lunes, 12 de agosto de 2013

Capítulo 4: “Drama time”

Las frases “Grace, ha llamado Dan” y “Prométeme que estarás aquí” daban vueltas por mi mente mientras me aferraba al segundo capuccino de la mañana. Hacía tres horas que Liam había entrado en quirófano y aún no sabíamos nada. Yo rezaba para que todo fuese bien. Ed se mensajeaba con Louis y Niall hablaba con su hermano por teléfono. Yo simplemente me había limitado a leer y a beber café. Mi teléfono sonó y yo di un respingo. Era un mensaje de Dan. Ni siquiera lo leí. No quería saber nada de ese imbécil. Después de todo lo que había hecho no quería saber nada de él.
Por fin de abrieron las puertas del quirófano. Vimos a Liam tumbado y con los ojos cerrados escoltado por un escuadrón de enfermeras.  Ed se acercó y Niall me empijó suavemente para hacerme caminar. Nos dijeron que todo había ido bien y que se recuperaría en unos días. Además nos indicaron que tardaría al menos cuarenta y cinco minutos en despertar de la anestesia, así que nos sentamos alrededor de la cama para transmitirle confianza cuando despertase.
Estuvimos esperando como una hora hasta que Liam abrió los ojos. Hizo una mueca de dolor cuando se movió y alzó los brazos. En menos de un segundo ya estábamos abrazándolo. Cuando nos separamos vi que esbozaba una sonrisa. No pude evitar soltar una lágrima. Hacía días que no veía a nadie de casa sonreír.
-Grace tonta no llores. Todo ha salido bien. Estoy mejor que nunca.- me dijo mientras volvía a atraerme hacia él. Esta vez no nos soltamos. Permanecimos un rato abrazados hasta que oímos un carraspeo a nuestra espalda. Me separé de Liam roja como un tomate y miré a los chicos. Estaban aguantándose la risa. Podíamos notarlo. Les miré con odio fingido y estallamos en carcajadas. Pero nuestra felicidad duró muy poco.
En la puerta estaba Danielle con Loki en brazos. Con una floritura entró en la habitación poniéndome a Loki en los brazos y abrazó a Liam. Él abrió la boca sorprendido e hizo una mueca cuando ella le dio un beso en la mejilla. Yo estaba tan petrificada que ni siquiera había impedido a Loki que me lamiese la cara, y eso que odiaba que lo hiciese. Ed y Niall tampoco podían creer lo que pasaba y se pusieron a mi lado como si fueran dos guardaespaldas defendiendo a cualquier famoso de alguna fan loca. Liam seguía mirando a Danielle que había empezado a decir frases sin sentido de las que solo logramos entender “y te dejé solo”.
Una vez pasado su momento dramático nos miró y reparó en mi presencia. Me miró con asco y trató de volver a coger a Loki. Sin embargo, ahora estaba conmigo y nadie iba a dejar que lo separasen tan fácilmente de casa otra vez. Danielle arqueó una ceja y miró a Liam. Éste estiró los brazos y Loki saltó para ir corriendo con él. Nial y yo nos miramos y supimos que era el momento de pedirle a Danielle que se fuera. Lo que no esperábamos era lo que Liam estaba a punto de decir.
-Chicos, dejadme solo con Grace. Ed, ¿puedes coger a Loki? Y Danielle, déjalo. Vete. Dile a la prensa lo que quieras, pero déjanos en paz. Y hasta que se decida algo Loki se quedará conmigo. Vete.
Los chicos salieron rápidamente y cerraron la puerta. Yo me quedé petrificada donde estaba y Liam rió mientras se incorporaba. Dio unos golpecitos a su lado para indicarme que me sentase pero yo simplemente no podía moverme.
-Grace, tía, que no te voy a morder ni te voy a pegar la peste o algo.- me dijo. Me senté a su lado y el volvió a abrazarme. Esta vez no nos interrumpió nadie. Después de un tiempo que me pareció cortísimo se separó de mí. Respiró hondo y me miró a los ojos.
-Peque, yo no quería que las cosas pasaran así. No sabía que Danielle iba a venir y ahora estoy demasiado ido como para pensar en ella. Grace, yo… Te quiero. Te quiero muchísimo. Y me muero por estar contigo, pero te quiero demasiado como para exponerte al mundo, o como para exponerte a fans que harían de tu vida un infierno. Y todo esto me está matando. Me duele más que la herida de la operación, Grace. Sólo quería que lo supieses.
Cuando acabó de hablar ambos estábamos llorando. No estaba segura de para quién había sido más duro, pero estaba claro que cuanto más lloraba uno, más lloraba el otro. Me limpié las lágrimas y bajé la vista. No podía mirarle a la cara. Respiré hondo y le cogí de la mano. Él entrelazó sus dedos con los míos y tuve que pestañear para no volver a llorar. Tomé otra bocanada de aire y salí de la habitación. No sabía si había hecho lo correcto pero el caso es que salí. Danielle se había ido y Ed y Niall estaban apoyados en la pared. Nada más verme, Ed comprendió lo que había pasado. No estaba muy seguro del contenido de nuestra charla, pero sabía que yo no quería estar ni un segundo más en aquel hospital. Estaba ahogándome.
Me subí en el coche y volví a derrumbarme. Al final había sido Niall quien había venido conmigo. Cuando llegamos a la casa me abrazó y me fui a mi habitación. Quería estar sola. No tenía ningunas ganas de hablar con nadie. Me quité la ropa que había usado en el hospital y me di una ducha fría. Lo bueno de llorar bajo el chorro era que nadie notaba tus lágrimas. Me puse unas mallas y una sudadera y me tumbé en la cama. Instintivamente y sin poder pararlo la visita de Danielle, la confesión de Liam y su cara surcada por las lágrimas empezaron a dar vueltas con mi cabeza en un bucle interminable que me hacía más y más daño. Sin saber cómo ni cuándo, me quedé dormida.
Cuando me desperté, ya estaba anocheciendo. Me revolví en la cama dispuesta a dormirme otra vez pero me di cuenta de que Louis estaba sentado a los pies de la cama. Puse los ojos en blanco y me senté. Di unos golpecitos a mi lado para indicarle que se acercara y se sentó. Le miré y las lágrimas volvieron a mis ojos. Este día estaba siendo muy duro y yo no sabía si tenía fuerzas para afrontarlo. Louis me limpió las lágrimas de la cara y me dio un abrazo.
-Ya está peque, ya está. Liam ha llamado.
-¿Qué?
-Tranquila, sólo ha preguntado cómo estabas. Le hemos dicho que estabas durmiendo.
Louis siguió intentando hacerme sentir mejor durante al menos una hora más. Entonces alguien tocó la puerta y entraron Julia y Taylor con una taza de chocolate caliente. Louis me dio un beso en la frente y salió dejándonos solas. Las chicas se sentaron a mi lado y me obligaron a beberme la taza de chocolate. Gruñí y me lo bebí de mala gana. Sabía que intentaban ayudarme y yo no podía estar más agradecida pero en aquel momento solo quería volver a dormirme y despertar cuando todo esto hubiese quedado olvidado.
El resto de la noche transcurrió entre ver vídeos de gatos en internet y oír a Taylor tocar la guitarra. Pasado un rato subieron Noe, Eleanor y Perrie y se unieron a nuestra pequeña reunión. Según nos dijeron, Niall le había cambiado el turno de quedarse en el hospital a Zayn, y él y Nai habían salido. Por una vez en todo el día, sonreí. Y ellas se dieron cuenta. Mi sonrisa provocó la caída de seis chicas sobre la alfombra en un revoltijo de cosquillas, risas y tonterías. Esa noche Taylor durmió conmigo. Me sentí como todas aquellas veces en Nashville, quedándome a dormir en su casa después de unos premios, o esperando para conocer las nominaciones al día siguiente. A mis padres les encantaba que me llevase así de bien con Taylor. De hecho mamá había dicho un par de veces que si alguna vez pasaba algo querían que fuese ella mi tutora legal. Siempre que recordábamos ese momento estallábamos en carcajadas y Taylor me preguntaba que de qué color querría mi cuarto. Pero no esa noche. Esa noche nos limitamos a estirarnos en la cama y quedarnos dormidas sin casi mediar palabra.
El día siguiente fue extraño. Muy extraño. Para empezar, se notaba demasiado la ausencia de Liam. Perrie y Zayn se pasaron toda la mañana concentrados en el ordenador y casi no hablaban con los demás. Tom y Julia más o menos se habían arreglado, pero eso no quitaba el hecho de que Tom se iría a Estados Unidos durante dos semanas para competir. Pero lo más raro y lo que más destacaba era la actitud de Niall y Nai. Ambos estaban asombrosamente cariñosos. Después de desayunar salieron y no volvieron hasta bien entrada la tarde. Algo pasaba. Y ese algo nos estaba dando arcadas a todos con tanto pasteleo.
Liam llamó por la noche. Le contamos como había ido nuestro día y él nos dijo como habían visto cinco películas seguidas en un día. Entonces dijo que me pasaran el teléfono, que tenía que hablar conmigo.
-Grace, ¿estás bien? Siento mucho lo de ayer, en serio, no quería…
-Liam, para. Lo que pasó ayer es que fue demasiado para mí. Y lo peor de todo es que siento lo mismo. Me fui porque no soportaba verte llorar. Pero a mí también me está matando todo esto. ¿Cuándo te darán el alta?
-Dicen que mañana. ¿Vendrás?
-Lo prometo.
-Gracias. Y ¿Grace?
-¿Sí?
-Te quiero. Cerca o lejos, pase lo que pase. Te quiero.
-Yo también te quiero. Y no sabes lo que duele.
Y colgué. No había soltado el teléfono y ya me estaba arrepintiendo de mi promesa. No sabía si era una buena idea recogerle. Pero todo estaba dicho. Al fin y al cabo no podía evitarle para siempre. Levanté la cabeza y me encontré con unas Julia, Noe y Taylor que se morían por un momento de chicas. Arqueé una ceja y ellas sonrieron con lo que nosotras llamábamos “sonrisa de hiena”. Dejé el móvil en la encimera y corrí escaleras arriba. Sin saber cómo ni por qué, en menos de cinco minutos teníamos la cama llena de ropa. Las dejé elegir a ellas porque en el fondo me encantaba hacer de maniquí. Al final encontramos un viejo vestido que mamá solía ponerse cuando salía en fiestas en Nashville. Era blanco de asillas y por encima de la rodilla. Ellas consiguieron unas bailarinas marrones y un cinturón del mismo color y me miraron como diciendo “hemos creado vida”.
El día amaneció gris, y salir como iba vestida no me hacía mucha ilusión, pero era algo que tenía que hacer. El viaje en coche hasta el hospital transcurrió en un silencio poco usual entre Harry y yo. Louis había pasado la noche con Liam así que esperábamos que cuando volviésemos ellos añadiesen un poco de alegría al viaje. Tardamos unos diez minutos en encontrar aparcamiento, pero por fin nos metimos en el ascensor. Noté la mirada de Harry registrándome de arriba abajo y no pude evitar reírme.
-Te has puesto muy guapa. ¿Para alguien en especial? ¿O sólo querías que el tito Harry estuviese orgulloso de su peque?- me dijo. Le saqué la lengua y él me atrajo hacia sí. Me dio un abrazo y me alborotó el pelo, lo que le causó una suave patada en la espinilla. Salimos del ascensor gastándonos bromas y por primera vez en mucho tiempo me sentí como si de verdad todo fuese a salir bien a partir de ahora. Pero en el fondo sabía que no.
Liam llevaba una camiseta gris oscuro con el logo de Oxford en azul claro y unos vaqueros con unas Converse azul marino. No sabía por qué, pero me daba la sensación de que jamás, ni siquiera con un esmoquin, volvería a ver a Liam tan guapo. Harry entró primero y les dio unas palmadas a los chicos. Le susurró algo a Liam en el oído y empezaron a reír a carcajada limpia. Una vez dejaron de reír, Liam se acercó a mí y me dio el mayor abrazo que me había dado nunca. Me cogió por la cintura y me hizo girar en el aire hasta que tuve que darle tortazos en el brazo para que parase. Cuando toqué el suelo le miré y vi una de las sonrisas más amplias que me había dedicado nunca. Deseé que parase. Pero al mismo tiempo no podía dejar de sonreír con él. Me rodeó con un brazo y me dio un beso en la sien.
Y así de esta manera llegamos a casa. Como había previsto el viaje de vuelta había sido muchísimo mejor que el de ida. Cuando entramos una gran pancarta de bienvenida nos recibió además de un improvisado DJ Malik. Era más que obvio que íbamos a dar una pequeña fiesta. Pero acabó pronto.
Tal vez dos horas más tarde estábamos Liam y yo en uno de los sofás y Tom y Julia en el otro. Liam se había empeñado en ver Toy Story, y como acababa de ser operado le concedimos el capricho. Todo iba perfectamente pero alguien llamó al timbre.
-¿Habéis pedido pizza?- pregunté. Ellos negaron con la cabeza. Me levanté y fui a abrir. Me esperaba la más amarga de todas las sorpresas, la razón por la cual había insistido en irme de Nashville. La persona que más odiaba en este mundo. Y ahora estaba en la puerta de mi casa, de mi segundo hogar. Dan.

-Grace, ¿por qué no contestas a mis mensajes?

No hay comentarios:

Publicar un comentario