domingo, 11 de agosto de 2013

Capítulo 3: Problemas en el paraíso

La consulta del hospital era fría y asquerosamente blanca. Liam se había pasado toda la noche en vela y me había despertado antes para que le tapase las ojeras. Ahora lo tenía al lado aferrado a un café Costa.
-¿Liam Payne?- llamó una voz. Fría. Como el resto de la sala de espera. Liam pegó un respingo y me miró. Sonreí para hacerle entender que estaba con él. Le apreté la mano y entramos en la consulta. Nos recibió un hombre bastante afable que nos estrechó la mano a ambos. Nos sentamos y nos explicó que las pruebas eran bastante concluyentes. El nuevo riñón funcionaba bien, o al menos lo había hecho hasta ahora. No sabían que era lo que pasaba y por eso no querían arriesgarse con una operación, pero era una posibilidad que allí estaba.
Noté la mano de Liam buscando la mía por debajo de la mesa. Le ofrecí la mía y casi tengo que pedir una epidural del dolor que me provocó la presión. Le miré ahogando un jadeo y el aflojó la fuerza.
Cuando llegamos a casa Liam seguía nervioso. Habíamos llamado a casa desde el hospital y ya todos lo sabían. Zayn fue el primero que nos vio entrar por la puerta y corrió a darle un abrazo a su hermano. Las lágrimas pujaban por salir de los ojos de todos, pero intentábamos aguantar por el bien de Liam. Él necesitaba apoyo, no vernos a todos llorar. En aquel momento sonó el teléfono de Eleanor. Ella miró la pantalla y colgó. Afortunadamente, solo yo había visto la escena y sabía perfectamente que no era el momento indicado para preguntarle.
Esa noche los chicos tenían una reunión con Modest! lo que hacía que la casa quedara un poco vacía. Cenamos todos juntos una pizza y luego cada uno se fue a hacer sus cosas. Tom y Ed decidieron salir a echar unas canastas en el jardín así que las chicas nos metimos todas en mi habitación a tener una noche de chicas. Ellas se sentaron alrededor de mi cama en los millones de cojines que tenía esparcidos por toda la habitación y empezamos a hablar de cómo habían ido las cosas los últimos días. Todas coincidían conmigo en que había sido un fin de semana estupendo hasta que decidimos volver a casa el domingo. Ahí habían empezado nuestros problemas. Ahora que los chicos no estaban, decidí que era hora de preguntarle a Eleanor por la llamada que había recibido por la tarde. Casi preferí no haber sabido nunca la respuesta.
-Era Danielle. En cuanto le he colgado me ha mandado un mensaje. Quiere verme, pero no estoy muy segura de para qué.
-¿En serio no lo sabes? A mí también me ha llamado. Querrá que nos pongamos de su parte en todo este tema de Loki.- dijo Perrie levantando la vista de las uñas de sus pies, ahora azul eléctrico.
Lo de Danielle nos parecía excesivo a todos. Es decir, Loki, aunque lo queríamos muchísimo no era un bebé, sino un cachorro, no se podía pedir una custodia (propiamente dicha). No sabíamos por qué estaba haciendo eso, pero teníamos claro que la parte en la que destrozaba a Liam le estaba saliendo de perlas.
Los chicos volvieron tarde y hacía como hora y media que todos nos habíamos acostado. No pensaba ver a ninguno de los chicos hasta el día siguiente, pero a las tres de la mañana oí unos pasos en mi habitación y me revolví en mi cama. Liam estaba en la puerta. Me senté en la cama y le hice gestos para que entrara. Se sentó a mi lado y me contó todo lo que había pasado esa noche. Habían ido a Nando’s (qué raro) y allí se habían encontrado con el equipo de management. Allí le habían dicho que el abogado de Danielle se había puesto de acuerdo con ellos para organizar una reunión en la que decidirían los parámetros de la “custodia” de Loki. Esto se le estaba yendo de las manos. Era demasiado para él y ahora tenía que pensar en la operación inminente.
Vi que estaba a punto de echarse a llorar por enésima vez en dos días y le abracé. Él me devolvió el abrazo y enterró su cara en mi cuello. Noté como las lágrimas empezaban a mojar mi camiseta del pijama. Me dio un beso en la mejilla y me recosté para dormir de nuevo. Pensaba que iba a irse pero no lo hizo. Le oí quitarse los zapatos y la camiseta y retirar un poco la colcha. Mi colcha. Se estiró a mi lado y me volvió a dar un beso en la mejilla. Cuando me giré, ya se había dormido.
A la mañana siguiente recibimos una llamada del hospital. La operación de Liam era algo inminente y tenían que ingresarlo a la semana siguiente. A parte de eso notamos un ligero cambio en la actitud de Tom y Julia. Tom que todas las mañanas estaba de un humor fantástico y haciendo rabiar a Julia, hoy estaba sombrío y callado. Y ella estaba en la otra punta de la mesa mirándolo con odio. Puse los ojos en blanco y entré en la cocina. Justo lo que necesitábamos, otro problema.
-¿Y a vosotros dos qué os pasa?- dije con evidente desesperación.
-Pregúntale a sir “La natación es mucho más importante que tú”
- Julia ya hemos hablado de esto. Es mi trabajo, y tengo que irme. Tanto si te gusta como si no.
Puse los ojos en blanco por segunda vez en menos de treinta segundos y dejé el campo de batalla a tiempo. Sabía que Julia iba a ponerse histérica y a chillar de un momento a otro y no tenía ningunas ganas de que me metieran en el problema. Otro problema. Estaba harta de problemas. Primero Danielle y Loki, la posible operación, la confirmación de la operación y ahora Tom y Julia no se hablaban. Tenía la certeza de que Tom nos lo contaría todo esta noche, pero yo ya no estaba segura de querer saberlo.
Me fui al salón donde estaban Zayn y Harry haciendo una twitcam. Cuando entré giraron el ordenador hacía mi y tuve que sonreír y saludar a las millones de fans que en ese momento debían estar preguntándose quién era yo y por qué estaba en casa de los chicos. O quizá no. Prácticamente el planeta entero sabía que estábamos aquí. La prensa no había tardado nada en dar a conocer la noticia de que Grace, la hija del famosísimo Tim McGraw iba a pasar una temporada en Inglaterra en casa de sus buenos amigos los integrantes de One Direction con unas cuantas amigas de su Nashville natal. Por supuesto el suceso no había pasado desapercibido. Durante las tres primeras semanas que estuvimos aquí aparecían fotos nuestras en Twitter y páginas de cotilleo de cada paso que dábamos. Incluso había algunas comprando en Tesco y Sainsbury’s.
De repente Zayn gritó y le dio un puñetazo a un cojín.
-Claro que no nos vamos a casar, pero ¿de dónde sacáis eso?- dijo.
Corrí a sentarme con Harry y vi los comentarios, que iban subiendo cada pocos segundos.
¿Es cierto que te casas con Perrie?
Zayn cómo nos haces esto
Dios, Zayn muchas felicidades
¿Cuándo será?
¿Dónde pensáis hacer la ceremonia?
¿Desde cuándo estáis comprometidos?
Zayn apagó el ordenador dejando a millones de fans con la palabra en la boca y fue a por su coche. Cuando pasaban cosas de estas lo mejor era no hablarle y dejar que se tranquilizara. Normalmente se iba a un pequeño parque que había a unos 15 minutos en coche de casa y allí se quedaba durante horas tratando de tranquilizarse. La última vez volvió a las cuatro de la mañana con un moratón en la mano. Sabíamos de sobra que el árbol al que le había pegado un puñetazo no tenía culpa de nada, pero a Zayn le encantaba descargar tensión. Por lo que a mi respectaba, esto solo era otro problema que sumar a los que ya teníamos.
Los días siguientes transcurrieron de forma monótona y yo casi ni los recordaba. Quizás porque no había pasado nada que valiese la pena recordar. El caso es que ahora estaba con Taylor en el hospital. La operación de Liam no sería hasta el día siguiente, pero los médicos estimaban importante que ingresara pronto. Así que allí estaba él, conectado a una bolsa de suero y con una triste camiseta azul cielo sin ningún tipo de forma. Él no había perdido el tiempo diciendo que estaría mucho más guapo sin camiseta, pero la enfermera no entendió el chiste.
Nos habían permitido traer la guitarra ya que iba a ser una habitación privada, así que teníamos un poco de intimidad y algo con lo que distraernos. Sin embargo los papparazzis y el Twitter son una mala combinación. En menos de dos horas teníamos a una legión de fans tanto de Taylor como de los chicos debajo de la ventana pegando gritos. Liam intentaba parecer sereno para no preocuparnos, pero todos sabíamos que en ese momento no necesitaba fans. Necesitaba gente cercana y que lo apoyase.
Llevábamos allí tres horas y yo anuncié que me iba a casa. Había prometido dormir al día siguiente en el hospital, ya que era la noche después de la operación, y quería estar despejada. Estaría todo el día aquí, porque también pasaría con Niall y Ed las seis horas de quirófano esperando. Le di un abrazo a Taylor y otro a Liam. Él se resistió a soltarme pero finalmente pude irme. Cuando llegué a casa quería meterme en la ducha y leer un poco. Pero nada más entrar por la puerta me recibió una Noelia muy nerviosa. Arqueé una ceja y ella señaló el teléfono.

-Grace, ha llamado Dan.

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