sábado, 31 de agosto de 2013

Capítulo 9: Vorágine.

Podía notar  el ronroneo del motor. Era un sonido que siempre me había relajado pero en ese momento la adrenalina corría a mil kilómetros por hora por mis venas. Justin me había dado una botella de agua y había subido la música para intentar relajarme. Respiré hondo mientras él aceleraba metiéndose campo a través. Arqueé una ceja. Por ese camino llegaríamos a mi casa, pero tardaríamos al menos cuarenta y cinco minutos. Justin frenó y bajó la música. Me pasó una toallita y empecé a quitarme el hollín.
-¿Estás bien? ¿Te has hecho daño?- me preguntó tratando de disimular su preocupación.
-Estoy bien, tranquilo. ¿Qué hacías allí?- se me hacía raro estar con Justin. Hacía muchísimo tiempo que no le veía.
-Estaba con el coche y vi el fuego. Me acerqué a ver qué pasaba y te vi tirada.- me dijo. Seguimos hablando un rato más mientras el volvía a arrancar. Cada palabra que decía me recordaba lo unidos que habíamos estado hacía tanto tiempo. Pero ahora nos limitábamos a que el me llevase a casa y le dijese a mis padres que estaba bien. Miré por la ventana y me dediqué a admirar la luna. El reflejo del incendio titilaba en el retrovisor. Casi no oí la pregunta de Justin.
-¿Y qué tal está Naiara?- dijo. Oír el nombre de mi amiga de su boca me recordó todo lo que había pasado, hacía lo que me parecían siglos.
Un año y medio antes
Por fin habíamos conseguido poner la película. Deberíamos haberle hecho caso a Nai cuando nos explicó cómo ponerla. Decidimos no decirle nada de todo lo que habíamos tardado. Empezamos a verla y a comer patatas fritas. Casi a mitad de la película, se abrió la puerta. Miramos para encontrarnos una imagen a la que estábamos acostumbradas. Nai y Justin de la mano y sonriendo. Siendo felices. Me alegraba por ellos pero tenía mi enésima ruptura con Dan demasiado reciente. Pero esta vez sabía que era la definitiva.
Justin nos dio un abrazo a todas y besó a Nai antes de irse. Esa noche tenía no se qué reunión y se le estaba haciendo tarde. Nai se acomodó en el sofá y seguimos viendo la película. Estaba muy callada. No nos preocupamos, ya que odiaba que hablásemos mientras veíamos cualquier película de Crepúsculo. Decía que se perdía detalles. Pero ese día ni siquiera miraba a la tele. Y era su película preferida de la saga. Pausamos la película y le preguntamos directamente que pasaba.
-Es que creo que tengo que romper con Justin.- dijo con lágrimas en los ojos. Nos contó que le gustaba, pero que sentía que su relación no iba a ninguna parte. Además había empezado a fijarse en Niall Horan, aquel chico de One Direction. Le dijimos que eso era solo un enamoramiento tonto de famoso. Ella nos respondió que Justin también lo había sido. Todas nos miramos y la abrazamos mientras ella empezaba a llorar. Nos partía el alma ver a Nai así. Y aún más cuando menos de veinte minutos antes había estado tan cómplice con él.
A la mañana siguiente, Nai nos llamó para decirnos que lo había hecho. Le había dejado. Y desde aquel día, no habíamos vuelto a ver a Justin. Al menos en persona
-¿Grace? ¿Grace, estás bien? Despierta, hemos llegado.- me dijo Justin. Le di las gracias y me bajé del coche. Entré en casa y vi como mamá soltaba todo el aire que había aguantado.  Papá se limpió las lágrimas y corrió a abrazarme. Mis hermanas se desperezaron en el sofá y corrieron hacia mí. Les abracé a todos bien fuerte y me fui a mi habitación. Mi teléfono quemaba de tantos mensajes. Les respondí que estaba bien mediante un difundido y me acosté. Me dormí al momento. Al menos ese día se había acabado por fin.
A la mañana siguiente me desperté con olor a café recién hecho. Arrugué la nariz y abrí los ojos. Mamá estaba sentada a los pies de mi cama con una bandeja llena de churros, tostadas y una humeante taza de café. Me senté en la cama y empecé a comer. Ella se limitó a acariciarme el pelo y a trenzarlo. Cuando acabé de comer mamá me preguntó qué había pasado anoche. Se lo conté todo. Incluso lo de Evan.
-Bueno, nada de eso importa. Porque ahora estás aquí, en casa. Y no pienso dejar que nada ni nadie le vuelva a hacer daño a mi niña.- dijo abrazándome. Le abracé aún más fuerte y ambas empezamos a llorar. Salió de mi habitación dándome un beso y yo me recosté en la cama mientras cogía el móvil que había empezado a vibrar. Era una llamada de Louis.
-¿Qué es eso de que has estado a punto de morir quemada?
-¿Te ha llamado papá verdad?
-Contéstame.
- Louis, relájate, estoy bien.
-¿Segura? ¿Y cómo saliste de allí?
-Justin, pasaba por allí. Me trajo a casa en coche sana y salva.
-¿Justin? ¿Te has subido en un coche con Justin? Dime que no has hecho nada. Dímelo Grace.
-¡Pero por quién demonios me tomas! ¡Claro que no he hecho nada!
-Vale, vale relájate. Era una broma. Te echamos de menos. Bueno y a Ed, pero es que Liam no está insoportable por Ed.
-Louis, no tiene gracia.
-Ya lo sé. ¿Cuándo vas a volver?
-Pasado mañana llego. A eso de las 10. ¡¡Voy a pasar las diez primeras horas de mi cumpleaños en un avión!!- le respondí con sarcasmo. Además de pasar mi cumpleaños alejada de mi familia (otra vez), coger un avión a las doce de la noche para llegar a Inglaterra con jet lag tampoco me hacía mucha ilusión. Me levanté de la cama y me metí en la ducha. El agua caliente me quemó en la piel y me recordó todo lo pasado la noche anterior. Ahogué un grito y giré el grifo completamente dejando salir agua helada. Fue gratificante. El agua limpió poco a poco toda la tensión y el hollín y después de unos diez minutos salí de la ducha. Me puse unas mayas y la primera sudadera que encontré. La de Superman. Me miré al espejo. Sonreí al recordar como Louis me había regalado esa sudadera. Le echaba de menos. Aunque siempre estuviese fastidiando, le echaba de menos.
Bajé las escaleras y encontré a unos agentes de la policía de Nashville hablando con mamá. Levantaron la vista cuando me oyeron bajar y les reconocí. Bob y Simon. Eran amigos de infancia de papá. Terminé de bajar y les di dos besos. Ellos me abrazaron y me confesaron que estaban realmente aliviados de que estuviese bien. Me contaron que el quince por ciento de la gente no había corrido esa suerte. Habían contabilizado seis muertos y dieciocho heridos. De cuarenta personas que había en la fiesta, era una cifra bastante elevada. Por suerte nadie de los muertos era gente que conociese. Bueno quizás uno de los chicos. Creo que era el novio de Ella. Pero no lo recuerdo muy bien.
-Bueno Grace, estamos realmente encantados de verte, y de saber que estás bien, pero desgraciadamente esto no es una visita de placer. Necesitamos que nos cuentes todo, absolutamente todo lo que recuerdes de anoche.- y lo hice. Absolutamente todo. El alcohol, el tabaco, la marihuana, los coches con escapes de gasolina. Pero preferí omitir detalles como Evan y Justin. Eso no tenía nada que ver en un informe policial. Ellos apuntaron todo lo que les dije y debido a las caras de sorpresa que tenían al terminar me di cuenta que nadie les había dicho nada de las drogas. O de la fiesta en sí. Una vez terminaron de apuntarlo todo me dijeron que mi declaración se haría de forma anónima, y que no me preocupase de nada. Me dieron un abrazo y justo cuando estaban abriendo la puerta llegaron a mi mente todos aquellos recuerdos de infancia y con una de mis mejores sonrisas lo dije:
-A ver si os veo pronto, tito Bob y tito Simon.
La casa quedó en silencio y todos me miraron. Hacía al menos siete años que no les llamaba así. Sonreí y me acerqué a ellos para darles un último abrazo antes de irse. Cuando salieron entraron mis hermanas con mi padre con dos guitarras y un banjo. Arqueé una ceja y mamá me hizo sentar en el sofá con ella. El extraño trío empezó a tocar un montón de canciones de mi lista de favoritas. No pude dejar de reír y aplaudir mientras las parodiaban, bailábamos y cantábamos. Parecíamos una familia feliz. Y yo me sentía tan bien. Esa noche me fui a dormir pronto. El día siguiente me lo pasaría en un autobús de tour yendo al concierto de papá. Ojalá nunca me hubiese ido a dormir esa noche. Creo que aquella pesadilla fue una de las peores de mi vida.
El coche de Dan frenó en seco y echándonos hacia delante. Estábamos en la colina de detrás del Partenón. Me apoyé en su pecho esperando que él me acariciase el pelo. Pero no lo hizo. Le miré extrañada y él me apartó.
-Grace, tenemos que dejarlo.
-¿Qué? ¿Por qué?
-Es que… Mira yo no quería, pero es que Lucy y yo estábamos borrachos, y… Bueno, Grace lo siento.
-¿Qué? Espera. No vemos a Lucy desde hace más de dos meses. No puedo creerlo. Apártate de mí. Pensaba que habías cambiado Dan.
-Y he cambiado Grace. Eso pasó hace tiempo.
-¿Y por qué no me habías dicho nada? Mira, déjalo, no quiero oírlo.- abrí la puerta del coche y empecé a caminar hacia casa mientras las lágrimas inundaban mis ojos. Oí que Dan empezaba a gritar a mi espalda. Ojalá nunca le hubiese escuchado.
-La razón principal por la que lo hice es porque eres una estrecha Grace. Si sigues así no vas a conseguir novio en tu vida. Dejarte es lo mejor que he hecho este año.- dijo mientras pasaba por mi lado en su estúpida camioneta que nunca me dejó conducir. Todo lo que había vivido con él empezó a venir a mi mente y las lágrimas salieron ahora impetuosas de mis ojos y empezaron a caer en el cuello de mi camiseta. Empezó a llover. Había perdido un año de mi vida con ese tío. Todas esas veces que me había pedido segundas oportunidades y yo se las había dado. Me quedé en la puerta de casa dejando que la lluvia me empapara. Entré y subí a mi habitación dejando mi bufanda roja colgada de la baranda. Era una especie de mensaje secreto de la familia McGraw. Así sabrían lo que habría pasado. Llegué a mi habitación y después de cinco minutos sonó mi teléfono. Dan.
-Grace, todo fue un error. Lo siento. Perdóname, por favor. Por favor.
-Dan, déjame. No quiero volver a saber nada de ti.
Me desperté bañada en sudor. Miré el reloj. Eran las cinco de la mañana. En unas dos horas me metería en el autobús. Y serían tres horas de viaje. Me levanté y bajé a ver la televisión. Así al menos podría distraerme. Tenía demasiado fresco el sueño de la noche anterior así que me metí en el baño y me di una ducha no demasiado caliente. No sentía nada por Dan, pero todos esos recuerdos me acechaban como una sombra. ¿No podría ser feliz nunca? ¿Acaso siempre iba a tener su sombra impidiéndomelo? Salí de la ducha y oí a mi padre levantándose y preparando café. Bajé las escaleras corriendo y le pedí una taza. Saqué el pan de molde de la despensa y preparé unas cuantas. Desayunamos una vez Maggie y Audrey bajaron y nos montamos en el autobús. Estuvimos todo el día entre guitarras y pruebas de sonido y llegó la hora del concierto. Como siempre, mis hermanas y yo nos pusimos a un lado del escenario donde nadie podía vernos a disfrutar del concierto.
Echaba de menos los conciertos de papá. Esa noche bailé, canté y me lo pasé increíblemente bien. Ir a conciertos con mis amigas era algo que me encantaba y podría hacer durante toda la vida, pero estar con mis hermanas en un concierto de papá era diferente. Pasase lo que pasase, aquel momento era nuestro. Nuestro y de papá. Bailamos durante horas sin parar un solo segundo hasta que el estadio poco a poco fue bajando el volumen. No sabíamos muy bien por qué, pero la realidad nos golpeó cuando nos detuvimos para oír lo que papá estaba a punto de decir.
-La próxima canción se la quiero dedicar a mi hija Grace. Mañana es su cumpleaños y por segundo año consecutivo vamos a pasarlo separados. Recuerdo perfectamente que el año pasado le prometí estar con ella mañana, y ambos sabemos que voy a faltar a mi promesa. Lo siento cariño. Pero justo ahora quiero que sepas que te quiero muchísimo.- caminó hacia mí y me cogió la mano. Empezamos a caminar hacia el centro del escenario mientras los acordes de My Little Girl empezaban a sonar. Creo que en aquel momento empezamos a llorar a la vez. El público entero sacó sus teléfonos y los agitó en el aire, como si fueran pequeñas luciérnagas, esas que solíamos cazar en las noches de verano. El público y papá formaban un dúo perfecto y yo no podía dejar de sonreír mientras lágrimas de felicidad recorrían mi rostro. La canción terminó y papá me dio uno de los mayores abrazos que me había dado nunca. Me dio un beso en la frente y despidió el concierto. Cuando llegamos al backstage Maggie y Audrey vinieron a darme un abrazo.
-Te queda una hora y media aproximadamente con dieciséis años. ¿Qué quieres hacer?
-Comer tortitas McGraw hasta que tenga que coger el avión.- y eso hicimos. Comimos tortitas y tocamos la guitarra hasta casi la hora de coger el avión. Una vez en el aeropuerto, mis hermanas me cogieron de las manos mientras iniciaban una cuenta atrás desde dieciocho. Papá y mamá se unieron a ellas y yo hice lo mismo. Tres. Dos. Uno.
-¡FELICIDADES GRACE!-gritaron abrazándome. Me un sobre. Mis hermanas me dieron una caja rectangular y me metieron prisa para que la abriese. Era una foto. De esa misma noche. Papá y yo estábamos en el escenario rodeados por focos azules mientras él cantaba. Las miré y las abracé. Iba a echar de menos a mis pequeñas. Abrí el sobre. Contenía seis billetes a Grecia. Miré a papá. ¿Seis?
-Uno para cada uno de nosotros y el que sobra… Eso lo dejo a tu elección.- dijo papá guiñándome un ojo. No necesité más de cinco segundos para darme cuenta. O mis hermanas habían roto el pacto McGraw o papá nos había oído. El piloto personal nos empezó a meter prisa y me vi obligada a meterme rápidamente en el avión. Una vez sentada saqué mi móvil para apagarlo. Noté que tenía un mensaje y lo abrí para leerlo.

Liam: Feliz cumpleaños pequeña. Solo quedan diez horas hasta que volvamos a vernos. Te quiero.

martes, 27 de agosto de 2013

Capítulo 8: Vuelve. Quédate.

Siempre me había gustado viajar en avión. Y el avión de papá siempre me había encantado, porque parecía una casa para nuestros viajes largos. Tenía de todo, incluso camas y router. Siempre me había sentido segura allí. Pero no esta vez. Esta vez estaba acurrucada en uno de los sillones intentando dormir. Jamás había tenido tanto frío. Volvía a casa, y no sería mucho tiempo, eso era cierto, pero las caras de todos, las lágrimas de Liam y todo lo que había pasado aquella noche bailaba en mi mente.
-¿Cómo que te vas?
-Grace, estarás de broma.
-No, Grace, quédate.
-No te vayas peque.
Ni siquiera recordaba quién había dicho qué. Tampoco lo estimaba importante. Llevaba horas metida en ese avión y lo único que quería era salir, respirar el aire de Nashville y abrazar a mis padres. Me sumergí en la lectura de nuevo y leí hasta que aterrizamos. La maleta me pesaba bastante poco, aunque llevaba un montón de ropa. Salí por la puerta del control y me encontré a mi familia esperándome. Corrí a sus brazos y todos me devolvieron el abrazo. Ví un par de flashes fugazmente y caí en la cuenta de que había paparazzi en el aeropuerto, pero poco me importó. Estaba en casa. En Nashville. Mamá me dio un beso en la mejilla y me alborotó el pelo. Maggie y Audrey me quitaron la maleta de las manos y empezaron a andar hacia el coche. Mamá las siguió y me quedé sola con papá. Era consciente que había un cúmulo de gente a nuestro alrededor esperando a nuestro siguiente movimiento. Papá se puso de perfil y abrió su brazo derecho. Yo corrí a refugiarme en él y me pasó el brazo por los hombros. Sentí su beso en mi coronilla y nos metimos en el coche.
Cuando llegamos inhalé fuertemente. La casa olía a country. Había botas de cowboy en la puerta y la chimenea había sido apagada recientemente. Subí la escalera y abrí la puerta de mi habitación. Era irónico como un año antes había odiado ese cuarto pintado de rosa y lleno de portarretratos y peluches. Me acerqué a los pies de la cama. Era una cama de princesa. Algo que toda niña desearía. Mi antiguo sombrero rosa de cowboy estaba colgado del cabezal.  Lo cogí y me lo puse con delicadeza. Me giré y me miré al espejo. Una adorable niña de seis años, trenzas y sin las dos paletas superiores me devolvió la mirada. Sonrió y se alisó la falda. Estiré mi mano y toqué la fría superficie del espejo. La niña hizo lo mismo y sonreímos juntas. Ansiaba volver a aquellos maravillosos días. Oí voces en el piso de abajo y toda la magia desapareció. Ahora era yo misma quién me devolvía la mirada. Bajé y me encontré a mis padres discutiendo en voz baja en la cocina. ¿Es que no podían parar ni siquiera cuando acababa de llegar su hija, a la que no veían desde hacía meses?
Me dirigí a la habitación que compartían Maggie y Audrey y les hice señas para que me siguiesen a mi habitación. Hacía meses que no teníamos una noche de chicas en familia. Les conté todo lo que había pasado últimamente. Hicimos un pacto McGraw ara no revelarle jamás a mamá y papá mis momentos íntimos con Liam. Estuvimos hablando durante horas y esa noche se quedaron a dormir conmigo. No hubo problema, ya que mi cama de Nashville era lo suficientemente grande como para abarcarnos a nosotras tres a mamá y papá.
Al día siguiente me desperté y me di la vuelta buscando a Liam. era la fuerza de la costumbre pero el hecho de ver a Audrey durmiendo cual angelito a mi lado me hizo sonreír. Aun con doce años yo seguía viéndola como esa niña pequeña que corría a mí a suplicarme que viésemos La Sirenita frente a un tazón de chocolate caliente con nubes. Me levanté y noté la pantalla de mi móvil tintineaba. Lo cogí y desbloqueé la pantalla.
Nai: Grace cielo, ¿qué tal todo? ¿Has llegado bien?
Ed: El concierto de anoche fue genial, ¿y tu vuelo? ¿Llegaste sin problema?
Harry: Peque, te echamos de menos. Vuelve pronto.
Taylor: ¿Cómo está Nashville? ¿Y tu familia? Vuelve pronto mi pequeña.
Liam: Grace, te echo de menos. Anoche dormí en tu habitación, porque te echo demasiado de menos. Te necesito. Vuelve. Por favor. Te quiero.
Las lágrimas pujaban por salir de mis ojos pero noté que Maggie se movía así que me las limpié y me recosté fingiendo que me acababa de despertar. Iba a pasar un tiempo con mi familia y eso no me lo quitaría nadie. Desperté a mis hermanas y bajamos a desayunar. Papá estaba haciendo sus famosas tortitas McGraw y nosotras nos sentamos en línea frente a él viendo como hacía girar las tortitas en el aire. Mamá apareció en ese momento, vestida para ir a trabajar y enviando un mensaje. Nos dio un beso a cada una y le hizo un movimiento a papá a modo de saludo. Después, se fue. Me partía el alma ver a mi familia destrozada, y quería un montón a mi madre, pero aquel momento no le pertenecía. Era nuestro, era de Tim McGraw y sus niñas. Él era el mejor padre del mundo y ella la mejor madre. Pero no estaban hechos para estar juntos. Una pena que se hubiesen dado cuenta diecisiete años y tres hijas después.
Maggie subió a mi habitación y me metió prisa para ir al centro. Sonreí y cogí el móvil, para salir. Nos montamos en el coche de papá y él nos llevó al centro comercial. Allí estuvimos de compras durante todo el día. Esa noche cenaríamos con papá en algún italiano de esos que le gustaban a él. Compramos varias cosas y nos fuimos a casa a arreglarnos. Me metí en la ducha y me lavé el pelo lenta y conscientemente. Quería darle una buena impresión a mis hermanas y mi padre. Volví a mi habitación donde mi vestido azul cielo me esperaba estirado en la cama. Me lo pusé y me calcé mis botas de cowboy. Sabía que a papá le encantaba vernos vestidas como chicas country. En mi ordenador, el icono de Skype empezó a parpadear indicándome que tenía una llamada. Acepté el vídeo y la cara de Liam llenó la pantalla. Llevaba su camiseta de Batman y un sombrero vaquero del chino. No pude evitar reírme y el rió conmigo. Estaba realmente guapo, y verle ahí así vestido me dolía. Le echaba de menos.
-Bueno, bueno, es cierto, tengo una pinta ridícula.
-¿Qué dices? Estás muy guapo, deberías ir así a todos sitios.
-Claro, y doy los conciertos como tu padre. Tienes un tipo de chico muy raro.
-Oh, cállate, sabes que no tengo un tipo de chico.
-¿Ah no? ¿Entonces yo que soy?
-Tú eres idiota.
-Un idiota que te tiene loquita por sus huesos.
-Liam, por Dios, deja de decir sandeces. Eres tú el que está loquito por mí.
-¿Segura? ¿Estás segura?
-¿Recordamos quién besó a quién primero?
-Oh, cállate. Te echo de menos.
-Y yo a ti. ¿Qué tal está la casa? ¿Qué os habéis cargado?
-¿Por qué me cambias de tema?
-Porque no quiero llorar. Y menos delante de ti.
-Bien hecho. No me gusta verte llorar. Porque después lloro yo y mi imagen de chico malo se desvanece.
-¿Tu imagen de chico malo? Claro que sí cowboy con camisa de Batman.
-Maldita.
-Pero me quieres.
-Que bien lo sabes.
-Liam, tengo que irme. Voy a cenar con mi padre y mis hermanas esta noche. Te quiero.
-Yo también te quiero.
Apagué el ordenador y respiré hondo para combatir las lágrimas. Cogí mi bolso y bajé las escaleras al salón. Me senté con mamá a esperar a los demás y ella me dio un beso en la mejilla. Vi la tele con ella hasta que papá vino con Maggie y Audrey. Le hizo señas a mamá y ella se levantó y se puso a su lado. Papá se dirigió a la repisa de la chimenea y cogió una caja alargada. Audrey se la arrebató de las manos y me la puso en las mías. Colocó mi mano derecha sobre el cierre y me hizo señas para que la abriera. Me hice la remolona y Maggie puso los ojos en blanco. Solté una carcajada y la abrí. Mi risa se cortó en seco cuando vi lo que había dentro. Era el colgante más bonito que había visto en mi vida. Una fina cadena de plata sujetaba una pequeña G también de plata con un pequeño diamante en ella. Levanté la vista mirando a mi familia como preguntándoles a qué venía eso.
-Sabemos que estarás poco tiempo en casa, y la otra vez que te fuiste no pudimos darte nada. Así que te lo damos ahora. Para demostrarte que pase lo que pase tu familia estará siempre ahí.-dijo papá. Cogí el colgante y se lo alargué. Me di la vuelta e hice ademán de recogerme el pelo, pero Maggie se adelantó. Audrey desabrochó el colgante y le dio un extremo a mamá y otro a papá. Ellos abrocharon el colgante alrededor de mi cuello y una vez lo soltaron rodeé la pequeña G con mis dedos mientras me daba la vuelta. Agarré a mis hermanas por el cuello y les di un abrazo a todos.
En el restaurante nos encontramos con mis antiguos amigos de Nashville. Ella, Max, Simon, Jake, Evan, Rose, Alice. Cómo les había echado de menos. Los abracé a todos y les conté brevemente como me iban las cosas en “la tierra de Harry Potter” y ellos me contaron como habían ido las cosas desde que me fui. Me contaron que antes de que Dan decidiese seguirme a Londres había estado con muchísimas chicas. Pero ahora decía que quería arreglar las cosas conmigo. Sin embargo, yo ya tenía a otra persona en mente. Me invitaron a una fiesta que harían al día siguiente por la noche. Iba a ser en un campo abandonado para no molestar a nadie. Decidí aceptar, ya que hacía semanas que no me iba de fiesta.
Así que la noche siguiente me puse unos sencillos shorts vaqueros, una blusa blanca y las mismas botas de la noche anterior. Me puse el colgante que me habían regalado mis padres y bajé al patio donde los chicos me esperaban en la camioneta. Subí y me senté al lado de Evan. Él me sonrió y me dio un beso en la mejilla. Le abracé y me acomodé para los veinte minutos de viaje que tenía de casa al campo donde era la fiesta.
Cuando llegamos tuve que controlarme para no mirar con desdén a donde habíamos llegado. La “fiesta” consistía en varios coches puestos en círculo, con música a todo volumen y botellas de refresco y vodka por todo el suelo. Miré hacia atrás y arqueé una ceja. Ella me hizo un movimiento de cabeza como para preguntarme qué me pasaba. Negué con la cabeza y Rose se enganchó a mi brazo. Nos acercamos a una de las neveras y cogimos unas CocaColas. Yo me aseguré de que la lata estaba bien cerrada y bebí. Por suerte, sabía a CocaCola. Nadie le había metido nada. Espero. Me di una vuelta por el campo y fui a la parte de detrás donde Jake estaba pinchando. Me vio entre el público y le saludé. Cambió la canción a Truly, Madly, Deeply  y yo no pude evitar sonreír. Empecé a cantarla mirando a la luna. Echaba de menos a los chicos.
Abril.
-Jo Zayn, es que os voy a echar mucho de menos. Tres semanas es mucho.
-Se te van a pasar rapidísimo. Además sabes que nos puedes ver todas las noches en ese enlace. Y Taylor y Ed se quedan contigo y las chicas.
-No es eso, es que os echaré de menos.
-Pues hagamos una cosa. Cada vez que cantemos Truly, Madly, Deeply miraremos a la luna. Y tú harás lo mismo. Así estaremos mirando donde mismo aunque estemos lejos. Trato hecho.- me tendió la mano. yo la choqué y le abracé con lágrimas en los ojos y una sonrisa en la cara.
-Trato hecho.
Sentí una mano en mi espalda y di un respingo. Era Evan. Me sonrió y pasó la lata de cerveza de una mano a otra… donde también había un cigarrillo. Me dio un vuelco el estómago, pero disimulé. Si él quería destrozarse la vida, que lo hiciese. Me cogió de la mano y me hizo dar una vuelta sobre mí misma. Volvió a agarrarme por la cintura y me arrastró a la “pista” de baile. La canción había cambiado. Ahora era una especie de remix de alguna canción de Pitbull. Hice una mueca de asco y seguidamente ahogué un grito al mirar a Evan a los ojos. Estaban inyectados en sangre. Intenté mirar a otro lado pero en aquello momento empezó a susurrarme algo. Tuve que alejarme un poco para evitar vomitar. Alcé la cabeza y respiré hondo. Pero aquello tampoco me sirvió. El aire olía a gasolina. Gasolina, tabaco y alcohol. Poco a poco me fui dando cuenta de que tenía que salir por patas. Pero no sabía cómo.
Evan se volvió a acercar a mí, esta vez sin nada en las manos. Esta vez respirando por la boca y poniendo mi mejor sonrisa acepté su baile. Empezamos a girar sin ningún tipo de sentido del ritmo y empecé a marearme poco a poco. Entonces noté que su mano bajaba. Y seguía bajando. ¿Acaso me estaba metiendo mano? Le miré incómoda y él sonrió. Definitivamente me estaba metiendo mano. Se la aparté de un manotazo. Y me alejé. Empecé a buscar a las chicas por toda la fiesta, y él me siguió. “Vete, vete, vete. No quiero hablar contigo. Lárgate.” Ese deseo se atornillaba en mi cabeza a la velocidad de la luz. Y entonces, todo quedó en silencio. Hasta el primer alarido. Un grito que me heló la sangre y me hizo quedarme quieta y dirigir mi mirada a la derecha. Empezó a salir un humo negro y las llamaradas poco a poco iban extendiéndose.
Empecé a correr mientras la gente me golpeaba para adelantarme. El fuego se propagaba con rapidez. Yo sabía la causa perfectamente pero me concentré en correr. Mi camisa fue llenándose de hollín y empecé a toser, sin dejar de correr en ningún momento. El calor inundaba el campo y empecé a llorar mientras hacía acopio de mis últimas fuerzas. Tuve miedo. Miedo de morir. Millones de imágenes se agolpaban en mi mente dándome dolor de cabeza. Papá. Mamá. Maggie. Audrey. Liam. Harry. Niall. Louis. Zayn. Taylor. Julia. Nai. Noe. Tom. Ed. Brad. James. Connor. Tristan. Liam. Liam. Liam. Liam. Liam. Chillé y lloré. Mi pié giró bruscamente y caí de bruces. Liam. Me encogí y noté que el fuego se acercaba. Liam. Unos faros me deslumbraron. Liam. Un coche paró delante de mí y una voz familiar empezó a gritarme que me subiera. Intenté levantarme y me arrastré a la puerta. Intenté impulsarme y volví a caer. Pero él me agarró la mano y tiró de mí. Me ayudó a entrar, cerró mi puerta, la bloqueó, al igual que la suya  y aceleró. Solo entonces le vi la cara.

-¿Justin?

jueves, 22 de agosto de 2013

Capítulo 7: Hoy ha sido un cuento de hadas.

El móvil sonó a las dos de la mañana. Tuve miedo de cogerlo, ya que la última vez que lo hice a esas horas papá me había dicho que mamá estaba en el hospital. Al final sólo había sido una apendicitis leve, pero aún así tenía miedo. Miré la pantalla y el nombre de Ed se iluminó cuando desbloqueé.
-Ed, son las dos de la mañana. ¿Qué ha pasado?
-Ya, ya sé que es tarde, pero es que necesitaba preguntártelo. ¿Cómo ha reaccionado Noe?
-Bueno, se ha quedado un poco traspuesta, pero creo que se recuperará. ¿Falta mucho para que vengas?
-Mes y medio, aproximadamente. ¿Y qué hay de ti? ¿Vas a hacerlo?
-Sí. Después del puente. Iremos a la casa de campo de los padres de Tom. Se los diré allí.
La entrevista que los chicos darían al día siguiente empezaría en siete horas y yo no había dormido nada. Tendría que acompañarles, ya que hacía semanas que se los había prometido, pero no conseguía dormir. La conversación con Ed me daba vueltas y vueltas en la cabeza. ¿Cómo se los diría a los chicos? ¿Cómo se lo tomarían? ¿Estaba haciendo lo correcto? El caso es que correcto o no, la decisión estaba tomada. Me di la enésima vuelta en la cama e intenté dormir. No estoy muy segura de cuando lo conseguí, el último pensamiento que recuerdo es dirigido hacia mi padre.
El backstage era bastante aburrido sin las bromas de Louis, pero sabíamos que él había entrado a maquillaje hacía media hora. Eleanor y yo estábamos sentadas en uno de los sofás que permitían ver el plató, pero no que te viesen a ti. Los chicos entraron en la sala en un barullo de chillidos de fans y aplausos. Eleanor y yo no pudimos evitar sonreír. Si ellas supieran como eran esos chicos en la intimidad. Empezamos a comer los donuts que teníamos en la mesa de al lado y nos dedicamos a ver la entrevista.
La entrevista empezó como todas, haciendo muchas bromas y un poco la pelota a los chicos. Pero llegó el famoso momento de su vida personal. Como siempre le preguntaron por enésima vez a Louis sobre Eleanor y él respondió lo de siempre. Estaban juntos, se querían y él cada día estaba más enamorado. Siguieron las preguntas de siempre e incluso algunas sobre Taylor, a lo que Harry respondió que estaba harto de que se metiesen con ella. Sonreí. Al fin tomaba cartas en el asunto. Entonces le preguntaron a Liam sobre la famosa Sophia. Yo puse los ojos en blanco pero seguí viéndolo. Y menos mal que lo hice. Su respuesta fue una de las cosas más dulces que había hecho en semanas:
-No, no estoy con ninguna Sophia. Y agradecería que las “fans” dejasen de hacer referencia a esa supuesta chica, ya que me hacen daño tanto a mí como a una persona a la que quiero muchísimo.- dicho esto miró hacia el sofá. Pude notar como las lágrimas intentaban salir de mis ojos. Pero esta vez era de la emoción. La entrevista terminó una hora después y los chicos me rodearon. Eleanor se deslizó al lado de Louis y me miró también. Liam se adelantó un paso y me miró haciendo pucheros. Solté una carcajada y me tiré a sus brazos. Él me devolvió el abrazo y enterró su cara en mi cuello. Oh, como echaba de menos sus abrazos. No oí los aplausos de los chicos hasta que me separé de Liam. Tuve la sensación que no quería separarme de él jamás.
Esa noche me senté en la cama a leer, como todas las noches y oí unos pasos en la puerta. Levanté la vista y allí estaba. Venía con su camiseta de Batman, ahora limpia. Me sonrió y yo arqueé una ceja. Volvió a hacer pucheros y yo me volví a reír. Adoraba este juego y lo había echado demasiado de menos. Marcó mi libro y me lo quitó de las manos. Se sentó al lado mío y me miró a los ojos. Me recosté en su pecho y él me acarició el pelo. Me dio un beso en la frente y me acunó en sus brazos. Me tumbé en la cama dándole la espalda y él me abrazó. Empezó a darme besos en el cuello y me di la vuelta para decirle que teníamos que dormir. El me besó dulcemente y me apartó el pelo de la cara. Enterré mi cabeza en su cuello y me quedé dormida.
A la mañana siguiente bajé mis maletas y me subí al microbús. Pasaríamos cinco días en la casa de campo de los padres de Tom. Estaba en un pequeño bosquecillo al sur de Londres. Tras cuatro horas de viaje nos bajamos y fuimos a nuestras habitaciones para poner en orden las cosas. Liam y yo dormiríamos juntos así que nos metimos en la habitación entre peleas para conseguir el armario grande. Una vez él terminó de colocar sus cosas me abrazó por detrás y yo apoyé mi cabeza en su pecho. Me hizo girar y yo solté el jersey que tenía en la mano. Posó su boca en la mía y me atrajo hacia sí sin dejar de besarme. Rodeé su cuello y le abracé mientras él abría poco a poco la boca. Bajé mis manos a su pecho y empecé a empujarle suavemente para separarnos. Me miró extrañado y yo le di un corto beso a modo de disculpa. Terminé de colocar las cosas y deslicé mi mano en la suya. Me acercó a él y me dio otro beso. Bajamos a la barbacoa que estaba organizando Niall y nos sentamos a comer las famosísimas “Hamburguesas Horan.”
Estuvimos en el salón durante horas tocando la guitarra, cantando y hablando. Asamos nubes y bebimos chocolate caliente hasta casi las tres de la mañana. El sueño poco a poco me iba ganando, pero yo quería quedarme. Julia me dio unos golpecitos en el brazo para despertarme y entonces me di cuenta de que tenía que ir a dormir. Me levanté y entré en el pasillo para ir a mi habitación. En aquel momento llegó Liam y me abrazó por detrás. En cualquier otro momento habría jugado con él, pero me estaba quedando dormida. Me puse unas mayas y una sudadera, me metí en la cama y me adapté a la forma del cuerpo de Liam. Él me besó en la frente y me acarició el pelo.
-Te he echado de menos.
-Nunca me he ido.
-Te sentía lejos. No vuelvas a hacer eso. Nunca.
-No vuelvas a tener una novia falsa.- le dije riendo. Estuvimos hablando un rato más pero yo notaba el sueño vencerme poco a poco. Casi no podía oír lo que me decía. Sentía su voz entre ecos a kilómetros de distancia. Él siguió hablando y tuve que pedirle que parase. Bostecé y le besé para que se callara. Susurré un “te quiero” y me quedé dormida.
Me desperté con la cabeza apoyada en el pecho de Liam. “Podría acostumbrarme a esto” pensé. Pero sabía que era imposible. Al menos por ahora. Me revolví un poco para hacerle saber que estaba despierta y noté como su pecho subía y bajaba rápidamente mientras reía. Levanté la cabeza y deposité un corto beso en sus labios entreabiertos cortando su carcajada. Él me lo devolvió y fue moviéndose poco a poco hasta quedar por encima de mí.
-Buenos días, princesa.- sonrió mientras guiñaba un ojo.
-Sabes que odio que me llames así.
-¿Y como pretendes que te llame? ¿Gordi, luz de mi vida, cariño, cari…?
-Liam James Payne, si vuelves a hacer eso juro que no responderé de mí.
-Gracie Katherine McGraw, ambos sabemos que eres incapaz de hacerme daño.
Empecé a darle puñetazos en el abdomen y él a hacerme cosquillas. No estoy muy segura de en qué momento caímos al suelo, ni tampoco cuando le dimos el golpe a la mesa, solo sé que en aquel momento la pelea la estaba ganando Liam. Me besó con furia para hacerme parar y yo le mordí el labio con fuerza. Él se vengó haciendo lo mismo y notamos el salado sabor de la sangre llegando a nuestra lengua.
-Te odio.- le dije entre beso y beso.
-Yo te odio aún más.- replicó. Posó sus manos en mi espalda y tiró de mí hacia arriba dejándome sentada en sus rodillas. El sabor de la sangre seguía allí pero eso era lo que le daba emoción al momento. Seguimos besándonos durante al menos un cuarto de hora y podíamos notar como la temperatura en la habitación iba subiendo. Pero Louis y Niall siempre habían sido muy oportunos. Empezaron a silbar y me separé a la velocidad de la luz de Liam. Ambos estábamos rojos como un tomate, pero no podíamos dejar de reír.
-Espera, que no me ha quedado claro. ¿Entonces vas a llamar a Grace gordi? ¿O era “la luz de mi vida”?- dijo Louis agarrándose al marco de la puerta para no revolcarse de la risa. Le lancé un cojín que sorprendentemente le dio en la cara mientras Liam empezaba a pelearse con él de coña. Me doblé sobre mi cintura jadeando y noté la mano de Niall en la espalda. Me levanté y vi su sonrisa de “no sabes lo que me alegro por vosotros”. Sonreí y le di un abrazo a mi pequeño irlandés. Era más que obvio que era feliz con Nai, y hasta el momento yo lo era con Liam. Chocamos los cinco y nos dirigimos a separar a aquellos dos. El resto del día lo pasamos entre bañarnos en el lago y meternos entre la maleza a explorar. Dejé de contar las veces que Harry y yo retábamos a Zayn y Noe a ver quién recorría más territorio en diez minutos ayudándonos de una cuerda, cuando ya íbamos por la vigésima. Adoraba hacer este tipo de cosas con Harry. Normalmente, cuando las chicas lo conocían quería hacerle de todo, sin embargo yo me dije que ése sería mi hermano mayor. Recuerdo perfectamente el día que lo conocí. Que los conocí a todos.
Había sido un año antes, en el programa de Ellen DeGeneres, al que tanto papá como ellos estaban invitados. Ya  me encantaba One Direction por aquel entonces, e incluso mamá iba a llevarme a uno de sus conciertos por mi cumpleaños. Ese día yo simplemente iba a acompañar a mi padre al programa y conocería a Ellen. Ni siquiera recordaba que ellos estarían. Nos conocimos en backstage y fueron un completo cielo. Recuerdo que Harry me preguntó si tenía algún hermano mayor adoptivo. “No” le dije extrañada. “Ahora lo tienes” me respondió y me abrazó. Desde aquel momento, Harry y yo habíamos sido inseparables. Y lo seríamos siempre. No supe hasta que mamá me llevó al concierto que papá les había chivado el plan de mi cumpleaños. Nunca olvidaré como me hicieron subir al escenario, sentarme en el sofá y cantarme el Cumpleaños Feliz delante de todo un estadio a rebosar. Nunca olvidaré esa noche.
Harry me dio unos golpecitos en el hombro para indicarme que ya habían pasado diez minutos y que estaba enviando las coordenadas. Habíamos perdido esa ronda. Pero no importaba, porque aquel día había sido como un cuento de hadas. Esa noche decidí ver una película en la habitación y Julia se apuntó a la idea. Como era de esperar, tuvimos que apretarnos con Liam y Tom en la cama para no caernos. Sabía que esa iba a ser una de las mejores noches de nuestra estancia allí y pensaba aprovecharla. Cuando la película acabó, nos quedamos Liam y yo solos. Estuvimos hablando durante horas, bromeando, jugando a cazar mosquitos y dedicándonos a recuperar el tiempo que habíamos perdido. Apagué la luz para no molestar al resto y me recosté en su pecho. Esta vez fu él quién se quedó dormido primero. Parecía un ángel perdido en el cruel mundo real y por un momento quise despertarlo para devolverle al cielo. Pero me detuve. Ángel o no, era mío. Todo mío. Y no iba a dejar que se escapase tan fácilmente. Al menos de momento.
Los días siguientes se suceden en recuerdos felices y perfectos. No recordaba unas vacaciones mejores en años. Pero todo lo bueno tiene un fin. Y el final de estas vacaciones, era un arma de doble filo. Esa última noche estuve muy callada y podía notar la extrañeza de todos. Liam me había preguntada innumerables veces si me pasaba algo. Yo no hacía más que negar con la cabeza ya que el nudo de mi garganta me impedía hablar.
En medio de la cena me disculpé y me lo llevé a mi habitación. Notaba todos los ojos en mi nuca y sabía que todos estaban preocupados. Yo no solía actuar así. En la habitación, Liam abrió la boca para decir algo pero le besé impidiendo que hablase. Fue un beso mecánico, simplemente quería que me escuchase y necesitaba toda su atención. Luché contra el nudo de mi garganta y traté de parecer serena. Carraspeé y le miré a los ojos.
-Liam, te quiero. Más de lo que estoy dispuesta a admitir. Te quiero por encima de todo. Te quiero casi tanto como a mi padre. Así que espero que entiendas lo que voy a hacer, porque no tiene nada que ver contigo. Te quiero. Y te prometo que estaremos juntos muy pronto. Te quiero.- él abrió  los ojos como platos y pude ver como el color desaparecía de su rostro. Se puso pálido y le cogí la mano para hacerle saber que todo iba a ir bien. Le arrastré al comedor donde todos se horrorizaron al ver la cara de Liam. Éste se sentó y siguió mirándome con los ojos brillantes. Respiré hondo y lo solté. Sin parar. Alto y claro.

-Chicos me voy a Nashville. 

domingo, 18 de agosto de 2013

Capítulo 6: Debes ser tú

Los chicos fueron a recoger a Tom esa mañana y nosotras nos quedamos decorando la casa. Sólo se había quedado Zayn para montar la mesa de mezclas. Hacía tan solo cinco días que Ed se había ido, pero notábamos su ausencia. Echábamos de menos a nuestro pelirrojo. Y Noe no estaba especialmente optimista desde que Tristan se había vuelto a casa. Eso era lo malo de que se vieran. Podían estar en una nube durante un tiempo pero una vez se separasen ella estaría deprimida durante al menos una semana. Por suerte, la vuelta de Tom le había devuelto un poco de ilusión pero no sabíamos cuanto le aguantaría.
Otra que estaba especialmente feliz era Julia. Llevaba arreglándose una hora y media en su habitación y ya había bajado tres veces a preguntarnos si se rizaba o se alisaba el pelo. Nosotras no podíamos evitar reírnos pero nos parecía adorable todo lo que estaba haciendo. En cierto modo yo estaba un poco celosa de que ella se arreglase tanto para ver a Tom porque no tenía que preocuparse de que nadie pusiese pegas a su relación. Adoraba dormir con Liam y pasar tiempo con él, pero quería actuar como una pareja totalmente normal, salir a dar paseos por el parque, salir a cenar, arreglarme de vez en cuando. Pero sabía que no podía. Era imposible estar juntos sin causar revuelo.
Cuando Tom entró por la puerta tuvimos que controlarnos para no salir corriendo a abrazarle. Se suponía que teníamos que tapar a Julia. Él empezó a abrazarnos a todas una a una y a mirar a su alrededor. Sabíamos perfectamente que buscaba a Julia. Después de dejarlo desesperarse durante un par de minutos nos hicimos a un lado para que viese a nuestra amiga. Ella iba preciosa esa noche. Al final habíamos decidido ayudarla y le habíamos ondulado el pelo y la habíamos maquillado lo más natural posible. Llevaba unos pantalones negros ceñidos y una blusa blanca.
Saltó a los brazos de Tom y por un momento creímos que habría que dejarlos solos, pero Zayn y Louis cuando se juntaban podían tener mucho arte a la hora de cortar el rollo a la gente. Justo cuando empezábamos a darnos la vuelta para irnos empezó a sonar por todos los altavoces de la casa Tears in heaven. Los chicos se separaron y los miraron con odio. Pero qué demonios no podían decir nada. Tom nos contó todas y cada una de las maravillas de Nueva York. Habían sido dos semanas muy duras, pero habían valido la pena. Había conseguido medalla de oro. No podíamos estar más orgullosos de él.
Llevábamos unas tres horas de fiesta cuando tocaron la puerta. Las ocho primeras veces casi no lo oímos pero cuando se convirtió en un molesto timbrazo decidimos abrir. Y allí estaba Dan otra vez. ¿Es que no me pensaba dejar en paz nunca? ¿Aún no entendía que no quería saber nada de él?
-¡Vaya! ¿Así que ahora montas fiestas en casa? Grace, has cambiado.- me dijo como si aún tuviese algún tipo de poder sobre mí.
-Dan, a ver si se te mete en la cabeza. No quiero tener nada que ver contigo. Na-da. No somos nada. Lárgate. No quiero volver a verte en mi vida.
Intenté cerrar la puerta, pero él puso su pie en el espacio que dejaba impidiéndome cerrarla. Liam llegó en ese preciso instante y me pasó un brazo por los hombros. Permitió  Dan abrir la puerta y le pidió que se fuese.
-Payne vete. Esto no va contigo.- le dijo Dan. Liam se limitó a abrazarme y darme un beso lo suficientemente largo para darle a entender a ese imbécil que le había olvidado. Dan miró al suelo y se fue por fin. Volvimos adentro y seguimos con la fiesta. Estuvimos bailando durante toda la noche nuestras canciones favoritas y no subimos a acostarnos hasta las tres de la mañana. Me empecé a dirigir a mi habitación pero Liam me cogió de la mano y me hizo caminar hacia la suya. Entramos y como siempre me lanzó una de sus camisetas. Era obvio que esa noche tocaba dormir en su habitación. Me quité el vestido y me puse su camiseta de Batman. Adoraba esa camiseta. Él cogió unos pantalones de baloncesto y se metió en la cama. Me metí detrás de él y me besó. Como todas las noches estuvimos besándonos hasta que ambos nos quedamos dormidos.
A la mañana siguiente tanto Tom como los chicos tenían entrevistas, lo que nos dejaba a todas las chicas solas en la casa. Vimos la entrevista de los chicos por la televisión mientras la comentábamos ya que Tom iba a una revista. Nos traería un ejemplar nada más volver. Al estar solas nos dedicamos a arreglarnos mutuamente. Tom llegó varias horas antes que los chicos y la lasaña que estábamos haciendo no estaba lista. Entró y lanzó un ejemplar de la revista ya editada por la página de su entrevista y nos acercamos todas a leerla. Había una de las preguntas señalada con rojo y saltamos directamente a ella.
P: Bueno Tom, sabemos que estás viviendo actualmente con gente como One Direction, Taylor Swift, Ed Sheeran, e incluso la hija de Tim McGraw y sus amigas.
R: Vivir con todos tus amigos es una experiencia increíble, y aunque la gente diga que es complicado al ser tantos como somos (alrededor de catorce), pero es mentira. Todos intentamos ser lo más responsables posible y tratar de mantener la casa decente. Es cierto que montamos nuestras fiestas, pero si entrases a casa después de una sin haber estado en ella no lo sabrías.
P: Últimamente te hemos visto bastante más feliz de lo habitual, ¿alguna razón en especial?
R: Tengo que admitir que sí. Se llama Julia. No estamos juntos oficialmente, pero hace que me sienta el chico más feliz sobre la faz de la Tierra.
Una vez terminada de leer la entrevista, la cara de Julia era de admirar. Primero abrió muchísimo los ojos. Después su boca se abrió para dejar paso al rubor de su cara. Dejó escapar un grito ahogado y saltó a los brazos de Tom. Chocó contra su pecho y él tuvo que agarrarle para impedir que se hiciese daño. Empezamos a reír cuando ella levantó la vista confundida y él la besó. Ahora era más que oficial que estaban juntos. La vida de Julia había cambiado. Y no estábamos muy seguras de si para bien o para mal.
Esa tarde me decidí a abrir Twitter por primera vez desde hacía días. No tenía muchas interacciones, pero si vi algo que me sorprendió. Muchísimas alusiones a “la nueva novia de Liam.” Noe estaba detrás de mí, leyendo todo. Nos miramos y sonreímos hasta que leímos el nombre de la supuesta novia. Sophia. Ni siquiera se parecía a Grace. Había hasta fotos. Se me cayó el alma al suelo. Creía que teníamos algo. No estaba muy segura de lo que era, pero estaba segura de que era algo. Y ahora todo mi mundo estaba rompiéndose en pequeños trocitos que no me arriesgaría a volver a unir. Imprimí los tweets y me fui al sofá a esperar a los chicos.
Más o menos a las cinco de la tarde entraron en casa. Los mandé a todos al jardín y me encerré en la cocina con Liam. Podía notar el temblor de mis manos pero pude aguantarme. Él me miraba extrañado y miraba con aún más extrañeza los papeles que sostenía en la mano. se los lancé y él los ojeó. Con cada página abría más los ojos.
-Te pediría una explicación. Pero estas fotos me la han dado.- le dije con un hilo de voz. Sabía que si hablaba más alto empezaría a llorar y no quería darle esa satisfacción. Ya se había reído bastante de mí.
-No Grace, no lo entiendes. Todo esto es mentira. Juro que no estoy con nadie de verdad. Por favor Grace créeme.- me suplicó. Pero ya me conocía esta historia. Abrí la puerta y subí a mi habitación. Mi móvil estaba encima de la cama y empezó a vibrar cuando me tumbé en ella. Miré la pantalla de mala gana. No tenía ningunas ganas de hablar con nadie. Excepto con él.
-¿Brad? ¿Pero tú seguías vivo?
-Me ofenden ese tipo de preguntas. ¿Acaso quieres que muera?
-Sabes que no pedazo de idiota. ¿Cómo estás? Te echo muchísimo de menos.
-Genial, sobre todo ahora que tenemos un descanso de una semana. Yo también te echo muchísimo de menos.
Seguimos hablando durante horas. Brad era de los pocos con los que podía salir por ahí sin ningún tipo de tapujo a tomar algo o incluso a ir de compras. Eran las ventajas de tener un mejor amigo que no fuese mundialmente famoso. Muchas veces Harry se enfadaba conmigo porque cancelaba planes con él para salir con Brad. Pero tenía que entenderlo. Cada vez que salía con ellos teníamos a un montón de chicas pendientes de nosotros. Prácticamente teníamos que salir con bolígrafos de sobra. Pero con Brad, James, Connor y Tristan era diferente. Eran conocidos, sí, pero no te asaltaban miles de fans por la calle. Y por eso adoraba salir con ellos.
Cuando colgué el teléfono bajé a cenar algo. Me moría de hambre. Entré en la cocina y abrí el frigorífico para ver si teníamos algo decente que comer. Cogí unas lochas de jamón y queso, y me preparé un chocolate caliente para ir a ver la televisión. Sabía que era probable que dijesen algo de los chicos en los programas de cotilleo, pero esa noche no había nada más que ver. Perrie llegó con un trozo de pizza calentada en el microondas y se sentó a ver la tele conmigo. Nos reímos de un par de cotilleos que decían sobre artistas como Madonna, Mick Jagger y estrellas por el estilo. Pero pasado un rato, empezaron a hablar de One Direction. Y muy a mi pesar de la nueva novia de Liam. Dejé el canal, porque Perrie no tenía que pagar mi enfado y empecé a mordisquear mi sándwich intentando no mirar a la tele. Cuando me lo acabé fui a la cocina y puse el plato y la taza en el lavavajillas. Subí a mi habitación y con los cascos empecé a leer.
Llevaba un buen rato leyendo cuando Niall entró en la habitación. Me dio unos golpecitos en la pierna y yo la aparté para que se sentase. Él se tumbó boca abajo a mi lado y me quitó uno de los cascos. Yo me acerqué un poco a él y así pudo leer por encima de mi hombro. Estuvimos así durante un rato hasta que él apagó mi iPod. Me quitó el libro de las manos, lo marcó y lo cerró. Me senté con las piernas cruzadas y le miré de mal humor. Él se sentó frente a mí y me dijo lo que yo ya estaba harta de oír:
-Lo que están diciendo de Liam es mentira. Y tú deberías saberlo mejor que nadie.
-Nialler, déjalo. No quiero hablar de eso. Estoy harta de dramas.
-Grace, él te quiere. Te quiere muchísimo. Y le está haciendo daño todo este tema. ¿Es que no lo ves?
Quería creerle. Quería dejarle allí intentando explicarse y saltar a los brazos de Liam. Pero ya me conocía ese cuento y había caído en él muchas veces. Negué con la cabeza y le pedí que se fuera. Era tarde y quería dormir. Era la primera noche que dormiría sin Liam desde hacía alrededor de tres semanas. Aún había allí una de sus camisetas. La cogí y la miré hasta que me armé de valor para llevarla al cesto de ropa sucia. Me acosté y me giré hacia la pared. No recordaba lo inmensa que era mi cama.
A la mañana siguiente Nai, Noe y yo estábamos desayunando cuando tocaron el timbre. Nos miramos extrañadas, ya que no era normal que llamasen a la puerta a las nueve de la mañana. Echamos a piedra, papel o tijeras quién iría a abrir y perdí yo. Me puse una sudadera y abrí la puerta.
-Hola, somos The Vamps.- dijeron sonriendo.
Los siguientes tres segundos transcurrieron en cuatro chicos cayendo bajo mi peso en el jardín en un escándalo de chillidos. Caí encima de Brad y Connor y los abracé con todas mis fuerzas. James se tumbó sobre mi espalda y empezó a chillar conmigo. Sus chillidos de chica siempre nos hacían darle puñetazos en el abdomen para que parase. Una vez pasó el momento de euforia nos dimos cuenta de que Tristan no estaba. Nos bastó una mirada para darnos cuenta. Noelia. Debía de estar con ella. Los chicos me cogieron en brazos y entramos en la cocina donde Nai ya estaba revolcándose por el suelo de la risa.
-No tengo que comentarte que en un rato se oirán chillidos ahí arriba ¿a qué no?- me dijo caminando hacia los chicos para darles un abrazo.
Nai y yo nos vestimos lo más rápido que pudimos y bajamos a pasear con los chicos. Pasamos por la habitación de Noe y tocamos para saber si ellos también vendrían. Oímos silencio, y nadie salió a abrir la puerta así que decidimos salir y ya ellos nos llamarían. Cogimos algo de dinero para ir de compras y nos montamos en el coche de Connor. Estuvimos todo el camino hasta Westfield cantando todas y cada una de las canciones que ponían en la radio. Fuimos a comer a Nando’s y no volvimos a casa hasta casi las ocho de la tarde. Cuando llegamos estaban ya todos cenando. Entraron los chicos con Nai mientras Brad y yo sacábamos las bolsas del coche. Entramos haciendo las bromas de siempre y nos encontramos con Liam mirándonos fijamente. Saludó a Brad con un movimiento de cabeza y me hizo señas para que se siguiese. Entramos en el cuarto de la lavadora y cerró la puerta.
-Grace, Sophia sólo es una amiga de la infancia no es nada más…
-Déjalo, me conozco la historia.- le corté. Me partía el alma ver a Liam así, pero yo estaba harta de rollos con los tíos. Salí y fui a comer con todo el mundo. Estuvimos haciendo bromas toda la noche y a las diez llegaron Harry y Taylor. Se sentaron a mi lado y Harry me dio uno de sus abrazos de hermano mayor que siempre me hacían sentir como una niña. Comimos comida tailandesa y nos fuimos a ver una película al salón. Entonces el móvil de Harry vibró.
Ed: Tío, coged el Skype xx
Corrimos a coger el ordenador y con dedos temblorosos usamos el perfil de Taylor. Después de dos eternos minutos apareció la cara de Ed en la pantalla. No sé si fui la única que estuvo a punto de llorar, pero lo dudo mucho. Empezamos a hablar contándole todo lo que había pasado los últimos días excepto el incidente entre Liam y yo. Encima que nos llamaba como para darl un disgusto. Entonces le preguntamos que qué tal le iba todo y que qué tenía de nuevo. A día de hoy no tengo muy claro quién se sorprendió más de su respuesta.

-Pues os echo muchísimo de menos a todos. Pero creo que a la que más echo de menos es a Noe.

martes, 13 de agosto de 2013

Capítulo 5: Todo ha cambiado

Los chicos salieron de la casa al oír mis gritos y tuvieron que alzarme en volandas para separarme de Dan y la serie de puñetazos, patadas y arañazos que le estaba propinando. ¿Cómo se atrevía a aparecer en mi casa de esa manera? ¿Quién se creía que era?  Aparté mi vista de él para evitar volver a saltarle al cuello. Había gastado energía en ese imbécil por segunda vez en mi vida y no quería volver a cometer ese error. ¿Qué pensaba, que con decirme que lo sentía arrodillado delante de mí iba a saltar a sus brazos? Las cosas habían cambiado.
Entré en casa y subí a mi habitación cerrando detrás de mí con un portazo. Las lágrimas volvían a pujar por salir de mis ojos pero yo no pensaba volver a llorar por alguien que no se lo merecía. Por alguien que cambiaba las reglas de su propio juego según pasaban las horas. Estaba harta de eso. Y jamás volvería a llorar por él.
-Grace, abre. Están los chicos abajo, vengo solo.- la voz de Liam me llegó en un susurro. Abrí un poco la puerta y él aprovechó para entrar. Cerró la puerta tras de sí y me agarró por los hombros. Nunca había visto a Liam de esa manera. Y en cierto modo, tuve miedo.
-¿Qué te hizo ese imbécil? ¿Qué te hizo? Grace, por Dios dímelo. Dímelo y juro que le mataré. ¿Qué te hizo?
No respondí. No podía hacerlo. Hice caso omiso a mi promesa de no volver a llorar y me derrumbé. Caí de rodillas y las lágrimas empaparon mi camiseta. Liam se arrodilló al lado mío e intentó limpiarme la cara. Me atrajo hacia sí y lloré como hacía meses que no lloraba. Él se limitó a acariciarme el pelo y acunarme hasta que me calmé. Cuando por fin pude parar de llorar alcé la cabeza para agradecerle a Liam todo lo que había hecho por mí ese día. Pero no tuve tiempo. Antes de que pudiese mediar palabra presionó su boca contra la mía. No recordaba la última vez que alguien me había besado así. Quizás nunca había habido ninguna vez antes. Su beso rebosaba desesperación. Desesperación por hacer algo que sabíamos que estaba prohibido. Desesperación por hacerme olvidar todo el daño que había sufrido. Desesperación por todas esas veces que no pudimos ser solo dos personas normales que pudiesen estar juntas.
No tengo ni idea de cuánto tiempo estuvimos besándonos. Solo sé que maldije a mi cuerpo por necesitar oxígeno. Liam se separó de mí y me abrazó.
-Te quiero.
-No me dejes sola. No hoy.- supliqué. Él me cogió en brazos y me llevó a la cama. Me hice a un lado para dejarle sitio y él se estiró a mi lado. Me abrazó y empezó a juguetear con mi pelo. Cuando levanté la cabeza vi que tenía los ojos brillantes. Las lágrimas volvían a salir de mis ojos y él volvió a limpiarlas. Se inclinó y me dio un beso que me supo a lágrimas. Me recosté y cerré los ojos. Había sido un día agotador y yo sólo quería que acabase. Lo último que recuerdo de aquella noche es haberme quedado dormida en los brazos de Liam.
Un rayo de sol me dio de lleno en el ojo y me revolví para apartarlo, pero oí una risa ahogada y abrí los ojos. No esperaba que fuese a quedarse toda la noche conmigo, sin embargo, allí estaba. Tenía los ojos llenos de legañas y la cara hinchada pero yo jamás lo había visto tan guapo. Sonrió y rozó sus labios con los míos.
Bajamos a desayunar y nos encontramos a Niall y Nai aún más cariñosos que el día anterior. Nos miramos y estallamos en carcajadas. Ellos se dieron la vuelta extrañados. Ni siquiera se habían dado cuenta de que habíamos entrado. Creo que su auténtica reacción fue cuando vieron nuestras manos entrelazadas. Nai soltó un gritito y empezó a batir palmas, lo que provocó que Niall la abrazase por detrás.
-A mi no me engañáis. Vosotros dos tenéis algo y tú maldita no me lo has contado.- me dijo Nai sonriendo sarcásticamente.
-Yo puedo decir lo mismo.- le respondí.
En aquel momento bajaron Zayn y Perrie cargados de maletas. Nos explicaron brevemente que se irían una semana a París y que por eso habían estado todo el día de ayer pegados al ordenador. Nos despedimos de ellos y nos pusimos a desayunar con los chicos en el jardín. Poco a poco todos se fueron levantando y uniendo a nosotros. El día había empezado de la mejor forma posible, pero todos sabíamos que era efímero. En poco tiempo surgiría otro problema. Y no nos equivocábamos.
En menos de veinte minutos volvieron a llamar al timbre. Esta vez y por seguridad fue Harry quien abrió. Estuvo un momento hablando con el visitante y salió de nuevo al jardín. Nos hizo señas para que saliésemos y me pasó un brazo por los hombros como el hermano mayor que nunca había tenido. Solo cuando hizo eso caí en la cuenta: Dan había vuelto. Cuando vi su cara con el feo arañazo de la mejilla que le había hecho la noche anterior tuve que controlarme para no emparejarle la otra mejilla.
-Grace, lo de anoche estuvo fuera de lugar, yo sólo quería hablar contigo.- me dijo como si fuese la primera vez que hablaba conmigo. Conocía perfectamente ese tono y las ganas de escupirle en su asquerosa cara aumentaban por segundos. Pedí a todos que me dejasen y noté una mano apretándome el hombro. Me di la vuelta y Louis me sonrió. Tom me dio la mano y se la apreté para darle a entender que todo iría bien. Una vez hubieron entrado todos me apoyé en el marco de la puerta y miré a aquel imbécil. ¿Cómo pude haber sufrido tanto por una persona? Él alargó la mano y yo me eché atrás mirándolo con asco. No quería verle, no quería escucharle, no quería saber de su existencia. Pero sabía que eso era demasiado para la naturaleza.
- Dan, lárgate. No tienes nada que hacer aquí, y si sigo viendo tu maldita cara juro que te mataré. Lárgate.
-¿Ni siquiera vas a oír lo que tengo que decirte?
-No.- y le cerré la puerta en las narices. Sabía de sobra que se iba a quedar allí pero no me importaba. Si tenía que salir le daría una patada en sus partes nobles y seguiría mi camino.
Me dirigí a la cocina donde Taylor estaba haciendo uno de sus experimentos culinarios, que siempre sabían a gloria, frente a Harry, Liam, Tom y Julia que parecían niños que acaban de encontrar sus regalos bajo el árbol de Navidad. Aunque admito que los entiendo porque el olor que habñia en ese momento en la cocina no era como para pasar de largo. Me senté al lado de Julia y ésta me sonrió como para darme la bienvenida.
Cuando Taylor terminó, nos puso delante un brownie enorme que en vez de nueces tenía M&M’s. Creo que jamás probaré algo tan delicioso. Estuvimos comiendo brownie y hablando entre nosotros durante casi toda la tarde. Un rato después de empezar se nos unieron Louis, Nai Eleanor, Ed, Noe y Niall. Total que esa noche nos habíamos acabado el brownie entre todos.
Poco a poco todos se fueron yendo a sus habitaciones hasta que solo quedamos Liam y yo. Él se acercó al aparato de música y trasteó un poco con los CDs. Una vez acabó de toquetar botones Crazier inundó la habitación. Liam me cogió de las manos y empezamos a girar por toda la cocina. Quería quedarme en ese momento para siempre, solo él y yo bailando alrededor de la mesa.
Liam me elevó agarrándome por la cintura y empezó a dar vueltas sobre sí mismo y cada segundo de ese momento fue como tocar el cielo. Cuando acabó la canción me miró a los ojos y sonrió. Yo pasé mis brazos alrededor de su cuello y lo atraje hacia mí. Me puse de puntillas y le besé. El rodeó mi cintura con sus brazos y me atrajo aún más hacia él. Dejó un brazo descansando en mi cintura y empezó a acariciarme la espalda. Me separé de él y eché la cabeza hacia atrás, inmensamente complacida y cuando volví a mirarle vi que estaba haciendo pucheros. Me reí y él me colocó en su cintura. Volvió a besarme y esta vez con un poco más de furia. Clavé mis uñas en su cuello y él gruñó con placer. Se separó de mí y me bajó al suelo. Fruncí el ceño y él me besó de nuevo. Pero esta vez fue un beso corto, mecánico.
-Mañana tengo entrevista, ¿recuerdas?
-Entonces, buenas noches.- le di un beso en la mejilla y empecé a caminar hacia la escalera, pero él me agarró del brazo y me hizo dar la vuelta. Choqué con su pecho y él rió por lo bajo. Le di un puñetazo en el estómago y él se arqueó controlando el dolor. Rodeó mi cintura y me acercó de nuevo hacia él.
-¿A dónde se supone que vas?
Se agachó y golpeó mi cadera con su hombro. Me eché adelante y él me cogió en brazos. Empezó a correr escaleras arriba y yo empecé a darle puñetazos en la espalda para que me soltase, sin embargo no lo hizo hasta que llegamos a mi habitación. Me tiró con violencia sobre la cama y se inclinó sobre mí. Volvió a besarme y comenzó un recorrido de besos que iban desde mi mandíbula hasta mi clavícula. Clavó sus rodillas a cada lado de mi cadera y me dejó totalmente inmovilizada. Se irguió y se quitó la camiseta para volver a caer sobre mi clavícula.
-Liam… creo que deberíamos parar…
-No voy a hacer nada que no quieras. Sólo tienes que pedirme que pare.
-Sabes que no seré capaz de pedírtelo.
Liam se tumbó a mi lado sin dejar de besarme y yo me adapté a la forma de su cuerpo. Cuando dejamos de besarnos enterré mi cabeza en su cuello y noté como se reía. Le golpeé el brazo y entonces me reí yo. Empezó a darme besos en la coronilla y lo apreté aún más contra mí.
-Ahora sí que son buenas noches.- fue lo último que oí que decía. Después me quedé dormida.
Los días siguientes seguí durmiendo con Liam todas las noches. Íbamos alternando el dormir en su habitación y la mía. No estábamos juntos pero ya se me hacía raro no tenerle a mi lado todas las noches.
Después de una semana, y tras la vuelta de Zayn y Perrie de París, nos levantamos relativamente tarde y bajamos a desayunar. Había un olor delicioso a gofres y tanto Liam como yo salimos corriendo para coger el grande. Le echamos sirope de chocolate a los dos gofres y empezamos a comer frente a dos tazas de café humeante cuando llamaron a la puerta. Me levanté de mala gana dejando el gofre en el plato y fui a abrir. Y allí estaba él otra vez. ¿Es que no pensaba dejarme en paz?
-¿Y ahora qué demonios quieres?
-¿Una camiseta de Batman? ¿De quién es esa camiseta? Hay otro tío?
-No tengo por qué darte explicaciones de nada. Y ya te dije que te largaras.
-Grace, te lo voy a preguntar una vez más y será la última, ¿de quién demonios es esa camiseta?
-Dan, chaval, te acaba de decir que te largues. Fuera de mi casa o llamaré a la policía.- Liam apareció detrás de mí con el móvil en la mano. Dan nos miró a ambos y se fue maldiciendo por lo bajo. Cerramos la puerta y seguimos desayunando.
Unos gritos en el piso de arriba interrumpieron la paz que había en casa. Venían de la habitación de Noe así que subí a ver qué pasaba. La escena que me encontré no podía ser más extraña. Noe daba vueltas saltando por toda la habitación mientras batía palmas.
-¡¡ Tristan ha llamado, Tristan ha llamado, Tristan ha llamado!!- repetía una y otra vez con una voz cantarina. Me costó menos de dos segundos adivinar la causa de su felicidad. Hacía semanas que no veía a Tristan. Llevaban saliendo casi tres meses pero estar en ciudades separadas condicionaba mucho que se vieran. Pero este fin de semana Tristan vendría a casa y podríamos ver la cara de enamorada de Noe durante un tiempo.
La pena era que justo ese mismo sábado Tom tenía que coger un avión a Nueva York. Estaría fuera unas dos semanas y no podría casi ni saludar a Tristan. Le recogimos en la estación de tren y seguimos hacia el aeropuerto. La despedida de Tom fue demasiado emotiva y Julia no pudo aguantar y rompió a llorar. Tom la abrazó y le susurró algo en el oído. Ella se puso de puntillas y le dio un corto beso. Después vino hacia nosotras y se refugió en los brazos de todas. Nos despedimos de Tom una vez entró en el control y volvimos a casa. Esa misma noche recibimos un email suyo.
Hola chicos. Nueva York es increíble. Ojalá pudieseis estar aquí vosotros también. Nada más llegar me han recibido un montón de fans. Chicos ya sé lo que sentís jajajajaja. Os echo un montón de menos, y acabo de llegar. Os quiero mucho.
Al día siguiente fuimos al centro de compras. Estuvimos toda la mañana en Oxford Street y después de almorzar decidimos ir al cine. Esa noche estrenaban la nueva película de Lilly y Jamie. Teníamos muchas ganas de ir porque no los veíamos desde que nos habíamos ido de Estado Unidos.
Como siempre, salimos con el tiempo justo de casa. Pero qué demonios íbamos a un estreno. Queríamos estar presentables. Una vez en la puerta de atrás del cine nos dejaron pasar a la zona VIP. El poder de haber ido con la famosísima Taylor Swift. Sentados en unos sofás ofreciendo una entrevista estaban nuestros cazadores de sombras. Cuando acabaron su entrevista vienieron a saludarnos.
-Que guapas venís. ¿Es por el estreno o tenéis a alguien especial?- nos dijo Jamie. Estaba guapísimo con su traje. Con la particularidad de que no se había puesto corbata. Pero así era él. Siempre tenía que ir marcando tendencia. Lilly también estaba preciosa. Llevaba un vestido verde oscuro que le llegaba justo por encima de la rodilla. Los dos estaban guapísimos. Admito que hubo un tiempo en el que Lilly no me caía demasiado bien, pero ahora que la veía feliz y asentada no podía alegrarme más por ella. Entramos a la sala y admiramos el gran trabajo que habían hecho. Era impresionante. Cuando salimos del cine, los chicos nos invitaron a cenar.
Llegamos a casa bastante tarde y nos encontramos  maletas en la puerta. Ed salió de la cocina hablando por teléfono y nos hizo señas para que esperásemos una explicación. Cuando terminó nos hizo sentarnos en el sofá.
-Chicas, no os lo había dicho porque han pasado un montón de cosas estos días, pero me voy de gira. Estaré fuera unos dos meses.