lunes, 9 de septiembre de 2013

Capítulo 11: Eres lo mejor que alguna vez fue mío.

Los gritos del público se me antojaban lejanos mientras Taylor y yo bailábamos. Todo era perfecto. Una vocecita en mi cabeza me decía que algo malo pasaría pero yo decidí no hacerle caso. Entonces, el estadio entero bajó el volumen. No nos dimos cuenta hasta que la voz de Liam inundó el recinto. Cuando miré estaba solo en el escenario.
-Esta canción no es de One Direction. Y tampoco la cantará One Direction. Quise incluirla esta noche en el setlist porque se la quiero dedicar a una persona muy especial para mí. Y, honestamente me da igual lo que me puedan decir, o lo que le podáis decir. Porque ella es demasiado importante y me hace feliz. Así que esta canción va por ella.- entonces, empezó a sonar Mine y solo entonces me di cuenta. “Moriría si se me declarasen con Mine.” ¿Acaso estaba haciendo eso? ¿Delante de todo un estadio lleno de sus fans? No, era demasiado bonito para ser cierto.
De algún lugar aparecieron Harry, Louis, Niall y Zayn y me abrazaron mientras sonreían. ¿Era cierto? No, no podía serlo. Seguía paralizada mientras las chicas daban saltos a mi alrededor. ¿Qué demonios pasaba? El público estaba cantando a coro. Mi mente estaba a punto de saturarse. ¿Liam lo estaba haciendo de verdad? ¿De verdad? Miré a Niall y él sonrió. Me tapé la boca con la mano y ahogué un chillido. Volví a mirar al escenario y vi como gran parte del público agitaba las manos. ¿De verdad se estaban dando cuenta de lo que estaba pasando? La canción terminó y los chicos volvieron a salir a escena. El estadio se llenó de vítores y gritos.
-Está a punto de llorar si es lo que vas a preguntar.
-¡TE ODIO CON TODA MI ALMA! ¡CON TODA MI ALMA HARRY!-le grité. Él se volvió a mirarme y me dibujó un corazón con las manos mientras Zayn y Niall se revolcaban de la risa. Liam miró hacia mí y sonrió. Le imité y permanecimos así un par de segundos. Después él bajó la vista y pude ver en las pantallas gigantes que tenía los ojos brillantes. La multitud rugió.  Definitivamente, los chicos sabían cómo darle caña a un concierto. Siguieron cantando y disfrutando hasta que llegó el momento de terminar el concierto. Si el público no se había entregado lo suficiente hasta ese momento, sus últimas fuerzas fueron destinadas a What Makes You Beautiful. Los chicos salieron del escenario y se acercaron a donde estábamos. Liam se acercó a mí y trató de decir algo, pero no le dejé. Estampé mi boca contra la suya y noté como su piel y la mía se erizaban. Acaricié su brazo y él me atrajo hacia sí. Se separó de mi y apoyó su frente contra la mía. Sonreímos a la vez y él me abrazó.
-No me puedo creer lo que has hecho.
-No saben que eres tú.
-Eso no importa. No puedo creer lo que has hecho.
-Grace, no saben que eres tú.
-¿Y eso qué más da?
-Eres una chica insufriblemente perfecta ¿lo sabes, verdad?- dijo mientras me abrazaba. Le devolví el abrazo mientras recapacitaba. Era cierto nadie sabía que era yo. Entonces, ¿tendría que seguir ocultándome? Pero eso no importaba ahora. No quería pensar en eso y arruinar la tarde. Nos metimos en el coche y llegamos a casa. Entré en mi habitación y lancé mi bolso al pequeño sillón que había  al lado de la ventana. Miré el reloj. Las doce menos cuarto. Sonreí mientras me ponía una camiseta ancha de un viejo tour de papá para dormir. Me deshice la coleta y me desenredé el pelo. Alguien tocó en la puerta y abrí para dejarle pasar. Liam entró con unos pantalones de chándal y una mano a la espalda. Me rodeó la cintura y me acercó a él. Entrelacé mis manos en su cuello y le besé mientras le agarraba de la mano y me dirigí hacia la cama. Él se detuvo en seco y yo me giré para ver qué pasaba. Cuando le miré a los ojos vi a la persona que esa noche había admitido secretamente frente a miles de personas que me quería. Arqueé una ceja y me senté en la cama con las piernas cruzadas. Él avanzó y se puso de rodillas a los pies de mi cama. Alargó la mano y me acercó a su boca. Sacó la mano que tenía detrás de la espalda y me soltó. Respiró hondo y sonrió.
-Quiero darte un regalo de cumpleaños.
-Pero si son casi las doce.
-Me da igual.- respondió y abrió la cajita que llevaba en la mano. Una delicada pulsera de plata con una L también de plata colgando apareció entre terciopelo azul. Le miré a los ojos y él me cogió de la mano. Me puso la pulsera y dejó caer mi mano.
-Gracie Katherine McGraw, ¿quieres salir en serio conmigo?- abrí la boca de par en par. Lo había hecho. No podía creer lo que acaba de hacer. Intenté decir algo pero solo me salió un gemido ahogado. No podía decir nada. Liam frunció el ceño y bajó la mirada. Le acaricié la mejilla y levantó la vista.
-Grace dime algo.
-N-no… No puedo.
-¿Cómo que no puedes?
- Quiero decir… Sí. Sí, sí, sí y mil veces sí.
Le abracé y él subió a la cama conmigo. Empezamos a besarnos y mis manos acariciaron sus abdominales. Él puso su mano bajo mi espalda y tiró de mí hacia él. Me senté y me acurruqué a su lado. No podía creerlo. ¿De verdad estaba saliendo con Liam? Parecía demasiado alucinante para creerlo. Me acosté y él se estiró a mi lado. Adapté la forma de mi cuerpo al suyo y miré el reloj. Las doce y diez. Sonreí al darme cuenta de que Liam me lo había pedido en mi cumpleaños. Sería algo que recordaría siempre. Levanté la cabeza y vi que Liam se había dormido. Le di un beso con cuidado de no despertarlo y me pegué a él. Me quedé dormida en cuestión de minutos. A la mañana siguiente me desperté con el olor a café de Starbucks. Arrugué la nariz y sonreí sin abrir los ojos.
-Deja de hacerte la remolona y despierta. Que te conozco.- me dijo Liam. Abrí los ojos y me senté mientras él me ofrecía un vaso de cartón con café aún humeante. Frente a la cama había una mesa con el desayuno. Tostadas, bacon, huevos revueltos... Acepté el vaso de Starbucks y me lo llevé a los labios. Quemaba. Observé a Liam y me fijé en que llevaba la ropa de la noche anterior. Pero era imposible que hubiese conseguido ese desayuno sin salir de casa.
-¿Llevas toda la noche aquí?
-Toda.
-Mentiroso.
-Vale, bajé a hacer el desayuno.
-Liam, a mi no me engañas. Saliste, compraste el café y te pusiste los pantalones de anoche.
-Eres lista, maldita.- dijo mientras me quitaba el café y me besaba dulcemente. Le devolví el beso y me acerqué a los pies de la cama para desayunar. Pusimos el reproductor de música y Two lanes of freedom inundó la habitación. Comimos y bailamos por la habitación durante aproximadamente una hora y bajamos al salón. Eleanor y Julia estaban tumbadas en el sofá viendo Mentes Criminales. Lo habían grabado la noche anterior y ahora tenían cinco capítulos por ver. Nos acomodamos junto a ellas y vimos la serie hasta que sonó el móvil de Julia. A los dos toques colgaron y el mismo mensaje nos apareció a todos.
Número privado: Si sabéis lo que os conviene, salid al jardín
Todos nos miramos nerviosos. El resto de los chicos bajaron y nos preguntaron si lo habíamos recibido. En ese momento Harry y Taylor llegaron con sus móviles en la mano preguntando que qué pasaba. Todos cogimos algo con lo que defendernos (paraguas, repelente de mosquitos en spray, un palo de golf, etcétera) y salimos a la puerta. Liam abrió la puerta mientras levantaba el palo de golf y me ponía detrás de él. Pero en el jardín no había nadie. Bajamos nuestras armas improvisadas y miramos extrañados a nuestro alrededor. Entonces una guitarra empezó a sonar y una cabellera pelirroja apareció por una esquina.
-¡ED! ¡HAS VUELTO!-gritamos al unísono. Soltamos todo lo que teníamos en las manos y corrimos a abrazarlo. Había vuelto. No podíamos creerlo, estaba en casa. Llamamos a Nando’s y pedimos comida a domicilio. Estuvimos todo el día en el jardín oyendo las historias de la gira. Nos contó que en San Diego se había encontrado a una fan con su hermana pequeña llorando en la acera porque no habían conseguido entrar. Le dio tanta pena que las invitó a comer y al concierto del día siguiente. No nos parecía nada raro en Ed, ya que él siempre era muy atento. Cuando empezó a anochecer subimos a por unas sudaderas y bebimos chocolate caliente. Sin embargo, cuando llevábamos una media hora cenando sonó el timbre y Niall y Nai fueron a abrir. Fueron a abrir cogidos de las manos y oímos a Nai gritar cuando se abrió la puerta.

-¿MAMÁ? ¿PAPÁ? ¿Qué hacéis aquí?

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