES ESO DE QUE NO ES BUENA IDEA QUE VIVA AQUÍ?
-Bueno, relájate. No lo entiendes. Creo que no es del todo buena idea.
-¿Por qué?
-Oh no lo sé, ¿Ed, quizá?
-¿De verdad crees que te pondría los cuernos con Ed?
-Sé perfectamente que te atrae.
-¡Igual que a ti te atrae Mary y nunca te he dicho nada!
-No es lo mismo.
-¿Seguro? Dime, aquella vez que os liasteis, llevábamos ¿cuánto? ¿Cinco días?
-¡Estábamos borrachos!
-¡Eso no quita que me pusieses los cuernos! ¡Ni siquiera borracha te pondría los cuernos!
-Noe, no he venido aquí a discutir.
-No. Has venido a decirme ¿qué? ¿Que me vaya? ¿A dónde? Porque no puedo irme contigo, y si no vivo aquí viviré en Nashville, estaremos aún más lejos.
-No vas a dar tu brazo a torcer ¿verdad?
-Que bien me conoces.
-Pues entonces tendrás que elegir.
Mi mundo se desmoronó en un solo instante. ¿Elegir? No, no podía hacerme eso. Le quería. Pero no lo suficiente como para abandonar a mis amigos. Y, además, Tristan tenía razón. No podía dejar a Ed. Una vocecita en mi interior gritaba que a él también le quería y en el fondo sabía que tenía razón.
-Sabes perfectamente lo que voy a elegir.
-Lo sé. Así que supongo que esto es el final.
-Tris...
-No, Noe, no te odio. Te quiero muchísimo. Pero creo que ambos nos hemos dado cuenta de que esto no va a ninguna parte.
-Nos veremos pronto, espero.
-Te lo prometo.- Dio un paso adelante y yo le abracé. Las lágrimas no acudieron a mis ojos y yo sabía por qué. Habíamos arriesgado mucho saliendo juntos, pero era absolutamente perfecto que pudiésemos volver a ser amigos. Cuando subió a su coche y desapareció al final de la calle cerré la puerta y giré ligeramente. Pegué un brinco cuando vi a Ed detrás de mí. ¿Cuánto tiempo había estado hablando?
Ed intentó esbozar una sonrisa para consolarme y yo me acerqué a él lentamente. Alargué el brazo y tiré de él hacia mí y me abrazó. No pensaba hacer nada con él, pero en ese momento necesitaba un amigo y Ed siempre había estado allí cuando lo necesitaba.
Narra Ed
Lo había escuchado todo. Absolutamente todo. ¿Noe decía la verdad? ¿Se sentía atraída por mí? Desde que las palabras habían salido de su boca me había concentrado en que no se me notara la inmensa felicidad que me invadía. La abracé y le alborote el pelo para darle a entender que iba a estar allí para ella. Pasase lo que pasase. Cuando nos separamos ella subió a su habitación y yo me dirigí al salón a coger la guitarra. empecé a rasguear las cuerdas distraídamente mientras intentaba buscar una melodía en mi interior.
Narra Grace
Noe me hizo una señal mientras subía para que la siguiese y eso hice. Apreté la mano de Liam y subí detrás de ella. Entre en su habitación y nos sentamos en la cama como siempre habíamos hecho: con las piernas cruzadas.
-¿Crees que he hecho bien?
-¿Dejándolo con Tristan? Eso solo puedes saberlo tú.
-Es que, Tris tenía razón. Siento algo por Ed.
-Entonces, has hecho bien. Todos sabíamos que todo podía ir o bien o mal. Y no ha resultado. Pero ha acabado bien, cielo.
-Entonces, ¿he hecho bien?
-Yo diría que sí.
-Sólo espero que las cosas no cambien drásticamente.
-No lo harán. Creéme.

La abracé mientras por los altavoces de casa empezaba a sonar Die In Your Arms. DJ Malik estaba haciendo de las suyas. 

domingo, 15 de septiembre de 2013

Capítulo 12: Volverá

Noe y yo fuimos a la puerta y vimos a Nai y Niall frente a los padres de ella intentando articular palabra. En vano. Sus padres también estaban callados. Su madre  tenía una revista de prensa rosa americana en la mano y su padre tenía los puños apretados dentro del bolsillo. Se miraron nerviosamente y su madre comenzó a agitar la revista frente a la cara de su hija.
-La pregunta es ¿qué haces tú con este chico, Niall? ¿Y por qué tenemos que enterarnos por una revista?
-Esto no era lo que habíamos hablado jovencita. Creía que el tema de Justin te había servido de escarmiento.- dijo su padre.
-Papá, te he dicho millones de veces que no pasó nada con Justin. Lo dejé porque ya no sentía lo mismo. ¿Tan difícil es de entender?
-Me da igual lo que pasase o dejase de pasar. Nos vamos a Nashville. Tanto si te gusta como si no.- dijo su madre. Tajante. Nos acercamos a Niall y nos dimos cuenta de que estaba temblando. Le tomé del antebrazo y tiré de él a la cocina. Se sentó en una de las sillas y yo le ofrecí un vaso de agua. Estaba pálido. Cogí una servilleta y le limpié el sudor de la frente. Él había sido mi hermano mayor y había cuidado de mí durante todo un año. Ahora lo que necesitaba era una hermana. Me senté frente a él y observé cómo se bebía el agua poco a poco. Cuando terminó dejó el vaso en la mesa y cubrió su cara con las manos. Temblaba.
-Grace, te adoro, pero prefiero estar solo.- me dijo entre sollozos. Le dejé solo en la cocina y salí mientras Liam abría la puerta. Miró por encima de su hombro hacia la puerta y me dio un corto beso antes de entrar en la cocina. Yo me dirigí a la puerta e hice pasar a los padres de Nai al salón. Ed les había llevado té y Julia intentaba convencerles de que era una decisión demasiado precipitada. Nai seguía en la puerta, temblando. Pasé mi brazo por sus hombros y ella apoyó su cabeza en mi hombro. La llevé arriba y me senté con ella en la cama.
-Nai, estamos solas. Puedes llorar si lo necesitas.
-N-no p-puedo… N-no me sale.
-Pero cielo…
-¡Grace, no me imagino una vida sin Niall!- exclamó con lágrimas resbalando con su mejilla. Escondió su cara entre los cojines y empezó a sollozar. Yo me limité a acariciarle el pelo esperando a que se calmase. Oímos unos suaves golpes en la puerta y la madre de Nai entró a ver qué ocurría.
-Naiara, cariño, deberías hacer la maleta.
-Señora Kilroy, creo que debería dejarla que se tranquilice.
-Grace, baja con tus amigos. No entiendes nada de esto.
-No mamá. Eres tú la que no lo entiendes. Y si crees que voy a volver tan fácilmente vas lista.
-Ni se te ocurra volver a hablarme así. Y la que va lista eres tú. Eres menor de edad, a ver si te entra en la cabeza. No puedes hacer lo que te dé la gana, te guste o no.- Suzanne Kilroy salió por la puerta. Nai se sentó en la cama y se limpió las lágrimas con furia. Se levantó y cogió una maleta. Abrió el armario, sacó un par de cosas y empezó a meterlas en la maleta.
-¿De verdad vas a hacer la maleta? ¿Te vas a rendir tan fácilmente?
-No me queda de otra Grace. ¿Qué puedo hacer?- me pidió que la dejara sola y eso hice. Bajé al salón y encontré a todos intentando hacer entrar en razón a los padres de Nai. Sin embargo, sus intentos fueron en vano. Una vez se le metía algo en la cabeza a Robert y Suzanne Kilroy nada podía hacerles cambiar de opinión. No recuerdo una noche más triste que aquella. Ni siquiera Liam y yo dormimos juntos, debíamos mantener las apariencias con los señores Kilroy en casa.
A la mañana siguiente solo pudimos ir las chicas, Ed y Tom a despedir a Nai. Sus padres le prohibieron ver al resto hasta que, según sus palabras textuales, “aprenda a comportarse como una chica de su edad”. Nadie lloró. No nos quedaban lágrimas a ninguno. Nai nos abrazó uno por uno mientras se sorbía la nariz.
-Te traeremos de vuelta. Te lo prometo.- le susurré en el oído. Fue demasiado duro soltar su mano y dejarla ir. Volvimos al coche con las cabezas gachas e hicimos el viaje de vuelta en silencio. Niall se había pasado  toda la noche llorando y no había salido de su habitación en toda la mañana. La casa estaba bastante vacía sin Nai y con Niall encerrado en su habitación. Incluso el tiempo había cambiado. Los tres primeros días sin Nai transcurrieron grises y lluviosos. Tuvimos que llamar a Modest y decirles que Niall estaba enfermo. Así podíamos desviar la atención unos días, mientras él se recuperaba de la marcha de Nai.
Nos solíamos turnar para subirle comida y para estar un rato con él. Esta vez me tocaba a mí, de modo que cogí la bandeja y toqué la puerta suavemente. Niall me dejó pasar y yo dejé la bandeja en el escritorio. Él estaba sentado en la cama aún con el pijama y aún tenía los ojos rojos. Llevaba así dos días. Le acerqué a mí y le di un abrazo. Sabía que esta situación era extremadamente dura para él. En realidad lo era para todos, pero Niall y Nai tenían algo demasiado especial como para romperlo tan fácilmente.
-Grace, pásame la guitarra.
-¿Te dejo solo, cielo?
-No. Quédate.- le acerqué la guitarra y empezó a rasguear las cuerdas tranquilamente. La habitación estaba bastante oscura, pero no sentíamos la necesidad de tener luz. Cuando llegó  el cambio de turno, Liam abrió la puerta y entró con una bolsa de Nando’s. Fingí una sonrisa para saludarle y él me alborotó el pelo. Dejó la bolsa sobre la cama de Niall y éste nos pidió que nos fuésemos. Quería estar solo. Salimos de la habitación y sonó mi móvil. Papá.
-Hola chica sureña, ¿cómo estás?
-Pues mal, papá. La echamos muchísimo de menos.- hice señas a Liam para que me dejase sola.
-La he visto hoy. Tranquila, que sólo ha sido de pasada. Maggie y yo íbamos en el coche y paramos en el mismo semáforo.
-Papá, tengo que traerla de vuelta.
-Creo que eso no está a tu alcance mi amor.
-Pero se lo prometí.
-Volverá. Te lo aseguro. Hablaré con sus padres. Nai estará ahí en menos de lo que canta un gallo.
-Tienes que traerla de vuelta papá.
-Eso haré. Te lo prometo.
Colgué el teléfono y bajé al salón a comer algo. No me di cuenta hasta que miré por la ventana que era casi de noche. Tres días. Nai se había ido hacía tres días. Noe estaba en el sofá echa una bola y abrazada a un cojín. Me senté a su lado y le di unos golpecitos en la pierna. Ella sacudió la cabeza como si la hubiese despertado. Se sentó con las piernas cruzadas y alargó una mano hacia el mando para cambiar el canal de televisión.
-¿Ha llamado Nai?- me preguntó distraídamente. Iba a responderle pero sonó el teléfono.
-¿Señora Kilroy?
-Oh por favor, la señora Kilroy es mi madre, llámame Nai.
-¡NAI!
-Muy bien así me gusta.
-Oh, déjalo ya. ¿Cómo estás? ¿Te han castigado?
-Pues estoy para el arrastre. Y no me han castigado, pero dudo que me dejen volver a Inglaterra. Grace, esto es horrible. Dan sigue viviendo en frente. Y no puedo negarte que tengo miedo.
-Te prometí que te traería de vuelta, y eso voy a hacer.
-Llama a Maggie y Audrey y pídeles que vengan a verme.
-Creo que papá va a ir a hablar con tus padres. Te vamos a traer de vuelta cariño, ya lo verás.- le respondí con un hilo de voz. Que Dan siguiese viviendo enfrente de Nai no era algo por lo que echar voladores, pero todo iría bien. Confiaba en eso. Entonces, sucedió algo que nadie en casa esperaba. Niall estaba en la escalera. Bajando. Cogió la cartera, las llaves y la chaqueta.
-Nialler, ¿a dónde vas?- le preguntó Zayn.
-Es sábado. Noche de pedidos Horan.- nos respondió. No había expresión en su voz. Alzó las comisuras de los labios como intentando forzar una sonrisa y Zayn decidió ir con él. Que Niall fuese a hacer pedidos Horan como siempre había hecho nos alegró bastante, no sólo por cenar comida de Nandos , sino porque, aunque no había superado la marcha de Nai, podría hacer una vida casi normal.
Hacía casi dos semanas que Nai se había ido. Poco a poco nos habíamos ido acostumbrando a no verla todos los días aportando un poco de alegría a la casa. Niall hablaba con Nai a escondidas de los padres de ella cuando llamaba a casa. Se nos hacía bastante duro a todos pero intentábamos aguantar. Papá había intentado por todos los medios hacer entrar en razón a los padres de Nai, pero se estaba haciendo muy difícil. Esa noche estábamos todos sentados en el salón viendo Mentes Criminales cuando sonó el teléfono de Noe. Ella alargó el brazo, miró la pantalla y frunció el ceño cuando leyó el nombre.
-¿Qué demonios hace Justin llamando?
Me giré como movida por un resorte. Los recuerdos de la fatídica fiesta de Nashville aún estaban frescos en mi memoria. Y por supuesto, uno de ellos era el viaje en coche con Justin.
-¿Hola? ¡¿NAI?! Espera, espera, que pongo el altavoz. Vale, ya está. ¿Qué demonios haces llamando desde el móvil de Justin?

-Déjate de drama y escucha. Estoy en su avión, me he escapado de casa. Dan se ha colado esta noche por la ventana y ha intentado dios sabe qué conmigo. Me he puesto a chillar, mis padres han subido, se ha armado la de San Quintín y me han dicho que me mandarán a un internado o algo. Entonces les he gritado y mamá se ha puesto a llorar. Me ha dicho  que sólo faltan unos meses para que cumpla los dieciocho así que si tan desgraciada soy que me largue. Y eso he hecho. Y bueno, Justin ha accedido a traerme, no sé exactamente por qué pero no me importa el motivo. ¡Vuelvo a casa chicos! 

lunes, 9 de septiembre de 2013

Capítulo 11: Eres lo mejor que alguna vez fue mío.

Los gritos del público se me antojaban lejanos mientras Taylor y yo bailábamos. Todo era perfecto. Una vocecita en mi cabeza me decía que algo malo pasaría pero yo decidí no hacerle caso. Entonces, el estadio entero bajó el volumen. No nos dimos cuenta hasta que la voz de Liam inundó el recinto. Cuando miré estaba solo en el escenario.
-Esta canción no es de One Direction. Y tampoco la cantará One Direction. Quise incluirla esta noche en el setlist porque se la quiero dedicar a una persona muy especial para mí. Y, honestamente me da igual lo que me puedan decir, o lo que le podáis decir. Porque ella es demasiado importante y me hace feliz. Así que esta canción va por ella.- entonces, empezó a sonar Mine y solo entonces me di cuenta. “Moriría si se me declarasen con Mine.” ¿Acaso estaba haciendo eso? ¿Delante de todo un estadio lleno de sus fans? No, era demasiado bonito para ser cierto.
De algún lugar aparecieron Harry, Louis, Niall y Zayn y me abrazaron mientras sonreían. ¿Era cierto? No, no podía serlo. Seguía paralizada mientras las chicas daban saltos a mi alrededor. ¿Qué demonios pasaba? El público estaba cantando a coro. Mi mente estaba a punto de saturarse. ¿Liam lo estaba haciendo de verdad? ¿De verdad? Miré a Niall y él sonrió. Me tapé la boca con la mano y ahogué un chillido. Volví a mirar al escenario y vi como gran parte del público agitaba las manos. ¿De verdad se estaban dando cuenta de lo que estaba pasando? La canción terminó y los chicos volvieron a salir a escena. El estadio se llenó de vítores y gritos.
-Está a punto de llorar si es lo que vas a preguntar.
-¡TE ODIO CON TODA MI ALMA! ¡CON TODA MI ALMA HARRY!-le grité. Él se volvió a mirarme y me dibujó un corazón con las manos mientras Zayn y Niall se revolcaban de la risa. Liam miró hacia mí y sonrió. Le imité y permanecimos así un par de segundos. Después él bajó la vista y pude ver en las pantallas gigantes que tenía los ojos brillantes. La multitud rugió.  Definitivamente, los chicos sabían cómo darle caña a un concierto. Siguieron cantando y disfrutando hasta que llegó el momento de terminar el concierto. Si el público no se había entregado lo suficiente hasta ese momento, sus últimas fuerzas fueron destinadas a What Makes You Beautiful. Los chicos salieron del escenario y se acercaron a donde estábamos. Liam se acercó a mí y trató de decir algo, pero no le dejé. Estampé mi boca contra la suya y noté como su piel y la mía se erizaban. Acaricié su brazo y él me atrajo hacia sí. Se separó de mi y apoyó su frente contra la mía. Sonreímos a la vez y él me abrazó.
-No me puedo creer lo que has hecho.
-No saben que eres tú.
-Eso no importa. No puedo creer lo que has hecho.
-Grace, no saben que eres tú.
-¿Y eso qué más da?
-Eres una chica insufriblemente perfecta ¿lo sabes, verdad?- dijo mientras me abrazaba. Le devolví el abrazo mientras recapacitaba. Era cierto nadie sabía que era yo. Entonces, ¿tendría que seguir ocultándome? Pero eso no importaba ahora. No quería pensar en eso y arruinar la tarde. Nos metimos en el coche y llegamos a casa. Entré en mi habitación y lancé mi bolso al pequeño sillón que había  al lado de la ventana. Miré el reloj. Las doce menos cuarto. Sonreí mientras me ponía una camiseta ancha de un viejo tour de papá para dormir. Me deshice la coleta y me desenredé el pelo. Alguien tocó en la puerta y abrí para dejarle pasar. Liam entró con unos pantalones de chándal y una mano a la espalda. Me rodeó la cintura y me acercó a él. Entrelacé mis manos en su cuello y le besé mientras le agarraba de la mano y me dirigí hacia la cama. Él se detuvo en seco y yo me giré para ver qué pasaba. Cuando le miré a los ojos vi a la persona que esa noche había admitido secretamente frente a miles de personas que me quería. Arqueé una ceja y me senté en la cama con las piernas cruzadas. Él avanzó y se puso de rodillas a los pies de mi cama. Alargó la mano y me acercó a su boca. Sacó la mano que tenía detrás de la espalda y me soltó. Respiró hondo y sonrió.
-Quiero darte un regalo de cumpleaños.
-Pero si son casi las doce.
-Me da igual.- respondió y abrió la cajita que llevaba en la mano. Una delicada pulsera de plata con una L también de plata colgando apareció entre terciopelo azul. Le miré a los ojos y él me cogió de la mano. Me puso la pulsera y dejó caer mi mano.
-Gracie Katherine McGraw, ¿quieres salir en serio conmigo?- abrí la boca de par en par. Lo había hecho. No podía creer lo que acaba de hacer. Intenté decir algo pero solo me salió un gemido ahogado. No podía decir nada. Liam frunció el ceño y bajó la mirada. Le acaricié la mejilla y levantó la vista.
-Grace dime algo.
-N-no… No puedo.
-¿Cómo que no puedes?
- Quiero decir… Sí. Sí, sí, sí y mil veces sí.
Le abracé y él subió a la cama conmigo. Empezamos a besarnos y mis manos acariciaron sus abdominales. Él puso su mano bajo mi espalda y tiró de mí hacia él. Me senté y me acurruqué a su lado. No podía creerlo. ¿De verdad estaba saliendo con Liam? Parecía demasiado alucinante para creerlo. Me acosté y él se estiró a mi lado. Adapté la forma de mi cuerpo al suyo y miré el reloj. Las doce y diez. Sonreí al darme cuenta de que Liam me lo había pedido en mi cumpleaños. Sería algo que recordaría siempre. Levanté la cabeza y vi que Liam se había dormido. Le di un beso con cuidado de no despertarlo y me pegué a él. Me quedé dormida en cuestión de minutos. A la mañana siguiente me desperté con el olor a café de Starbucks. Arrugué la nariz y sonreí sin abrir los ojos.
-Deja de hacerte la remolona y despierta. Que te conozco.- me dijo Liam. Abrí los ojos y me senté mientras él me ofrecía un vaso de cartón con café aún humeante. Frente a la cama había una mesa con el desayuno. Tostadas, bacon, huevos revueltos... Acepté el vaso de Starbucks y me lo llevé a los labios. Quemaba. Observé a Liam y me fijé en que llevaba la ropa de la noche anterior. Pero era imposible que hubiese conseguido ese desayuno sin salir de casa.
-¿Llevas toda la noche aquí?
-Toda.
-Mentiroso.
-Vale, bajé a hacer el desayuno.
-Liam, a mi no me engañas. Saliste, compraste el café y te pusiste los pantalones de anoche.
-Eres lista, maldita.- dijo mientras me quitaba el café y me besaba dulcemente. Le devolví el beso y me acerqué a los pies de la cama para desayunar. Pusimos el reproductor de música y Two lanes of freedom inundó la habitación. Comimos y bailamos por la habitación durante aproximadamente una hora y bajamos al salón. Eleanor y Julia estaban tumbadas en el sofá viendo Mentes Criminales. Lo habían grabado la noche anterior y ahora tenían cinco capítulos por ver. Nos acomodamos junto a ellas y vimos la serie hasta que sonó el móvil de Julia. A los dos toques colgaron y el mismo mensaje nos apareció a todos.
Número privado: Si sabéis lo que os conviene, salid al jardín
Todos nos miramos nerviosos. El resto de los chicos bajaron y nos preguntaron si lo habíamos recibido. En ese momento Harry y Taylor llegaron con sus móviles en la mano preguntando que qué pasaba. Todos cogimos algo con lo que defendernos (paraguas, repelente de mosquitos en spray, un palo de golf, etcétera) y salimos a la puerta. Liam abrió la puerta mientras levantaba el palo de golf y me ponía detrás de él. Pero en el jardín no había nadie. Bajamos nuestras armas improvisadas y miramos extrañados a nuestro alrededor. Entonces una guitarra empezó a sonar y una cabellera pelirroja apareció por una esquina.
-¡ED! ¡HAS VUELTO!-gritamos al unísono. Soltamos todo lo que teníamos en las manos y corrimos a abrazarlo. Había vuelto. No podíamos creerlo, estaba en casa. Llamamos a Nando’s y pedimos comida a domicilio. Estuvimos todo el día en el jardín oyendo las historias de la gira. Nos contó que en San Diego se había encontrado a una fan con su hermana pequeña llorando en la acera porque no habían conseguido entrar. Le dio tanta pena que las invitó a comer y al concierto del día siguiente. No nos parecía nada raro en Ed, ya que él siempre era muy atento. Cuando empezó a anochecer subimos a por unas sudaderas y bebimos chocolate caliente. Sin embargo, cuando llevábamos una media hora cenando sonó el timbre y Niall y Nai fueron a abrir. Fueron a abrir cogidos de las manos y oímos a Nai gritar cuando se abrió la puerta.

-¿MAMÁ? ¿PAPÁ? ¿Qué hacéis aquí?

martes, 3 de septiembre de 2013

Capítulo 10: I want you to rock me.

Llevaba casi diez horas durmiendo. Me desperté a tiempo para arreglarme un poco antes de bajarme del avión. Aterrizamos y encendí el móvil. No tenía ningún mensaje, pero esperaba no tener que llamar a los chicos para que me fuesen a buscar. Rodeé mi colgante con los dedos y bajé del avión. En la terminal me esperaban las doce personas que me hacían feliz en Inglaterra. Tenían una pancarta enorme en la que se leía “Bienvenida pequeña chica sureña. Feliz cumpleaños”. Me quedé paralizada en la puerta. Quería saborear ese momento. Y ver todas y cada una de sus caras.
Eleanor, Perrie, Taylor, Julia, Nai y Noe sonreían. Era evidente que los chicos se estaban controlando para saltar y alzarme en brazos. Pero, sin duda, la sonrisa más radiante de aquella sala en aquel momento era la de Liam. Ladeé un poco la cabeza evaluando la distancia entre todos ellos. Sí, podrían cogerme. Retrocedí un par de pasos y salté. Todas sus manos se alzaron para frenar mi caída y poco a poco empezamos a apretar creando un abrazo de grupo, de esos que yo tanto echaba de menos.
Entre todos cogieron mis maletas y mi bolso de mano. Zayn intentó cogerme el móvil, pero no le dejé. Ambos reímos mientras Louis empujaba a Liam a mi lado. Éste pasó un brazo por mis hombros y me dio un beso en la coronilla. Había cámaras y prensa en el aeropuerto. Nos metimos en el coche. Allí me besó. Fue un beso dulce con el que podías sentir las sonrisas de todos al verlo. Me acarició la mejilla y abrió poco a poco la boca. Sonreí mientras me separaba de él y le daba un beso en la mejilla.
-Yo también te he echado de menos mi pequeño BatLiam.- dije mientras le abrazaba. Apoyé mi cabeza en su hombro y me dejé llevar hasta que llegamos a casa. Cogí las maletas y subí a mi habitación seguida por las chicas. Deshicimos las maletas con el sonido de la lluvia de fondo. Fui sacándolo todo y dejando los regalos dentro del armario. Esa noche los chicos tenían concierto así que preferí esperar al día siguiente para dárselos. Entonces, se fue la luz.
Había dejado el móvil encima de la cama, pero estábamos sumidas en una oscuridad tan total que me daba miedo darme con el borde de la cama. Sentí una mano que se aferraba a mí y di un salto. Oí una risita a mi espalda y unos brazos me rodearon aprisionándome. Ahogué un grito y oí voces subiendo las escaleras. Poco a poco, las luces del pasillo se fueron encendiendo y en la puerta aparecieron Tom y Niall con una tarta enorme de chocolate cantando a coro con los demás el cumpleaños feliz. Miré a ver de quién eran los brazos que me tenían agarrada y empecé a reír cuando me di cuenta de que era Zayn. Pedí un deseo y soplé las velas. Perrie me dio un beso en la mejilla y me puso nata en la nariz. Empecé a reírme como una loca mientras huía de Louis y de su mano llena de tarta. Empecé a correr hacia el jardín y noté como la lluvia empezaba a empaparme. Pero esta vez yo llevaba ventaja.
 Cogí la manguera y abrí la primera llave. Esperé a que Louis saliera. Tanto él como el resto de los chicos llevaban trozos de tarta en las manos. Todas las chicas corrieron a mi lado y me dijeron brevemente que eso era de otra tarta. Sonreí y sacudí la cabeza. Apunté directamente al pecho de Louis y el gritó dando por empezada la batalla. Disparé mientras esquivaba trozos de tarta. Uno me dio de lleno en el brazo y castigué a Tom con un chorro a presión en la nariz. Él cayó sentado riendo mientras levantaba la mano indicando que le había “matado”. Poco a poco fueron cayendo todos. Hasta que solo quedamos Louis y yo. El tenía una bola de barro en la mano y yo seguía armada con la manguera. Aproveché el segundo en el que esbozó una sonrisa de suficiencia para cambiar el chorro a presión para larga distancia. Al estar solo a dos metros podía vencerle fácilmente. Bajé lentamente la manguera y apunté. El volvió a sonreír y apreté el botón. El chorro le dio directamente en el bajo vientre y se arqueó hacia delante. Cerré el agua y levanté el brazo. Había ganado. O eso pensaba.
Liam me agarró inmovilizándome y me echó un cubo de agua encima. Forcejeé y empecé a darle puñetazos en el abdomen. Él me puso la zancadilla y mi espalda dio contra el césped mojado. Liam cayó sobre mí y empezó a hacerme cosquillas. Reí y seguí dándole puñetazos hasta que él deslizó sus dedos bajo mi camiseta empapada enviando descargas eléctricas a todos y cada uno de los extremos de mi cuerpo. Di una pequeña sacudida y él se dio cuenta. Sonrió y volvió a hacerme cosquillas mientras ambos reíamos.
-Ríndete, McGraw. Te voy a ganar y lo sabes. Ríndete.
-Nunca, ni en un millón de años, Payne.- y me arqueé. El no esperaba ese movimiento y aproveché su instante de confusión. Podía oír los vítores de todos y a Louis instando a Liam para que ganase. Pero ya yo no estaba debajo de él. Giré sobre mí misma y me tumbé boca abajo en su espalda. Los vítores continuaron mientras Liam decía la tan deseada frase.
-Me rindo. Tú ganas Grace, tú ganas.- me levanté triunfal mientras las chicas agitaban sus brazos y chillaban. Liam me abrazó y yo enterré mi cara en su pecho. Estaba empapado. Estábamos empapados. Oímos un trueno y nos apresuramos a entrar. Las chicas habían dejado toallas en la puerta. Todos los cumpleaños pasaba igual, así que esa era una manía que habíamos cogido. Me abrigué con una toalla y vi como una camiseta negra caía a mi lado. El torso desnudo de Liam me abrazó cubriéndome con su toalla también. Me di la vuelta y me puse de puntillas para encontrar sus labios. Deslizó sus manos a mi cintura y me atrajo hacia él. Éramos conscientes de que los chicos pasaban por detrás pero no nos importaba. Seguimos besándonos hasta que empezamos a tiritar de frío. Nos habíamos dejado la puerta abierta. Se separó de mí con una sonrisa y cerró la puerta. Lo examiné de arriba abajo todavía sin poder creerme que estuviese de nuevo con él. Cuando se giró para volverse corrí a sus brazos y él me abrazó. Subimos las escaleras y yo me fui a mi habitación. Me metí allí y me puse ropa seca mientras me secaba el pelo con un secador. Cuando estuvo del todo seco me dirigí a la habitación de Noe. Toqué suavemente y ella me pidió que entrase. Me senté a su lado en la cama y la abracé. Sabía que estaba aún confusa por lo de Ed y pensaba ayudarla.
-¿Cómo estás?- le dije, tanteando el terreno.
-Bueno, bien, pero aún sigo dándole vueltas al tema de Ed si es eso lo que preguntas.- me dijo. Me contó que las cosas con Tristan iban bien, pero que ahora que sabía esto no estaba segura de si podría seguir viviendo en la misma casa. Tampoco podría irse con Tristan, ya que él vivía con su madre y ella no lo aprobaría, así que solo podía quedarse aquí o volver a Nashville. Y Nashville ya no era tan seguro como siempre. Seguimos hablando durante una hora y media o así hasta que vino Eleanor a recordarnos que era mi cumpleaños y que abajo había un par de regalos y una tarta esperando. Bajamos entre risas al salón y allí nos sentamos en el sofá. Empezamos a comer tarta y les conté todo lo que había pasado en Nashville omitiendo los pequeños detalles relacionados con Evan. Ellos me contaron todo lo que habían hecho esa semana, poniendo especial énfasis en recalcar la pesadez de Liam.
-Todo el santo día “¿ha llamado Grace?” “Echo de menos a Grace” “¿Cuándo vuelve Grace?”. De verdad, peque, no te vuelvas a ir así porque soy capaz de amordazarlo y encerrarlo en su habitación.- se burló Louis. Me reí con él mientras me acurrucaba un poco más al lado de Liam. Él se puso colorado y seguimos hablando. Esa noche los chicos tenían concierto, así que tuvimos que subir a recoger un par de cosas antes de salir. Yo me di una ducha rápida y me puse unos vaqueros con una blusa blanca. Me ondulé el pelo y me puse el colgante que me habían regalado mis padres. En aquel momento sonó mi móvil y el nombre de Ed iluminó la pantalla.
-Buenas pelirrojo.
-Hola peque, feliz cumpleaños. ¿Qué tal todo?
-Genial, hemos hecho la tradicional guerra de todos los cumples.
-¿Y quién ha ganado esta vez?
-Mi equipo.
-¡Anda! ¿En serio? ¡Felicidades!
-Gracias, gracias. ¿Y a ti cómo te va?
-Pues todo va genial, sabes que adoro estar de gira. Anoche tocamos en Los Ángeles, y Dios, Grace, fue increíble. Impresionante.
-Me alegro un montón por ti. ¿Cuándo vuelves? Te echamos muchísimo de menos.
-¿Todos?
-¡Claro que sí!
-¿Incluso Noe?
-Sabes que sí. Quizá no de esa manera, pero deberías saber que eres uno de sus mejores amigos.
-El problema es que yo no quiero ser sólo su amigo.
-Lo sé. Pero tienes que entender que está con Tristan, y por lo visto les va bien.
-Hace tiempo que lo he entendido, Grace. Y eso es lo que me duele.
-Lo siento mucho Ed.
-No es tu culpa. No te preocupes.
Taylor entró en mi habitación para avisarme de que debíamos bajar ya. Saludó a Ed y colgamos. Liam me agarró del brazo y tiró de mí para que me sentase con él en el coche. Fue un momento bastante cómico ya que casi me caigo encima de él y estuvimos riendo durante todo el camino. Cuando llegamos los chicos se fueron a afinar y nosotras aprovechamos para hacer alguna tontería en el fotomatón del backstage. Nos dirigimos a la mesa del catering y yo me quedé un poco atrás leyendo el mensaje que acababa de recibir.
Liam: Vente a mi camerino. Es importante.
Me inventé una excusa rápida y se la puse a las chicas antes de encaminarme al camerino. Que sería tan importante que quería verme a solas. Llegué y toqué la puerta. Entré y me encontré a Liam apoyado en la pared trasteando en el móvil. Me apoyé a su lado y le di un beso en la mejilla. Él como respuesta me rodeó con un brazo y me dio un beso en la coronilla.
-Espero que no estés twitteando que estás solo en un camerino conmigo.
-¡Claro que no! No soy tan estúpido.- dijo dejando el móvil en la mesilla. Me acercó hacia él y me besó. Yo entrelacé mis manos alrededor de su cuello y lo atraje hacia mí poniéndome de puntillas y estirando el cuello. Sabía que me arriesgaba a tener una contractura pero no me importaba. Nada exterior importaba cuando estaba con Liam. No importaban sus fans, no importaba lo que pensasen de nosotros. No importaba más que nosotros dos. Noté como sus manos bajaban lentamente por mi espalda para que segundos después me alzase y me colocase en su cadera. Esta vez, quien tenía que estirar el cuello era él. Me eché hacia atrás haciéndome un moño lo más rápido posible para volver a fundir mis labios contra los suyos. Sentí que él se giraba y andaba. Mi espalda golpeó el cuero del sofá y yo me arqueé para reducir el impacto. ¿O quizás me arqueaba de placer? No lo sé. Solté mis manos y las bajé al borde de su camisa. Tiré y él me dejó quitársela. Acaricié sus abdominales lentamente. Él se estremece y sonríe contra mi boca. Empieza a desabrochar los botones de mi camisa uno a uno. El contacto de mi piel desnuda con el aire me provoca un escalofrío, que es sustituido por una oleada de calor repentino. Él se separa de mi con violencia echándose hacia atrás con expresión culpable.
Narra Liam
Separarme de ella me cuesta, me cuesta más que nada en este mundo. Grace me mira extrañada, con esa cara tan graciosa y a la vez seductora. Nunca le he dicho nada pero me cuesta horrores resistirme cuando se muerde el labio y frunce el ceño. Sé que es perfectamente capaz de usarlo solo para fastidiarme. En ese momento dio un paso hacia mí y yo levanté la mano para indicarle que parase. Teníamos que parar en aquel momento o sería demasiado para los dos.
-¿Se puede saber qué demonios te pasa?
-Grace tenemos que parar. Ahora mismo.
-Pero, ¿por qué?
-Porque siempre pasa igual. Llegaremos al punto en el que tendremos que parar y yo te diré “solo tienes que avisarme” y tú dirás “es que sabes que no seré capaz de pedirte que pares.”- había avanzado mientras hablaba. La tenía justo delante. Alargó una mano y acarició mi brazo.
-¿Y si ahora no quiero ser capaz de pedirte que pares?- eso no me lo esperaba. Abrí la boca sorprendido y ella aprovechó para besarme. Rodeé su cintura y la atraje hacia mí. No estaba seguro de si ella estaba realmente preparada o si se iba a echar atrás en el último momento. Empezamos una especie de carrera y nuestros pantalones cayeron al suelo casi a la vez. Me quité los zapatos pisándolos por el talón y ella hizo lo mismo. Me separé de ella y me dirigí a uno de los cajones de la mesita.
-¿Pero y ahora qué haces?
-Sé que la idea de tener un pequeño Liam Payne es muy tentadora, lo es incluso para mí, pero Grace, acabas de cumplir diecisiete años.
-¿Un pequeño Liam Payne? ¿Y por qué no una pequeña Grace McGraw?- reí ante su ocurrencia. ¿Tener hijos con Grace? Sería un sueño, pero acababa de cumplir diecisiete años, y ambos sabíamos que necesitaba centrarse en vivir mientras aún le quedase juventud.
-Está bien. Podríamos tener un pequeño Tim Payne que sería la viva imagen de su padre y tendría los ojos de su madre.
Ella me miró con los ojos brillantes. Aquella era su fibra sensible. Rompí el plastiquito y desenrollé su contenido. Sonreí y ella arqueó una ceja. Tendría que ponérmelo yo. Y así lo hice. Volví a besarla, esta vez con furia. Ella soltó un gritito y caímos al suelo. Podía notar su cuerpo bajo el mío recorrido por pequeñas descargas eléctricas. Pero yo también quería divertirme un poco. Mi mano desciende con cuidado hasta el borde de sus braguitas y tiro de ellas. Con cuidado, le doy un pequeño adelanto de lo que va a venir luego. Ella abre mucho los ojos y deja escapar un gemido ahogado. Sonrío. Y la vuelvo a alzar en brazos. La golpeo con cuidado contra la pared.
-Esto es taaaaaaaaaan de 50 sombras de Grey.- me dice burlona. Me muerde el labio con fuerza y aprieta. Noto el sabor metálico de la sangre. Pero no siento dolor. Sólo excitación. Me separo unos centímetros y la observo. Tiene pequeñas gotitas de sangre en la barbilla. Las recojo con la lengua y vuelvo a besarla. Ella me devuelve el beso con una mezcla entre dulzura y furia. En ese momento podría haber un terremoto y nosotros no nos enteraríamos.
Narra Grace
Resbalamos hasta el suelo y allí nos quedamos sentados. Me acerca a él y me pone bajo su cuerpo. No me voy a echar atrás pero tampoco voy a negar que estoy nerviosa. El me mira y me besa dulcemente. Sonrío para darle a entender que todo va bien. Acaricio su espalda y él hace lo mismo con mi estómago. Cambia de postura y nuestras caderas quedan a la misma altura. Me erizo y jadeo. Mis nervios aumentan.
-Grace, ¿estás totalmente segura? No quiero hacerte daño.
-Hazlo. Estoy segura.
-No quiero hacerte daño
-Ambos sabemos que es probable que me duela. Hazlo.
-Tú limítate a decirme si te duele, por favor.- y entonces lo siento. Es imposible describirlo haciéndole justicia. Notó un pequeño pinchazo y se me escapa una lagrimita. Pero eso es todo. Algo cambia en mi interior. Cientos de imágenes empiezan a danzar por mi mente. Son todos recuerdos felices, recuerdos que admiraba con cariño.
-Va Grace dímelo. ¿Si se te declarasen con una canción cuál te gustaría que fuese?
-Liam no seas plasta.
-Te echo de mi habitación, lo prometo.
-Ambos sabemos que no puedes.
-Venga dímelo.
-No. Pesado. Buenas noches.
Le besé y me dispuse a dormir. En realidad iba a decírselo pero me encantaba jugar con él. Cuando sentí que podía estar a punto de dormir lo solté.
-¿Liam?
-¿Sí?
-Mine. Moriría si se me declarasen con Mine.
Sentí como salía de mí. Me sentía llena, feliz, completa. Abrí los ojos y me encontré con su sonrisa. Era la sonrisa más bonita del mundo. Y era mía. Sólo mía. Se sentó con las piernas cruzadas y me sentó encima de él. Empezó a juguetear con mi pelo y me besó dulcemente. Colocó sus manos en mi cintura y comenzó a hacer movimientos circulares con los pulgares. Era uno de los mejores masajes que me habían dado en la vida.
-¿He hecho mucho el ridículo?
-A ver, para ser tu primera vez no ha estado nada mal. Pero eso no quita que mejorarás con la práctica.
-Que cerdo eres.
-No creo que estés en posición de hablar. A ver, repite eso.
-Cerdo.
-Puede, pero yo te llevo ventaja.- y me giró bruscamente. Una corriente eléctrica me recorrió el cuerpo cuando entró de nuevo catapultándome al clímax. Grité de puro placer y el empezó a reír. Echó la cabeza hacia atrás y yo me vengué. Descargué mi cabeza sobre su clavícula y mordí a la vez que succionaba. El gimió y me echó hacia atrás, pero el mal estaba hecho. Un pequeño círculo rojo brillante decoraba su clavícula. Me miró con deseo y se acercó rápidamente. ¿A rematar quizás? Sonreí y su expresión se suavizó. Me dio un dulce beso y tiró el preservativo a la papelera. Su móvil empezó a sonar pero se resistía a cogerlo. Le di otro corto beso y me levanté. Lo cogí y miré la pantalla. Zayn. Alargué la mano y Liam cogió el móvil.
-Liam tío, ¿recuerdas ese pequeño dato de que tenemos un concierto en media hora? ¿Dónde demonios estás?
-Ya voy, ya voy. Relájate.
-Pues mete el turbo, que hay que calentar.
Me sonrió y me pasó la ropa yo hice lo mismo y nos vestimos en silencio. Cogí un cepillo y me peiné. Mi pelo estaba hecho un desastre, así que me lo recogí en una cola de caballo. Al menos ahora podría disimular un poco más. Liam me quitó el cepillo de las manos y se arregló un poco el pelo él también. Allí delante del espejo me abrazó por detrás y apoyó su cabeza en mi hombro. Ambos miramos al espejo y sonreímos. Nos veíamos tan bien juntos. Él me cogió de la mano y caminó hacia la puerta. Apagamos las luces y empezamos a andar por el pasillo. En silencio. Era feliz. Y sabía que él también. Llegamos a donde estaban todos esperando y paramos para darle emoción al momento. Ellos analizaron la situación y sacaron sus conclusiones lentamente. Llegábamos tarde. Solos. Cogidos de la mano. Sonrientes. Y del cuello de la camiseta de Liam sobresalía una pequeña mancha que estaba volviéndose morada. Louis fue el primero en darse cuenta. Abrió los ojos como platos y acto seguido lo hicieron los demás. Nosotros empezamos a reír y ellos nos dieron un abrazo. Los chicos salieron a dar el concierto y nosotras y Tom nos quedamos como siempre en un lateral bailando y disfrutando el concierto. Después de una hora de concierto llegó el momento de las preguntas de Twitter, pero esta vez cambiaron un poco. Hicieron que todo el recinto cantase el cumpleaños feliz para mí y comenzaron las preguntas. Respondieron unas cuantas y entonces alguien pidió un monólogo de Louis. Él sonrió con malicia y miró hacia donde estábamos.

-Bueno, yo me estoy planteando algo, y me gustaría saber vuestra opinión… ¿No pensáis que Liam está como muy alegre hoy?