Bajamos a bajar el volumen de los altavoces entre risas. Era un maldito viernes por la mañana, y nuestro barrio no era
precisamente universitario. A la gente no le hacía especial ilusión que
diésemos fiestas de vez en cuando, pero hacer una antes de un fin de semana era
abusar de su educación. Llegué a la mesa de mezclas y bajé bruscamente el
volumen. La música seguía alta, pero al menos ahora los que fuesen en los
aviones no tararearían con nosotros. Zayn me dio un suave empujón y tropecé con
mis propios pies. Que Niall pasase por detrás de mí en ese preciso instante
había sido toda una suerte.
-Nadie, salvo DJ Malik toca la mesa de mezclas de
DJ Malik, peque.- me dijo Zayn con una sonrisa. Le saqué la lengua y me
incorporé. Pasé la mirada por la casa y me di cuenta de que Harry y Taylor no
habían llegado. Qué raro. Aun viviendo solos solían venir todas las mañanas a
pasar tiempo con nosotros. Era como si no se hubiesen ido. Pero esa mañana no
estaban.
Narra
Harry
Era evidente que habíamos olvidado cerrar las
cortinas la noche anterior. El sol entraba a raudales en la habitación y yo
fruncí el ceño. No me gustaba despertarme tan bruscamente. Pero curiosamente,
Taylor seguía durmiendo como si la habitación estuviese sumida en la más
absoluta oscuridad. Me senté y la observé dormir. Estaba preciosa. Bueno, era
preciosa. La gente solía verla con los ojos ligeramente entornados, los labios
de un rojo brillante, rociada con brillantina y fastuosos vestidos; pero en ese
momento, creo que estaba más guapa que nunca. Su pelo estaba ligeramente
enmarañado y se extendía alrededor de su cabeza como si fuese la aureola de un
ángel.
Tenía una mano bajo la mejilla y otra mínimamente
estirada dejando ver su brazo desnudo. Siempre dormía con esos pijamas que
compraba en sus tardes de chicas en Women’ Secret y Vicoria’s Secret. Adoraba
que fuese presumida incluso en la intimidad, incluso aunque normalmente un
chico quisiese que su novia durmiese con sus camisetas. Ella lo hacía de vez en
cuando, pero prefería dormir con sus propios pijamas. Acaricié su brazo
suavemente y noté su estremecimiento. ¿Cómo podía excitarme tanto un simple
estremecimiento?
Taylor abrió sus enormes y preciosos ojos azules
y me miró mientras sonreía. Me incliné y le di un ligero beso. Ella se
incorporó de golpe reaccionando a mi beso y enredó sus manos en mi pelo. Yo
sonreí contra su boca y deslicé una mano en su espalda mientras la ponía debajo
de mí sin dejar de besarla. Ella deslizó sus manos por mi abdomen y llegó hasta
la V que formaban mis caderas. Gemí al sentir su contacto y mordisqueé su labio
inferior. Ella soltó una risita ahogada por mi beso y siguió deslizando sus
manos hasta mi espalda y comenzó a acariciarme. No sé muy bien hasta que punto
habríamos llegado de haber seguido pero un timbrazo de móvil nos sobresaltó.
Era el suyo. Puse los ojos en blanco y me aparté mientras ella cogía el móvil.
-¿Papá? Esto… ¡Hola! En casa, dónde iba a estar
si no. No papá, ya te he dicho que estoy viviendo con Harry. Ya, ya sé que no
es uno de tus favoritos, pero… Sí papá. Estoy bien. Estamos bien. Bueno, adiós.
Te quiero.
Arqueé una ceja. Sabía que no le caía
especialmente bien a Papá Swift, pero llevaba casi un año saliendo con su hija,
en mi opinión, tendría que aceptarlo. Taylor posó una de sus manos en mi
espalda y me empujó hacia ella. Me dio un corto beso y salió de la cama.
-Voy a darme una ducha.
Normalmente la habría seguido y me habría duchado
con ella, pero sabía que a Taylor no le iban demasiado esas cosas. Me dejé caer
en la cama y miré al techo exasperado. Oí que el grifo de la ducha se abría y
la radio empezaba a sonar. Nuestra ducha siempre había hecho mucho ruido, así
que tuve que gritar para hacerme oír por encima del agua.
-¿Taylor?
-¿Sí?- era evidente que estaba gritando.
-¿Te estás lavando el pelo?
-¿A qué viene eso?
-¿Te estás lavando el pelo sí o no?
-Sí, pero ¿por qué?
-No por nada. Simple curiosidad.- le grité
mientras cogía los primeros vaqueros que vi. Me puse unas Converse sin calcetines
y abrí el cajón de la ropa que solía usar cada vez que hacía cosas de éstas.
Cogí una camiseta al azar y salí corriendo de casa. Me puse los cascos y subí
la música. Si corría, solo tardaría dos minutos en llegar al Starbucks más
cercano. Empecé a coger velocidad y estuve allí en menos de minuto y medio.
Todo un récord.
Era bastante tarde y el Starbucks estaba
realmente lleno. Por suerte, no había demasiada cola en el segundo mostrador.
Me encaminé allí y pedí dos capuccinos con extra de nata maldiciéndome a mí
mismo por no haber cogido una gorra al salir. Rezaba para que no hubiese
demasiadas fans y pudiese llegar a casa antes de que Taylor saliese de la
ducha.
Cuando iba saliendo noté que alguien me seguía.
Por favor, que Taylor estuviese alisándose el pelo. Unas chicas me dieron unos
golpecitos en la espalda y sonrieron. Accedí a sacarme algunas fotos con ellas
y seguí caminando a casa. Abrí despacio y tanteé el terreno. La música seguía a
todo volumen y Taylor no me estaba llamando como una posesa. Reí por lo bajo
mientras subía las escaleras. Abrí la puerta del baño y me encontré a mi
pequeña alisándose el pelo mientras tarareaba por lo bajo Use Somebody.
-No tienes por qué cantar en voz baja tienes una
voz preciosa.
-¡AH! ¡Harry! Qué susto.
-¿Me estás llamando feo? Porque hay varios
millones de chicas que dirían lo contrario.- dije mientras me echaba el pelo
hacia atrás. Ella chaqueó la plancha en mi cara y yo me alejé riendo. Siguió
alisándose el pelo y tarareando. Yo me senté en la cama y me dediqué a mirar
Twitter. Di favoritos a un par de tweets de fans y revisé los trending topics. Nada sobre Tay o sobre
mí. Suspiré aliviado. Por fin, una buena noticia en todo el día.
Narra
Taylor
¿Eso que olía era café de Starbucks? Harry se
había puesto unos vaqueros y una camiseta, y jamás llevaba camisetas en casa. O
vaqueros. O cualquier prenda de ropa. ¡Había ido al Starbucks mientras me
duchaba! Sonreí y seguí alisándome el pelo mientras trataba desesperadamente de
sacarme las palabras de mi padre de la cabeza.
“¿Harry?
¿Ese que hizo que la gente te llamase zorra y buscona? Por Dios Taylor, parece
que eres masoquista o algo por el estilo.”
Sí, mucha gente me despreciaba por el simple
hecho de estar con él, pero ¿qué demonios? Tenía a la persona que quería a mi
lado y eso era lo que importaba. Me daba lo mismo las críticas de la gente.
Apagué la radio y desenchufé la plancha. Me eché el pelo hacia un lado y me
dirigí a la habitación. Vasos. De. Starbucks. En. La. Mesilla. Cogí uno y di un
largo sorbo. Ah, café. Empezaba a pensar que era un poco adicta, pero no me
importaba. Dejé el vaso en la mesa y sonreí maliciosamente a Harry. Bloqueé su
teléfono y lo dejé cuidadosamente en la cama. Posé mis labios sobre los suyos y
el abrazó mis caderas. Le empujé hasta quedar ambos tumbados sin romper el
beso. Empecé a levantar su camiseta y deslicé mi mano por su abdomen.
-Estamos en casa Harry. Tú nunca llevas camiseta
en casa.- le dije con una risita. Él sonrió contra mi boca y entrelazó sus
manos en mi nuca. Me acercó aún más a él mientras su lengua exploraba mi boca,
aunque se la conocía como si fuese la palma de su mano. Sus manos descendieron
suavemente a las asillas de mi camiseta y fueron bajándola lentamente dejando
al descubierto mi sujetador rojo fuego. Sabía que era uno de sus favoritos y
además era extremadamente gracioso como lo habíamos comprado
-Tay,
asúmelo, el rojo te persigue. Anda cómprate ese y vámonos ya que me estoy
mareando.- Grace sonaba cansada. Y no era para menos, llevaba como quince
minutos para elegir un sujetador y el olor de Victoria’s Secret ciertamente,
mareaba.
-Es
que no sé Grace, el azul es muy bonito.
-Bueno,
pues llévate los dos.
-¿Te
das cuenta de la cara de desesperado que pondría Harry si me ve llegar a casa
con dos cajas de Victoria’s Secret? Vale, no debería ser tan mala, pero
piénsalo.
-Llévate
el rojo. Ya si eso venimos otro día y te compras el azul.
-Te
voy a hacer caso solo porque yo también estoy un poco mareada.
Gracias al cielo que le hice caso a Grace. Estaba
tan ensimismada en el recuerdo, o en el beso (no estaba muy segura) que ni
siquiera me di cuenta de que Harry esta encima de mi mientras se desabrochaba
con una mano el botón de sus pantalones. Alcé mi mano y le ayudé a hacerlo
dejando que cayesen al suelo. El sacudió sus pies para liberarse de ellos y
subió a la cama totalmente. Podía notar el calor de la habitación subir unos
cien grados por segundo e incluso la ropa interior me incomodaba. Harry deslizó
una mano bajo mi espalda y buscó a tientas el cierre. Estaba a punto de
encontrarlo cuando sonó el teléfono. Esta vez era el teléfono fijo así que
tuvimos que parar. Quizás era algo importante. Refunfuñando, alargué un brazo y
cogí el teléfono sin ni siquiera mirar el número.
-¿Diga?
-Dejaos de guarradas y venid a casa de una vez
que tenéis que ver el estropicio que ha hecho Niall.- la voz de Louis me llegó
a gritos y tuve que separar el teléfono de mi oreja. Miré a Harry y vi que
rodaba los ojos.
-Louis, ¿llamas al teléfono fijo, solo para
decirnos que Niall se ha cargado algo?
-Es que si os llamo al móvil pasáis. Tenéis
quince minutos o iré personalmente a traeros. ¿Queda claro? Bien. Un beso Tay.
Narra
Grace
Oímos el coche de Taylor llegar y aparcar delante
de casa. Salí a recibirlos y sonreí al verlos de la mano. Eran tan increíbles
juntos. Se hacían felices el uno al otro, y no entendía por qué las fans de
ambos tenían que insultarse. ¿Acaso no veían que sus ídolos estaban enamorados?
¿No podían simplemente aceptarlo? Ni siquiera les pedíamos que los felicitasen,
simplemente que lo respetaran. No era tan difícil, supongo.
Taylor me abrazó en cuanto abrió la puerta y
Harry me envolvió en sus brazos mientras me besaba la sien y susurraba su
habitual “hola hermanita.” Obviamente no éramos hermanos, pero nos gustaba fingir
que así era. Me soltó y se dirigió a la cocina donde Niall acababa de hornear
sus deliciosos cupcakes de chocolate.
-Veamos si superas al panadero Styles.
-Tío, los acabo de sacar, estarán hirviendo.
-No importa, calentitos saben mejor, Nialler.-
dijo arqueando las cejas. Las carcajadas de todos y cada uno de los que
estábamos en la casa empezaron a inundar el aire. Sólo cuando paré de reír me
di cuenta de que Perrie no estaba. Fruncí el ceño y empecé a dar vueltas por el
salón, el comedor y la cocina, hasta que la vi en lo alto de la escalera. Tenía
una cajita rosa en una mano y la boca abierta de par en par.
-¿Perrie? ¿Qué te pasa?
-He encontrado una caja de un test de embarazo
sin abrir en el baño.
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