jueves, 31 de octubre de 2013

Capítulo 19: Ni se te ocurra volver a intentarlo.

Estaba sola en casa. Harry, Louis, Liam, Niall, Ed y Zayn estaban grabando. Tom estaba entrenando. Taylor se había llevado a Julia, Noe y Nai a Liverpool unos días y Perrie había ido a visitar a Eleanor a Manchester. En resumen, estaba sola. Demasiado sola para soportarlo.
Me había levantado bastante tarde, con el lado de Liam de la cama frío. Bajé a la silenciosa cocina a desayunar y me encontré una nota en la nevera.
“Hola hermanita. Hola peque. Hola enana. Hola primogénita mía. Hola mi amor. Recuerda que volveremos a eso de las ocho esta noche. No te cargues la casa. En el descanso te llamaremos, lo prometemos. Te queremos Grace. Harry, Niall, Zayn, Louis y Liam.”
Sonreí. Sólo a Louis se le ocurriría llamarme “primogénita mía”. Puse la radio y me preparé el desayuno. Hablaban de One Direction, cómo no. Pero no era sobre su música o sus fans. Era sobre… ¿Sobre mí?
-Visto lo visto el reemplazo de Danielle Peazer por esta preciosa morena no ha sido bienvenido por al menos una gran parte de las directioners. Fuentes fiables nos han confirmado que se trata de Gracie Katherine McGraw, Grace para los amigos, la hija del famoso cantante de country Tim McGraw y Faith Hill. Twitter en su totalidad se ha puesto en pie y ha cogido sus armas para atacar o bien defender unas fotos de la pareja, que ellas mismas han denominado Griam, dando un romántico paseo por Hyde Park acompañados de los también famosos Taylor Swift y Harry Styles. En este momento las fans se dividen en pequeños grupos que apoyan a Grace y un gran grupo que la detesta. La pregunta que todos nos hacemos hoy es: ¿cómo se habrá tomado esta situación el suegro? ¿Le hará gracia que adolescentes deseen la muerte a su hija?
Abrí los ojos como platos y tiré la radio contra la pared. Mi puntería no ha sido nunca muy buena, así que lo que hice fue cargarme el cristal de la puerta del jardín. “Zayn me va a matar” pensé con fastidio. Opté por alejarme de la cocina y me senté en el sofá con el portátil mientras abría Twitter. ¿Qué era esto?
“¿Quién te crees para quitarnos a Liam?”
“Nunca serás Danielle”
“Tienes la fama de tu padre, deja a Liam tranquilo”
“¿Por qué no nos haces un favor a todas y te suicidas?”
“No mereces vivir”
“Si te pillo por la calle no sales viva, asquerosa zorra”
Podía sentir el cuello de mi camiseta empapándose pero no me importaba. ¿Cómo podían decir eso? ¿Tenían idea de todas las noches que Liam había pasado llorando en mi habitación por Danielle? ¿Todas esas veces que quería dejarlo todo y volver a su casa, con su familia? Todas las veces que llegaba destrozado a casa porque había discutido con Danielle. Todas esas veces… pero a ellas no les importaba. Antes de que pudiese darme cuenta, mis pies habían subido solos hasta el baño.
Me miré al espejo. Tenía un aspecto deplorable. Podía entender que no fuese suficiente para Liam Payne y sus fans. Pero, ¿lo era para Liam? Mis dedos se movían solos desmontando la cuchilla de afeitar. Zayn lo hacía constantemente como método de relajación y me había enseñado. Ya sabía hacerlo sin cortarme. Pero ese día era diferente. Ese día quería acabar con todo. Una vez estuvo desmontada volví mi muñeca y la apreté para hacerme ver las venas más superficiales. Un trece casi borrado sobre la piel las decoraba. Apoyé la cuchilla y la deslicé suavemente justo debajo del trece. Primero salió una fina línea de sangre para segundos después salir fluidamente. Dolía. Volví a la cocina y pillé la primera botella que vi. Vodka. Serviría. Quité la tapa con habilidad y bebí tantos tragos como fueron suficientes para que el dolor de la muñeca fuera un ligero cosquilleo. La sangre llevaba goteando un rato, pero no me importaba. Quería desaparecer, pero también que esas niñatas se sintiesen culpables.
Volví al sofá, di otro trago y volví a deslizar la cuchilla sobre la muñeca. Más sangre. Ésta empezaba a empapar lentamente el sofá. Volví a leer todos y cada uno de los tweets mientras hacía el tercer y último corte dejando caer la cuchilla. Tenía frío, pero seguí bebiendo. No tengo idea de en qué momento me quedé dormida. Pero sé que lo último que vi fue lo mismo que aquella vez en el incendio. A Liam.
Narra Liam
Grace no había contestado al teléfono en toda la mañana. Estaba realmente preocupado pero teníamos que trabajar. Al menos, el camino de vuelta a casa fue rápido.
-Liam, relájate. ¿Qué va a haber pasado? Se habrá dormido. Sabes lo vaga que es.- no hacía más que repetir Zayn.
Cuando llegamos a casa todo estaba oscuro y en silencio. Nos extrañamos pero entramos igualmente. Había manchas rojas de lo que parecía salsa de tomate en la escalera, y una luz espectral venía del salón.
-Niall tío, te he dicho que no pringues todo de ketchup, que luego no hay quien lo limpie.- dije con fastidio.
-¡Si yo no he sido!
-¿Y entonces? Bueno, no importa. ¡Hermanita! ¡Grace! ¿Dónde estás?- llamó Harry. No contestó nadie. Llamamos durante al menos dos minutos y nadie contestaba. La estúpida luz misteriosa venía del salón así que decidimos ir a ver qué pasaba. Grace estaba sentada recta en el sofá mirando el ordenador.
-Grace.- susurró Niall.
Ella se giró y todos ahogamos un grito. Su cara evidenciaba la mayor resaca de su vida. Estaba pálida como un cadáver y rastros de lágrimas que seguían cayendo la surcaban. Levantó una mano para apartarse el pelo de la cara y vimos su mano llena de sangre. Un chip se activó en todos nuestros cerebros y corrimos a por ella.
Mi clavícula chocó violentamente con su cadera y su cabeza cayó con fuerza sobre mi hombro mientras Grace lloraba. Estaba congelada. El olor del vodka derramado, el vómito y la sangre entraba a raudales a mi nariz. Después de unos segundos ella se volvió a erguir y a intentar apartarme. Miró fijamente al ordenador y buscó a tientas algo en el sofá. Todos miramos a nuestro alrededor intentando entender que pasaba. Zayn tenía una pequeña cuchilla en la mano y Harry había cogido la botella de vodka. Miramos hacia el ordenador y visualizamos lo que había estado leyendo. Solo entonces lo entendimos.
-APAGAD EL ORDENADOR IDIOTAS. LLEVAOS ESO DE AQUÍ. LIAM LLÉVALA ARRIBA- gritó Louis. Cogí a Grace mientras ella gemía y lloraba. Subí a la velocidad de la luz y la acosté en la cama mientras iba al baño a por unas vendas.
-¡Grace, hazme el favor de estarte quieta!
-¡Déjame! ¡Déjame acabar!
-¡¿Es coña?! ¡¿Por qué lo has hecho?! ¡¿En qué pensabas?!
-Pensaba en que si desaparecía tus fans volverían a estar bien contigo y con los chicos. Mis padres tendrían un problema menos…
-Ajá, y aparte de todas esas sandeces, ¿pensaste en mí?
-Te he dicho que sí.
-No, no como Liam Payne. Sino como Liam.
-Liam, yo…
-Lo sé cariño. Olvídalo. Pero ni se te ocurra volver a intentarlo.
-De acuerdo.
-Promételo.
-Te lo prometo.
Una vez se durmió bajé a ayudar a los chicos a limpiar la sangre, el vodka y el vómito. No podía creer lo que había hecho. Pero al fin y al cabo, era comprensible. Solo era una chica de diecisiete años a la que millones de personas deseaban la muerte.
-¿Cómo está?- preguntó Harry.
-Dormida.
-¿Ha sido por lo de Twitter?- inquirió Zayn.
-Sí.
-Pues no me da la gana. Es increíble tener fans, pero esta vez han ido demasiado lejos. Han hecho que mi niña casi se suicide.
-No eres su padre Louis.
-No el biológico. Liam, la quiero como si fuese mi hija.
-Y es mi hermanita, así que yo también soy tu hijo.
-Cállate Harry.
-¿Vamos a avisar a los demás?

-Elemental mi querido Horan. Pero eso mañana. Limpiemos que aquí apesta.- dijo Louis tajante. Le miré y sonreí. Teniéndoles a él y a Tim de suegros, sería feliz.

Capítulo 18: Tu fantasma.

La casa entera olía a calabaza. Bueno, más bien apestaba a calabaza quemada. Abrí los ojos y descubrí que Liam se había ido. Me desperecé y me dirigí a la cocina medio dormida. Según entré empecé a oír gritos de una voz conocida que hacía semanas que no escuchaba.
-LLEGO DE MANCHESTER Y QUEMÁIS LA CASA.
Me desperté del todo al oír la voz de Eleanor. ¿Había vuelto? Probablemente había querido darnos una sorpresa. Una pena que se encontrase con la casa llena de humo. La cocina apestaba aún más a calabaza quemada mientras Louis y Niall intentaban abrir las ventanas para expulsar el humo. Reí y me apresuré a abrazar a Eleanor.
-¡Has vuelto!
-Hola peque. Se suponía que era una sorpresa. Pero la sorpresa ha sido la casa llena de humo y peste a calabaza.- dijo mientras me devolvía el abrazo. Salimos de la cocina donde el resto de los chicos corrieron a brazar a Eleanor mientras arrugaban las narices por el olor. Louis entró al cabo de unos quince minutos con trozos de calabaza en el pelo y los ojos rojos por el humo.
-¡FELIZ HALLOWEEN! ¡EL HAS VUELTO!- dijo a pleno pulmón. Ella se limitó a reír y abrazarle mientras el ponía los trozos de calabaza en la cabeza de Eleanor. Ella se separó dándole un suave golpe en el hombro.
-Entonces, esta noche fiesta ¿me equivoco?
-Tú buscas cualquier excusa para hacer de DJ, ¿eh Zayn?
-Sí, ¿y qué?
-Que creía que íbamos a hacer algo más interesante. Es decir… es Halloween.
-¿Y qué sugieres?
-Yo propongo una competición.- intervino Julia.- Tenemos que pasar la noche en una de esas pequeñas iglesias abandonadas que hay a las afueras. El primer grupo que salga de ella pierde.
-Ya, y tú estarás deseando quedarte con Tom.- dijo Louis irónicamente. Julia le miró con desdén y le sacó la lengua mientras continuaba su explicación del “juego.”
-No idiota, chicos contra chicas.
Volví la cabeza con brusquedad hacia ella y arqueé una ceja. Julia sabía que odiaba ese tipo de cosas. Taylor cogió mi mano y me dio un apretón para darme a entender que ella estaría a mi lado. Sonreí débilmente y subí a mi habitación. Le había prometido a papá que lo llamaría. Después de cuatro timbrazos la voz que me cantaba canciones infantiles para dormir respondió desde el otro lado de la línea.
-¿Papá? Soy Grace.
-¡Grace! ¿Cómo está mi chica sureña?
-Muy bien, todo va de maravilla. ¿Cómo están las cosas por allá?
-Bueno, más o menos normales. Tu madre y yo seguimos en punto muerto en cuanto al divorcio y tus hermanas están igual que siempre. Aunque tenemos muchísimas ganas de verte.
-Pronto estaré por allí, te lo prometo. Y probablemente no vaya sola.
-¿Y eso? ¿Hay algo que no le hayas contado a tu padre?- dijo con voz de adolescente dolido.
-Papá, no hagas eso.
-Creía que éramos amigos.
-Eres mi padre.
-¿Y? ¿Vas a contármelo o no?
-¡Ah! Está bien. Es Liam. Iré con Liam.
-¿Liam? ¿Liam Payne?
-Sí.
-¿Tiene alma de poeta? ¿Tiene buen corazón? ¿Está enamorado de ti?
-¡Papá!
-Vale, lo siento, lo siento.
-¿Siempre tienes que citar tus canciones?
-Te encantan mis canciones.
-Me encantas tú, papá. Eres mi ídolo.
-Vas a hacer que me sonroje.
-Oh, demonios eres imposible.
-Bueno pequeña, lo siento, pero tengo que colgar. Estamos de pruebas de sonido. Y, ¿Grace?
-¿Sí?
-Liam es absolutamente perfecto para ti.- se oyó un clic, y se cortó la comunicación. Para ser sincera no había dicho nada en casa pero esperaba que Liam estuviese dispuesto a ir a Nashville. Dejé el teléfono en la cama y me di la vuelta hacia el armario para preparar la ropa de esa noche. Cuando me giré, vi a Liam apoyado en la puerta con una ceja alzada.
-¿Cuándo ibas a decírmelo?- dijo evidentemente enfadado.
-Cuando tuviese el pasaje.
-¿Y lo de irme contigo?
-¿Vamos a discutir por eso?
-No. Pero me parece perfecto que me incluyas en tus planes sin consultarme.
-Liam…
-¿Qué?
-Te lo iba a decir, en serio.
-No sé cuándo.
-Liam James Payne. Mi familia quiere que vayas a Nashville conmigo. ¿Lo harás o ni me molesto en buscar tu pasaje?- dije exasperada. Él avanzó hacia mí y me besó mientras jugueteaba con mi pelo. Susurró un “por supuesto que iré” en mi oído y sonrió contra mi boca. Sonreí a su vez y seguimos buscando las cosas para esa noche.
Una vez en la iglesia, y una vez convencimos al cura para que nos dejase quedarnos fuera, Louis sacó una vieja guija y un vaso de cristal. Jugamos durante al menos dos horas hasta que nos percatamos de que Tom había desaparecido. Dimos vueltas por toda la iglesia y sus alrededores sin encontrar nada. Cuando volvimos al improvisado campamento le encontramos cubierto de sangre y bocabajo. Julia soltó un grito y corrió a su lado. A partir de ese momento todo se volvió borroso. Llamamos a una ambulancia y allí los médicos dijeron que a Tom no le pasaba nada. Solo cuando oímos a Louis reírse nos dimos cuenta de que todo había sido una broma.
-LOUIS WILLIAM TOMMLINSON. NO HA TENIDO GRACIA.- le gritó Julia cuando los médicos se fueron.
-La gracia ha sido tu cara cuando le has visto. ¡Choca esos cinco Daley! Los chicos ganamos. Tenéis que limpiar la casa una semana.
Julia rugió y se alejó de ellos con su saco de dormir. Cuando por fin nos reunimos para dormir le preguntamos como estaba. Ella miró a todos lados, se estremeció y nos hizo señas para que nos acercásemos.
-Chicas, nunca pisaré una iglesia en mi vida. Pero lo de esta noche, clama venganza.

Todas estuvimos de acuerdo y nos dormimos pensando en una broma magistral que pudiese dejar a la de esta noche totalmente obsoleta.

Capítulo17: En medio del bosque.

Silencio. Frío. La nieve cubría hasta las copas de los árboles. Podía notar la llegada del invierno. La mano de Liam se deslizó en la mía y por unos segundos detesté la pequeña distancia entre nuestra piel que creaban nuestros guantes. Me abrazó y apoyé mi cabeza en su hombro. Era feliz.
-Sé que prefieres disfrutar la llegada del invierno tú sola. Pero no quiero que te congeles.- me susurró en el oído. Sonreí.
-Estoy bien Leeyum. Pero gracias.
-Te quiero, Grace.
-Y yo a ti, Leeyum.
Hizo amago de irse pero apreté su mano impidiéndole irse. Pude sentir su sonrisa a pensar de tener los ojos cerrados. Me abrazó un poco más fuerte y me hizo darme la vuelta. Su pulgar enguantado acarició mi mejilla y sus labios se posaron en los míos. Sonreí y me dispuse a devolverle el beso cuando una de las puertas de las caravanas se abrió dando un sonoro golpe contra la carrocería.
-¡NIEVE, TE HE ECHADO DE MENOS! Oh, perdonad chicos no sabía que estabais ahí.- dijo Noe irónicamente. Abrí los ojos y los puse en blanco. Liam se rio por lo bajo y pasó un brazo por mis hombros conduciéndome a la caravana. Esta noche nos tocaba cocinar a nosotros. Habíamos pensado en cocinar el plato favorito de Noe. Digamos que la salsa carbonara no era mi especialidad, pero solía ser yo quién se la echaba a los espaguetis. Liam no tenía pulso para eso. Y Noe no podía estar cerca mientras lo cocinábamos porque estaría probando durante todo el rato. Así que, ella tendría que cocinar cuando le tocase a la caravana de Eleanor, Louis y Ed. Sonreí ante la idea. En la intimidad Louis y Eleanor eran muy pastelosos, y Zayn y Perrie tampoco se quedaban atrás. Demasiado para mi gusto. Así que Ed y Noe tendrían que hablar ellos solos. Y bueno, sería bastante incómodo. ¿Cuándo se darían cuenta de lo geniales que eran juntos?
Deseché esos pensamientos de mi cerebro y me limité a abrir el grifo para llenar la olla de agua. Liam abrió el paquete de espaguetis y sacó de la nevera la nata y el bacon. Empezamos a hacer la salsa y los espaguetis en silencio hasta que no aguanté más. Dejé el bacon que estaba cortando y me acerqué a la minicadena. “¿Es que no hemos traído discos variados esta vez?” pensé con frustración. Cogí un disco al azar casi sin mirar el título y presioné el botón de play. ¿Mirrors? ¿Desde cuando teníamos un CD de Justin Timberlake en la caravana? Liam se dio la vuelta como movido por un resorte. Él estaba tan asombrado como yo. Me encogí de hombrosy seguí ayudando a Liam a cocinar.
Para cuando habíamos terminado la cena ya estaba oscureciendo y el bosque se hacía cada vez más tenebroso. Sonreí. Me gustaba el bosque cuando estaba así. Normalmente no era muy fan del campo, pero esto era diferente. Louis siempre decía que me gustaba el bosque nevado porque me recordaba a Crepúsculo. Yo siempre reía ante sus ocurrencias pero quizás había algo de verdad en la broma. Alcé la vista y vi que los chicos habían encendido una pequeña hoguera. Abrí la puerta con dificultad impidiendo que la cena se me cayera y dejé los espaguetis en la mesa que estaban poniendo Júlia y Nai. Un grito como de indio nos hizo mirar hacia Niall. Los demás y él habían empezado a dar vueltas alrededor de la hoguera mientras cantaban estupideces sin sentido. Creo que todas nos caímos al suelo riéndonos de las ideas de los “hombres de la casa.”
Cuando acabamos de cenar y apagamos la hoguera nos metimos en las caravanas. Liam me lanzó su camiseta y yo sonreí mientras me la pasaba por la cabeza. Busqué unas mallas en mi mochila y me puse las primeras negras que encontré.
-¿Vas a ponerte eso para dormir?- dijo Liam haciendo un puchero.
-Hace frío Leeyum.
-Pero estarías más cómoda solo con mi camiseta.
-Hay formas más directas de decir que quieres que coja una hipotermia, Payne.
-No vas a tener frío. Aquí tienes al radiador humano por excelencia.- dijo mientras abría los brazos. Reí y le abracé mientras él besaba mi mejilla.
-No lo digas muy alto que Harry se ofende.- le repondí. Él se limitó a besarme y a colocarme en sus caderas. Yo ahogué un grito de la sorpresa y le devolví el beso mientras sentía la pared golpear mi espalda. Las manos de Liam bajaron furiosamente al borde de las mallas y las bajaron rápidamente. Me separé de él y arqueé una ceja.
-Te dije que no las necesitabas.- dijo con voz ronca, mientras mordía mi clavívula.
-¿Liam?- respondí. Eso no era propio de él.
Liam simplemente volvió a besarme mientras trasteaba con sus pantalones de pijama. Mordió mi labio con fuerza y noté la sangre en la lengua. Una lagrimilla escapó de mis ojos cuando le acerqué más a mí. Oí como se rompía un plastiquito y en menos de lo que puedas decir “¿qué demonios?” le sentí con más fuerza que nunca. Grité y acto seguido me arrepentí de haberlo hecho. Noe. Liam sonrió contra mi boca y volvió a mí. No tengo ni idea de cuanto tiempo tardamos en caer rendidos con un golpe sordo. Solo sé que cuando lo hicimos él me abrazó y noté lágrimas en mi hombro. Agarré su pelo y tiré de él hacia atrás. Estaba llorando.
-¿Liam? ¿Qué pasa?- pregunté asustada.
-No quiero perderte.- dijo temblando. Mi estómago, mi corazón, todo mi cuerpo dio un vuelco.
-No vas a perderme.
-¿Me lo prometes?
-Te lo prometo por mi padre, mi madre y mis hermanas.
Le abracé y el tardó unos minutos en dejar de temblar definitivamente. Acaricié su cabeza y le hice levantarse mientras miraba mis mallas. Él siguió el recorrido de mi mirada y rió por lo bajo. Las cogió y empezó a darle vueltas en sus manos. Arqueé una ceja, pero el no me hizo caso. Me levanté y empecé a avanzar hasta él, pero levantó una mano indicándome que esperase. Gruñí y me crucé de brazos. Él sonrió y me devolvió las mallas.
-No tienen agujeros. Póntelas que salimos.
-¿Ahora? Liam, son las tres de la mañana.
-¿Y?
-Que habrá lobos.- dije sin mucha convicción. La verdad es que no me apetecía nada de nada salir a las tres de la mañana a un bosque a menos de diez grados.
- Grace, ya deberías saber que pase lo que pase siempre voy a protegerte. Con mi vida si es necesario.
Pasó un brazo por mis hombros y me dirigió a la puerta. Cogí una sudadera suya y él cogió su anorak. Nos pusimos las botas de agua sin calcetines y salimos. Liam entrelazó sus dedos con los míos y me dirigió entre los pinos cubiertos de nieve. Estaba empezando a nevar suavemente y yo no dejaba de mirar atrás. Caminamos durante al menos media hora hasta que Liam se detuvo en seco. Se puso a mi espalda y me tapó los ojos. Siguió avanzando con su mano aún en ellos durante al menos diez minutos más. Cuando paramos me dio la vuelta lentamente y con la mano aún en mis ojos susurró:
-¿Confías en mí?
-No confío en casi nadie. Pero debes saber que parte de esa poca confianza la he depositado en ti.
-Pues te prometo que voy a ganarme esa confianza todas las veces que sean necesarias.- dijo mientras apartaba su mano de mis ojos. Los abrí y sonreí. Estábamos en una pequeña colina donde podíamos ver el cielo estrellado en casi todo su esplendor. Le miré y él me rodeó y me atrajo hacia si.
-Te quiero.

-Te quiero.

Capítulo 16: Velocidad.

Narra Zayn
El saco de boxeo se balanceaba delante de mis narices mientras seguía aporreándole. Uno, dos, tres golpes seguidos casi sin pestañear. Recogí los brazos y respiré hondo. Volví a aporrear durante un buen rato el saco sin respirar casi. La música inundaba mis oídos y estaba seguro que los de los vecinos también. Sonreí. No deberían comprarse casas al lado de los gimnasios de los famosos. Era cierto que esa noche solo estábamos Perrie y yo, pero ¿Acaso importaba? Volví a golpear el saco y esta vez alterné con un par de patadas. La música bajó de volumen y eché la cabeza hacia atrás suspirando. Dejé caer los brazos con resignación y miré hacia la puerta. Perrie tenía el mando en la mano y había bajado la música. Sonreía.
-¿Has terminado? Quiero irme a casa.
-¿Qué hora es?
-Las nueve y media
-¡¿Ya es tan tarde?!
-Eh, que yo acabo de mirar el reloj. Anda date una ducha y nos pasamos por algún McDonald’s de camino.
Cogí mi bolsa y me dirigí a los vestuarios dándole un beso en la frente de paso. Abrí el grifo y dejé que el agua caliente me golpease en el pecho mientras alargaba la mano hacia el champú. La música volvió a subir de volumen y tarareé aunque no me sabía muy bien la letra. No me di cuenta de que estaba encharcando el baño hasta que oí unos chapoteos fuera. Alcé una ceja y grité para hacerme oír por encima de la música.
-¿Perrie?
-Sí, Zayn. ¿Quién si no? ¿Te falta mucho?
-Puedes entrar y comprobarlo.
-Lo haría, pero ya me he duchado y te conozco. Venga, que tengo hambre.
-Aquí dentro también hay comida.
-Eres muy romántico cariño.- la oí decir en tono sarcástico. Seguro que estaba arqueando las cejas.- pero esta noche prefiero hamburguesa antes que salchicha.
Eso había sido un golpe bajo. Y eso que ella practicaba esgrima con Grace y Julia, no boxeo. Cerré el grifo y me sequé lo más rápido posible. Apagué las luces del gimnasio y rodeé a Perrie con un brazo. Habíamos dejado el coche relativamente cerca así que habría que correr poco. Miramos alrededor y no vimos ningún papparazzi o ninguna fan loca esperando. Ella uso el cronómetro y contamos hasta tres. Cerramos las puertas con un golpe seco y paramos el cronómetro mientras yo arrancaba.
-¿Cuánto hemos hecho?- inquirí.
-Treinta segundos en línea recta. Nos hemos superado cielo.- dijo mientras la chocábamos. Era común vernos así. Incluso había veces en las que pasábamos días sin hablarnos por alguna estúpida competición. A veces Tom nos preguntaba que qué demonios estábamos pensando cuando hacíamos eso. Pero éramos así, competitivos. Las pitas de los coches que habían quedado en el atasco inundaban el aire y casi no oigo a Perrie llamándome.
-Zayn. Zayn. Zayn. ¡ZAYN! ¡QUE TE ESTOY HABLANDO!
-Perdona, perdona. ¿Qué pasa?
-Has hablado con tu tía.
-No.
-¿Ah no? ¿Y cómo piensas invitarla a la boda?
-Tengo cosas más importantes en mente.
-¿Qué nuestra boda?- su voz sonaba horrorizada. Sonreí con malicia y la miré a los ojos.
-Que la boda no, que mi tía.
-Oh, te odio.
-Pero te vas a casar conmigo.
-Todavía no he firmado nada.
-Perrie, no te enfades. Llamaré a mi tía mañana. Lo prometo.- la abracé como pude y volví a arrancar. El atasco había terminado por fin. Me desvié por un callejón y pase por un McAuto a comprar algo de cenar. Mientras pedía sentí una mano en mi muslo realizando suaves caricias haciéndome tener que aguantar las descargas eléctricas que recorrían mi cuerpo. Cogí el pedido y seguí conduciendo a casa mientras envolvía la mano de Perrie con la mía. entrelacé sus dedos con los míos y pude sentir como sonreía.
Narra Perrie
Era feliz. Había costado, pero al fin podía afirmarlo con total convicción. Era feliz. Iba a casarme con el hombre de mi vida, vivía, al menos por el momento, con algunos de mis mejores amigos. No importaba todo lo que dijesen de mí en las redes sociales. Yo era feliz. Y estaba dispuesta a restregárselo a quien fuese necesario. Zayn aparcó el coche en la puerta de casa y se apeó mientras yo cogía la comida y le seguía a nuestra habitación. El lanzó nuestros bolsos al suelo y yo dejé las bolsas en el tocador. Me puse el pijama y cogí una de las hamburguesas mientras Zayn ponía una película en el DVD. Insidious. Le miré alzando una ceja y él sonrió con malicia.
-Esto es mi venganza por lo del gimnasio.
-¡Oh vamos! Sabes que odio las películas de miedo.
-Lo siento mi amor.
-Aaah te odio Zayn Malik.
-¿Debo recordarte que vas a casarte conmigo, Perrie Edwards?
-Eres insufrible.- dije mientras le besaba. Él sonrió contra mi boca y aceptó mi beso mientras me sentaba a horcajadas sobre sus caderas.
-¿Cuándo vamos a decírselo a los chicos?- pregunté entre beso y beso.
-Cuando os oigan por detrás de la puerta.- dijo la voz seca de Julia.
-¿OS VAIS A CASAR Y NO ME HABÍAIS DICHO NADA?- gritó Noe.
-Bueno, bueno relajaos, que por no saberlo no lo sabe ni siquiera la tía de Zayn. Mi voz quedó ahogada por los chillidos de las locas de mis amigas. Empezaron a abrazarme mientras los chicos daban palmadas en la espalda de Zayn. Miré a todos lados mientras me quitaba pechos de la caray curiosamente, no vi a Grace por ningún lado.
-Bueno, relajémonos, que…- empezó Liam
-¡¡QUE HA NEVADO. SE HA ADELANTADO LA PRIMERA NEVADA DEL AÑO!!- gritó Grace mientras entraba pegando saltos.
-Que mañana por la mañana subiremos a Bodmin Moor.- terminó. Sabía que lo hacía por Grace, ella adoraba subir a la nieve. El año pasado habíamos hecho lo mismo, con la diferencia de que Danielle ocupaba el puesto que mañana ocuparía Grace en la caravana de Liam. Pasaríamos dos noches en medio del bosque en nuestras primeras vacaciones de invierno.
Una vez de fueron todos de la habitación apagamos la televisión y nos acurrucamos el uno junto al otro. Como siempre, Zayn dormía sin camiseta así que me dediqué a describir grandes círculos en su abdomen mientras él me acariciaba el pelo. Era casi imposible pensar que dentro de un tiempo estaríamos en una cama similar, con la diferencia de estar casados. Casi imposible de creer.
Zayn tiró suavemente de mi pelo y yo levanté la cabeza para ver qué pasaba. Apenas abrí la boca para preguntar sus labios se posaron en los míos. Sonreí y le devolví el beso entrelazando de cualquier manera mis manos alrededor de su cuello acercándolo más a mi cuerpo. Él rodeó mi cadera con una mano y levantó lentamente mi camiseta poniendo toda mi piel de gallina. Me estremecí y él lo notó. Soltó un gemido gutural y aumentó la intensidad del beso. Se movió rápidamente y quedó encima de mí sin romper en ningún momento el beso. La temperatura había aumentado en al menos doscientos grados y tanto mi camiseta como sus pantalones de pijama nos molestaban. Nos los arrancamos mutuamente y Zayn cayó con casi todo su peso sobre mí. La cama dio un golpe seco contra la pared y nos quedamos durante varios segundos en tensión. Oímos unos suaves golpes en la puerta y la cabeza de Tom apareció.
-Chicos, con una cama rota tenemos. Dormid, que mañana saldremos de madrugada.- dijo burlonamente.
-Tom, no seas corta rollos.
-No lo soy. Solo os digo que no pienso cambiar otra cama. Me voy que Julia se mosquea.
-Buenas noches sirenita Daley.
-Buenas noches Malik.
A la mañana siguiente nos despertó el agradable sonido de unas cacerolas. Louis, Harry y Grace. Solo podía ser idea suya. Nos preparamos como pudimos y bajamos con las mochilas a la cocina. Nos tomamos una taza de café y subimos a la caravana que compartiríamos con Louis, Eleanor y Ed.
Llegamos al claro de siempre y casi podíamos sentir a Grace abriendo los ojos como platos y con la ilusión de una niña de cinco años reflejada en su cara. Adoraba a esa niña. Aunque ya no era una niña. Poco a poco el sol se iba alzando y la nieve se iba tiñendo de diferentes colores. Gris, rojo, naranja, y finalmente blanco. Un blanco brillante solo roto por la silueta de Grace avanzando envuelta en un anorak y parándose en el centro del semicírculo que habíamos formado con las caravanas.

-¿Ves el amanecer? Piensa que ahora que los demás lo saben es el primero que vemos estando prometidos.- susurró Zayn en mi oído.

Capítulo 15: They don’t know about us.

No estaba segura de en qué momento había subido las escaleras, pero de cualquier manera estaba mirando la cajita que tenía Perrie en la mano tan sorprendida como ella. Empezamos a darle vueltas en las manos para ver si estaba realmente cerrada o solo era fruto del shock. Pero, hablando claro, ¿quién podría haber comprado un test de embarazo? Estaba claro que Taylor, ella y yo no, por razones obvias. Noe tampoco había podido ser, la caja debía llevar poco tiempo en el baño, y hacía menos de tres días que había roto con Tristan. Sólo nos quedaban Nai y Eleanor.
-Tío, es que vas a flipar ¡se han cargado la cama! Llevan todos estos días durmiendo en la antigua habitación de Taylor porque no tienen cama. Dios, es que ni siquiera hemos llamado para que la vieseis.- la voz de Louis y sus risas nos llegaron desde el final de la escalera y nos levantamos de sopetón. ¿Nos habíamos sentado? ¿Cuándo? Lou se calló de golpe cuando vio nuestras caras y alzó una ceja. Detrás de ellos venían Eleanor y los demás. Todas las risas de la casa se apagaron al momento cuando nos vieron. Debíamos de parecer realmente asustadas porque Zayn subió como una exhalación a ver qué pasaba. Perrie le depositó la caja en las manos y el abrió los ojos hasta que creímos que se le saltarían de las cuencas.
-¿D-de quién es la caja?- preguntó temblando.
-Mía.- nuestras cabezas giraron de golpe como si de la Niña del Exorcista se tratasen hacia Eleanor mientras nuestras bocas formaban una perfecta O. Se oyó un golpe sordo y un gemido de dolor. Louis había caído de rodillas.
-El… Eleanor, ¿por qué tienes un test de embarazo?
-Tranquilo Boo Bear, la caja está cerrada. Sólo la compré por si acaso.
-Por si acaso ¿qué?- inquirí. Me había picado la curiosidad.
-Pues no lo sé. Mi prima siempre decía que era buena idea tener uno de estos por casa, y la verdad no sé por qué lo compré. Debería haberlo escondido mejor.
-O directamente podrías haber dicho: Eh chicos, he comprado un test de embarazo. Para nada es ganar dinero a lo tonto, no quería que os asustaseis si os encontráis la cajita.- dijo Louis de mala gana. Todos lo miramos extrañados. No era propio de Louis hablar así y menos a Eleanor. Ella alzó una ceja y él se limitó a subir las escaleras y entrar en su habitación cerrando de un portazo. Poco a poco todos fuimos volviendo a nuestros planes matutinos. Eleanor entró en la habitación para hablar con Louis y yo me limité a vestirme para salir de compras con Júlia, Liam y Tom.
Narra Eleanor
Di unos golpes suaves en la puerta y posé mi mano en el picaporte esperando una respuesta. Al no recibirla decidí entrar de todas formas. Lou estaba sentado en su cama con la cabeza entre las manos. En cierto modo, me destrozaba verle así. Sabía que era por mi culpa, aunque realmente no hubiese hecho nada. Me senté a su lado y acaricié su espalda para hacerle saber que estaba allí. Él se alejó lentamente de mi mano y la gravedad hizo que esta se posase donde segundos antes había estado sentado Louis.
-Lou…
-No quiero oírlo.
-Pero…
-¿Por qué no me lo dijiste? ¿Teníamos que montar este espectáculo?
-Ya te dije abajo que fue un impulso.
-Aún así.
-Tommo. Escucha. Soy joven, pero si alguna vez quisiera plantearme el tener hijos puedo asegurarte que nada me haría más feliz que tú fueses su padre.- se me quebró la voz y sentí las lágrimas acudiendo a mis ojos. ¿De verdad había dicho eso? Louis levantó la mirada con los ojos más abiertos que nunca. Sonrió y posó su boca sobre la mía. Devolví su beso y acaricié su mejilla mientras él me empujaba hasta perder el equilibrio y caer sobre la cama. Poco a poco empezó a dar suaves besos en mi cuello descendiendo lentamente a mi clavícula. Puse mis manos en sus pectorales y le separé de mí con dulzura. El siguió dándome tiernos besos mientras se enderezaba con dificultad.
-Tommo. Tommo. ¡Tommo! Tranquilízate. Te he dicho que soy joven.
-No importa. Porque es lo más bonito que me has dicho desde que aceptaste estar conmigo.
Sonreí y entrelacé mis dedos con los suyos evitando mirarle a los ojos. Sabía que si lo hacía rompería a llorar  odiaba que Louis me viese llorar. Ya lo hacía bastante a menudo debido a lo que sus fans opinaban de mí y con eso bastaba y sobraba. Él puso su índice bajo mi barbilla y tiró de ella hacia arriba. Casi me ahogo en sus ojos y sentí el ya conocido calor de las lágrimas en los míos. También sentí sus brazos, tan familiares y tan moldeados a mi cuerpo a mi alrededor. Enterré mi cabeza en el hueco de su clavícula como tantas veces hacía y allí dejé que me consolase.
Narra Louis
Nos pasamos el resto del día encerrados en mi habitación haciendo cualquier cosa que se nos ocurriese. El estaba tan sensible que decidí complacerle cualquier capricho, incluso ver ocho capítulos seguidos de Sexo en Nueva York aunque no fuese muy fan de esa serie. Quería hacer que fuese feliz al menos por unos días más. Cuando casi nadie lo sabía, ella ya había contado los días que faltaban para la universidad. Menos de tres. Y no volvería a verla hasta noviembre. Era un tiempo extremadamente largo teniendo en cuenta el haber estado prácticamente todo el verano con ella. Iba a echarla de menos, y como siempre, fingiría que todo iba bien. Me costaba creer que llegasen tan pronto las noches de mensajes y Skype, de visitas furtivas y pasajeras. Había empezado septiembre.
Bajamos cuando tuvimos hambre a la cocina y allí cada uno preparó algo. Ella hizo tortitas y yo preparé nuestro té favorito. Probablemente solo comiésemos eso y fuésemos a dar una vuelta por ahí. Había oído que The Lion King estaba en un nuevo auditorio y quizás la llevaría a verlo.
-Te dije que no iba a estar enfadado mucho tiempo. Nos debes una cena, Payne.- la voz de Grace y Julia llegaba entre risas a la cocina y no me molesté en evitar reír con ellas.
-Lo siento señoritas, pero os vais a quedar sin cena, porque yo no había apostado nada.
-¿Vas a ser tan cruel como para dejarme sin cenar, Leeyum?- el tono de Grace era manipulador, tanto que Eleanor y yo nos asomamos a la puerta para ver como nuestra pequeña hacía un puchero y acariciaba el pelo del “responsable” del grupo.
-Si alguna vez tenemos una niña, quiero que sea exactamente igual que Grace.- me susurró Eleanor en el oído.
-De ninguna manera. Tiene que heredar mis ojos.
-De acuerdo, pues será una Grace con los ojos verdes.
-Y con el pelo de su madre.
-Y con el pelo de su madre.- cedió y le besé fugazmente mientras la empujaba de vuelta a la cocina. Cenamos y decidimos acercarnos a ver The Lion King. Después de ponernos lo primero decente que vimos pasamos por el salón a avisar a los chicos, quiénes alzaron las cejas burlonamente cuando admití que realmente no me había enfadado. ¿Cómo podían ser tan insufribles? La culpa la tenían Noe y Grace por habernos hecho leer a todos Cazadores de Sombras. Jace nos había influido demasiado.
Como siempre, nos encontramos a algunos papparazzi que debían de estar aburridos a esas horas de la noche y se limitaron a perseguirnos hasta el teatro. Sólo cuando dejamos de correr me di cuenta de que Eleanor tenía los ojos en blanco. Odiaba estas situaciones. Pero, como ella decía “son los gajes del oficio”. Disfrutamos el musical como niños y solo nos dimos cuenta del mundo real en el coche. El clic de los cinturones debió devolvernos a la realidad. Arranqué y di un rodeo por la zona antes de llegar a casa. Ella apoyó su cabeza en el cristal cuando normalmente lo hacía en mi hombro y en cierto modo, me hirió ese gesto.
-Estás intentando  prolongarlo, pero pasado mañana me iré y lo sabes. Alargarlo sólo lo hará todo más difícil.
-Pero no quiero que te vayas.
-Estaré aquí en menos de dos meses Boo Bear.
-Es demasiado tiempo.
-Es muy poco cariño. Se te pasará rapidísimo. Ya verás cómo antes de que te des cuenta estaré en casa de nuevo.
Los dos días siguientes son poco más que un recuerdo borroso. Estaba acostumbrado a esa sensación, el tiempo se dividía en hacer excursiones o salidas apuradas y hacer las maletas. La última noche había salido con las chicas a cenar y su tren salía a las nueve. No tendríamos ni siquiera una mañana para despedirnos. No recuerdo a qué hora llegó Eleanor a casa, las sombras de mi habitación se cernieron sobre mí antes de que pudiese darme cuenta, y me quedé dormido. La estación de trenes siempre me parecía un poco fría, sobre todo cuando estaba yo solo despidiéndome de Eleanor. Esos días normalmente no teníamos voluntad ni para hacernos una foto en el Andén 9 y ¾. No dejé de abrazarla hasta que oímos el tercer silbato. La besé con desesperación mientras los últimos rezagados subían al tren y me quedé agitando la mano en el aire hasta que su vagón quedó tan lejos que ni siquiera lo veía. Mi mano cayó bruscamente junto a mi costado y pude notar varios clics de cámaras detrás de mí. ¡Ni siquiera hoy iban a dejarme tranquilo! Mi móvil vibró en mi bolsillo y abrí el mensaje mientras me encaminaba hacia el coche.

Eleanor: Cuando menos lo esperes Boo Bear, lo prometo. Te quiero xx

Gracias ♥.

Bueno, hola peques. Sé que sois muy pocas, pero quería agradeceros que hayáis seguido hasta aquí desde verano. GRACIASGRACIASGRACIAS.
Bueno, por fin ha llegado el maratón, que sé que teníais ganas. Pero primero que nada quiero dedicarle el maratón a cuatro personas que son muy importantes para la novela, tanto directa como indirectamente.
Primero que nada, a Noelia (@AwayFrom1D) que es una chica increíble y me engancha a todas y cada una de las novelas que escribe. Es muy probable que sin ella GMFTP nunca hubiera sido "publicada". Te quiero guapísima.
Segundo, a Júlia (Julia Mardsen, la amiga de Grace) por haberme pasado State of Grace (su novela, no la canción, bitch please, esa la escuché yo en RED) y haberme animado a escribir y subir la novela. Muchísimas gracias cariño, todo esto es gracias a ti.
Y por último a Noe y Nai (em... creo que lo pilláis ¿no?) que desde el primer capítulo me llamaban de todo menos guapa por dejarlas con la intriga. Que sepáis que me encanta que lo hagáis chicas e.e grr 1010.
Y bueno, las demás... Gracias por haber leído. Ya sé que la mayoría no sale en la novela, pero no sabéis cuánto os agradezco que hayáis llegado hasta aquí. Paula, Dani, Patri(Lo), Tami, Maika... Gracias. Y Maika, deja de intentarlo, no voy a separar a Haylor.
Bueno, ya está el pasteleo, que vais a sufrir y tenía que daros una alegría. Disfrutad, y recordad que el último capítulo es IMPRESCINDIBLE leerlo escuchando Don't let me go de Harry. Llorad, pequeñas. Y gracias.
Pd.: Happy Halloween ;)
Irene