No estaba segura de en qué momento había subido
las escaleras, pero de cualquier manera estaba mirando la cajita que tenía
Perrie en la mano tan sorprendida como ella. Empezamos a darle vueltas en las
manos para ver si estaba realmente cerrada o solo era fruto del shock. Pero,
hablando claro, ¿quién podría haber comprado un test de embarazo? Estaba claro
que Taylor, ella y yo no, por razones obvias. Noe tampoco había podido ser, la
caja debía llevar poco tiempo en el baño, y hacía menos de tres días que había
roto con Tristan. Sólo nos quedaban Nai y Eleanor.
-Tío, es que vas a flipar ¡se han cargado la
cama! Llevan todos estos días durmiendo en la antigua habitación de Taylor
porque no tienen cama. Dios, es que ni siquiera hemos llamado para que la
vieseis.- la voz de Louis y sus risas nos llegaron desde el final de la
escalera y nos levantamos de sopetón. ¿Nos habíamos sentado? ¿Cuándo? Lou se
calló de golpe cuando vio nuestras caras y alzó una ceja. Detrás de ellos
venían Eleanor y los demás. Todas las risas de la casa se apagaron al momento
cuando nos vieron. Debíamos de parecer realmente asustadas porque Zayn subió
como una exhalación a ver qué pasaba. Perrie le depositó la caja en las manos y
el abrió los ojos hasta que creímos que se le saltarían de las cuencas.
-¿D-de quién es la caja?- preguntó temblando.
-Mía.- nuestras cabezas giraron de golpe como si
de la Niña del Exorcista se tratasen hacia Eleanor mientras nuestras bocas
formaban una perfecta O. Se oyó un golpe sordo y un gemido de dolor. Louis
había caído de rodillas.
-El… Eleanor, ¿por qué tienes un test de
embarazo?
-Tranquilo Boo Bear, la caja está cerrada. Sólo
la compré por si acaso.
-Por si acaso ¿qué?- inquirí. Me había picado la
curiosidad.
-Pues no lo sé. Mi prima siempre decía que era
buena idea tener uno de estos por casa, y la verdad no sé por qué lo compré.
Debería haberlo escondido mejor.
-O directamente podrías haber dicho: Eh chicos,
he comprado un test de embarazo. Para nada es ganar dinero a lo tonto, no
quería que os asustaseis si os encontráis la cajita.- dijo Louis de mala gana.
Todos lo miramos extrañados. No era propio de Louis hablar así y menos a Eleanor.
Ella alzó una ceja y él se limitó a subir las escaleras y entrar en su
habitación cerrando de un portazo. Poco a poco todos fuimos volviendo a
nuestros planes matutinos. Eleanor entró en la habitación para hablar con Louis
y yo me limité a vestirme para salir de compras con Júlia, Liam y Tom.
Narra
Eleanor
Di unos golpes suaves en la puerta y posé mi mano
en el picaporte esperando una respuesta. Al no recibirla decidí entrar de todas
formas. Lou estaba sentado en su cama con la cabeza entre las manos. En cierto
modo, me destrozaba verle así. Sabía que era por mi culpa, aunque realmente no
hubiese hecho nada. Me senté a su lado y acaricié su espalda para hacerle saber
que estaba allí. Él se alejó lentamente de mi mano y la gravedad hizo que esta
se posase donde segundos antes había estado sentado Louis.
-Lou…
-No quiero oírlo.
-Pero…
-¿Por qué no me lo dijiste? ¿Teníamos que montar
este espectáculo?
-Ya te dije abajo que fue un impulso.
-Aún así.
-Tommo. Escucha. Soy joven, pero si alguna vez quisiera
plantearme el tener hijos puedo asegurarte que nada me haría más feliz que tú
fueses su padre.- se me quebró la voz y sentí las lágrimas acudiendo a mis
ojos. ¿De verdad había dicho eso? Louis levantó la mirada con los ojos más
abiertos que nunca. Sonrió y posó su boca sobre la mía. Devolví su beso y
acaricié su mejilla mientras él me empujaba hasta perder el equilibrio y caer
sobre la cama. Poco a poco empezó a dar suaves besos en mi cuello descendiendo
lentamente a mi clavícula. Puse mis manos en sus pectorales y le separé de mí
con dulzura. El siguió dándome tiernos besos mientras se enderezaba con
dificultad.
-Tommo. Tommo. ¡Tommo! Tranquilízate. Te he dicho
que soy joven.
-No importa. Porque es lo más bonito que me has
dicho desde que aceptaste estar conmigo.
Sonreí y entrelacé mis dedos con los suyos
evitando mirarle a los ojos. Sabía que si lo hacía rompería a llorar odiaba que Louis me viese llorar. Ya lo hacía
bastante a menudo debido a lo que sus fans opinaban de mí y con eso bastaba y
sobraba. Él puso su índice bajo mi barbilla y tiró de ella hacia arriba. Casi
me ahogo en sus ojos y sentí el ya conocido calor de las lágrimas en los míos.
También sentí sus brazos, tan familiares y tan moldeados a mi cuerpo a mi
alrededor. Enterré mi cabeza en el hueco de su clavícula como tantas veces
hacía y allí dejé que me consolase.
Narra
Louis
Nos pasamos el resto del día encerrados en mi
habitación haciendo cualquier cosa que se nos ocurriese. El estaba tan sensible
que decidí complacerle cualquier capricho, incluso ver ocho capítulos seguidos
de Sexo en Nueva York aunque no fuese muy fan de esa serie. Quería hacer que
fuese feliz al menos por unos días más. Cuando casi nadie lo sabía, ella ya
había contado los días que faltaban para la universidad. Menos de tres. Y no
volvería a verla hasta noviembre. Era un tiempo extremadamente largo teniendo
en cuenta el haber estado prácticamente todo el verano con ella. Iba a echarla
de menos, y como siempre, fingiría que todo iba bien. Me costaba creer que
llegasen tan pronto las noches de mensajes y Skype, de visitas furtivas y
pasajeras. Había empezado septiembre.
Bajamos cuando tuvimos hambre a la cocina y allí
cada uno preparó algo. Ella hizo tortitas y yo preparé nuestro té favorito.
Probablemente solo comiésemos eso y fuésemos a dar una vuelta por ahí. Había
oído que The Lion King estaba en un nuevo auditorio y quizás la llevaría a
verlo.
-Te dije que no iba a estar enfadado mucho
tiempo. Nos debes una cena, Payne.- la voz de Grace y Julia llegaba entre risas
a la cocina y no me molesté en evitar reír con ellas.
-Lo siento señoritas, pero os vais a quedar sin
cena, porque yo no había apostado nada.
-¿Vas a ser tan cruel como para dejarme sin
cenar, Leeyum?- el tono de Grace era manipulador, tanto que Eleanor y yo nos
asomamos a la puerta para ver como nuestra pequeña hacía un puchero y
acariciaba el pelo del “responsable” del grupo.
-Si alguna vez tenemos una niña, quiero que sea
exactamente igual que Grace.- me susurró Eleanor en el oído.
-De ninguna manera. Tiene que heredar mis ojos.
-De acuerdo, pues será una Grace con los ojos
verdes.
-Y con el pelo de su madre.
-Y con el pelo de su madre.- cedió y le besé
fugazmente mientras la empujaba de vuelta a la cocina. Cenamos y decidimos
acercarnos a ver The Lion King. Después de ponernos lo primero decente que
vimos pasamos por el salón a avisar a los chicos, quiénes alzaron las cejas
burlonamente cuando admití que realmente no me había enfadado. ¿Cómo podían ser
tan insufribles? La culpa la tenían Noe y Grace por habernos hecho leer a todos
Cazadores de Sombras. Jace nos había influido demasiado.
Como siempre, nos encontramos a algunos
papparazzi que debían de estar aburridos a esas horas de la noche y se
limitaron a perseguirnos hasta el teatro. Sólo cuando dejamos de correr me di
cuenta de que Eleanor tenía los ojos en blanco. Odiaba estas situaciones. Pero,
como ella decía “son los gajes del oficio”. Disfrutamos el musical como niños y
solo nos dimos cuenta del mundo real en el coche. El clic de los cinturones
debió devolvernos a la realidad. Arranqué y di un rodeo por la zona antes de
llegar a casa. Ella apoyó su cabeza en el cristal cuando normalmente lo hacía
en mi hombro y en cierto modo, me hirió ese gesto.
-Estás intentando
prolongarlo, pero pasado mañana me iré y lo sabes. Alargarlo sólo lo
hará todo más difícil.
-Pero no quiero que te vayas.
-Estaré aquí en menos de dos meses Boo Bear.
-Es demasiado tiempo.
-Es muy poco cariño. Se te pasará rapidísimo. Ya
verás cómo antes de que te des cuenta estaré en casa de nuevo.
Los dos días siguientes son poco más que un
recuerdo borroso. Estaba acostumbrado a esa sensación, el tiempo se dividía en
hacer excursiones o salidas apuradas y hacer las maletas. La última noche había
salido con las chicas a cenar y su tren salía a las nueve. No tendríamos ni
siquiera una mañana para despedirnos. No recuerdo a qué hora llegó Eleanor a
casa, las sombras de mi habitación se cernieron sobre mí antes de que pudiese
darme cuenta, y me quedé dormido. La estación de trenes siempre me parecía un
poco fría, sobre todo cuando estaba yo solo despidiéndome de Eleanor. Esos días
normalmente no teníamos voluntad ni para hacernos una foto en el Andén 9 y ¾.
No dejé de abrazarla hasta que oímos el tercer silbato. La besé con
desesperación mientras los últimos rezagados subían al tren y me quedé agitando
la mano en el aire hasta que su vagón quedó tan lejos que ni siquiera lo veía.
Mi mano cayó bruscamente junto a mi costado y pude notar varios clics de
cámaras detrás de mí. ¡Ni siquiera hoy iban a dejarme tranquilo! Mi móvil vibró
en mi bolsillo y abrí el mensaje mientras me encaminaba hacia el coche.
Eleanor:
Cuando menos lo esperes Boo Bear, lo prometo. Te quiero xx
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