Los gritos del público se me antojaban lejanos
mientras Taylor y yo bailábamos. Todo era perfecto. Una vocecita en mi cabeza
me decía que algo malo pasaría pero yo decidí no hacerle caso. Entonces, el
estadio entero bajó el volumen. No nos dimos cuenta hasta que la voz de Liam
inundó el recinto. Cuando miré estaba solo en el escenario.
-Esta canción no es de One Direction. Y tampoco
la cantará One Direction. Quise incluirla esta noche en el setlist porque se la
quiero dedicar a una persona muy especial para mí. Y, honestamente me da igual
lo que me puedan decir, o lo que le podáis decir. Porque ella es demasiado
importante y me hace feliz. Así que esta canción va por ella.- entonces, empezó
a sonar Mine y solo entonces me di cuenta. “Moriría si se me declarasen con
Mine.” ¿Acaso estaba haciendo eso? ¿Delante de todo un estadio lleno de sus
fans? No, era demasiado bonito para ser cierto.
De algún lugar aparecieron Harry, Louis, Niall y
Zayn y me abrazaron mientras sonreían. ¿Era cierto? No, no podía serlo. Seguía
paralizada mientras las chicas daban saltos a mi alrededor. ¿Qué demonios
pasaba? El público estaba cantando a coro. Mi mente estaba a punto de
saturarse. ¿Liam lo estaba haciendo de verdad? ¿De verdad? Miré a Niall y él
sonrió. Me tapé la boca con la mano y ahogué un chillido. Volví a mirar al
escenario y vi como gran parte del público agitaba las manos. ¿De verdad se
estaban dando cuenta de lo que estaba pasando? La canción terminó y los chicos
volvieron a salir a escena. El estadio se llenó de vítores y gritos.
-Está a punto de llorar si es lo que vas a
preguntar.
-¡TE ODIO CON TODA MI ALMA! ¡CON TODA MI ALMA
HARRY!-le grité. Él se volvió a mirarme y me dibujó un corazón con las manos
mientras Zayn y Niall se revolcaban de la risa. Liam miró hacia mí y sonrió. Le
imité y permanecimos así un par de segundos. Después él bajó la vista y pude
ver en las pantallas gigantes que tenía los ojos brillantes. La multitud
rugió. Definitivamente, los chicos
sabían cómo darle caña a un concierto. Siguieron cantando y disfrutando hasta
que llegó el momento de terminar el concierto. Si el público no se había
entregado lo suficiente hasta ese momento, sus últimas fuerzas fueron
destinadas a What Makes You Beautiful. Los chicos salieron del escenario y se
acercaron a donde estábamos. Liam se acercó a mí y trató de decir algo, pero no
le dejé. Estampé mi boca contra la suya y noté como su piel y la mía se
erizaban. Acaricié su brazo y él me atrajo hacia sí. Se separó de mi y apoyó su
frente contra la mía. Sonreímos a la vez y él me abrazó.
-No me puedo creer lo que has hecho.
-No saben que eres tú.
-Eso no importa. No puedo creer lo que has hecho.
-Grace, no saben que eres tú.
-¿Y eso qué más da?
-Eres una chica insufriblemente perfecta ¿lo
sabes, verdad?- dijo mientras me abrazaba. Le devolví el abrazo mientras
recapacitaba. Era cierto nadie sabía que era yo. Entonces, ¿tendría que seguir
ocultándome? Pero eso no importaba ahora. No quería pensar en eso y arruinar la
tarde. Nos metimos en el coche y llegamos a casa. Entré en mi habitación y
lancé mi bolso al pequeño sillón que había al lado de la ventana. Miré el reloj. Las doce
menos cuarto. Sonreí mientras me ponía una camiseta ancha de un viejo tour de
papá para dormir. Me deshice la coleta y me desenredé el pelo. Alguien tocó en
la puerta y abrí para dejarle pasar. Liam entró con unos pantalones de chándal
y una mano a la espalda. Me rodeó la cintura y me acercó a él. Entrelacé mis
manos en su cuello y le besé mientras le agarraba de la mano y me dirigí hacia
la cama. Él se detuvo en seco y yo me giré para ver qué pasaba. Cuando le miré
a los ojos vi a la persona que esa noche había admitido secretamente frente a
miles de personas que me quería. Arqueé una ceja y me senté en la cama con las
piernas cruzadas. Él avanzó y se puso de rodillas a los pies de mi cama. Alargó
la mano y me acercó a su boca. Sacó la mano que tenía detrás de la espalda y me
soltó. Respiró hondo y sonrió.
-Quiero darte un regalo de cumpleaños.
-Pero si son casi las doce.
-Me da igual.- respondió y abrió la cajita que
llevaba en la mano. Una delicada pulsera de plata con una L también de plata
colgando apareció entre terciopelo azul. Le miré a los ojos y él me cogió de la
mano. Me puso la pulsera y dejó caer mi mano.
-Gracie Katherine McGraw, ¿quieres salir en serio
conmigo?- abrí la boca de par en par. Lo había hecho. No podía creer lo que
acaba de hacer. Intenté decir algo pero solo me salió un gemido ahogado. No
podía decir nada. Liam frunció el ceño y bajó la mirada. Le acaricié la mejilla
y levantó la vista.
-Grace dime algo.
-N-no… No puedo.
-¿Cómo que no puedes?
- Quiero decir… Sí. Sí, sí, sí y mil veces sí.
Le abracé y él subió a la cama conmigo. Empezamos
a besarnos y mis manos acariciaron sus abdominales. Él puso su mano bajo mi
espalda y tiró de mí hacia él. Me senté y me acurruqué a su lado. No podía
creerlo. ¿De verdad estaba saliendo con Liam? Parecía demasiado alucinante para
creerlo. Me acosté y él se estiró a mi lado. Adapté la forma de mi cuerpo al
suyo y miré el reloj. Las doce y diez. Sonreí al darme cuenta de que Liam me lo
había pedido en mi cumpleaños. Sería algo que recordaría siempre. Levanté la
cabeza y vi que Liam se había dormido. Le di un beso con cuidado de no
despertarlo y me pegué a él. Me quedé dormida en cuestión de minutos. A la
mañana siguiente me desperté con el olor a café de Starbucks. Arrugué la nariz
y sonreí sin abrir los ojos.
-Deja de hacerte la remolona y despierta. Que te
conozco.- me dijo Liam. Abrí los ojos y me senté mientras él me ofrecía un vaso
de cartón con café aún humeante. Frente a la cama había una mesa con el
desayuno. Tostadas, bacon, huevos revueltos... Acepté el vaso de Starbucks y me
lo llevé a los labios. Quemaba. Observé a Liam y me fijé en que llevaba la ropa
de la noche anterior. Pero era imposible que hubiese conseguido ese desayuno
sin salir de casa.
-¿Llevas toda la noche aquí?
-Toda.
-Mentiroso.
-Vale, bajé a hacer el desayuno.
-Liam, a mi no me engañas. Saliste, compraste el
café y te pusiste los pantalones de anoche.
-Eres lista, maldita.- dijo mientras me quitaba
el café y me besaba dulcemente. Le devolví el beso y me acerqué a los pies de
la cama para desayunar. Pusimos el reproductor de música y Two lanes of freedom
inundó la habitación. Comimos y bailamos por la habitación durante
aproximadamente una hora y bajamos al salón. Eleanor y Julia estaban tumbadas
en el sofá viendo Mentes Criminales. Lo habían grabado la noche anterior y
ahora tenían cinco capítulos por ver. Nos acomodamos junto a ellas y vimos la
serie hasta que sonó el móvil de Julia. A los dos toques colgaron y el mismo mensaje
nos apareció a todos.
Número
privado: Si sabéis lo que os conviene, salid al jardín
Todos nos miramos nerviosos. El resto de los
chicos bajaron y nos preguntaron si lo habíamos recibido. En ese momento Harry
y Taylor llegaron con sus móviles en la mano preguntando que qué pasaba. Todos
cogimos algo con lo que defendernos (paraguas, repelente de mosquitos en spray,
un palo de golf, etcétera) y salimos a la puerta. Liam abrió la puerta mientras
levantaba el palo de golf y me ponía detrás de él. Pero en el jardín no había
nadie. Bajamos nuestras armas improvisadas y miramos extrañados a nuestro
alrededor. Entonces una guitarra empezó a sonar y una cabellera pelirroja
apareció por una esquina.
-¡ED! ¡HAS VUELTO!-gritamos al unísono. Soltamos todo
lo que teníamos en las manos y corrimos a abrazarlo. Había vuelto. No podíamos
creerlo, estaba en casa. Llamamos a Nando’s y pedimos comida a domicilio.
Estuvimos todo el día en el jardín oyendo las historias de la gira. Nos contó
que en San Diego se había encontrado a una fan con su hermana pequeña llorando
en la acera porque no habían conseguido entrar. Le dio tanta pena que las
invitó a comer y al concierto del día siguiente. No nos parecía nada raro en
Ed, ya que él siempre era muy atento. Cuando empezó a anochecer subimos a por
unas sudaderas y bebimos chocolate caliente. Sin embargo, cuando llevábamos una
media hora cenando sonó el timbre y Niall y Nai fueron a abrir. Fueron a abrir
cogidos de las manos y oímos a Nai gritar cuando se abrió la puerta.
-¿MAMÁ? ¿PAPÁ? ¿Qué hacéis aquí?
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