Las
frases “Grace, ha llamado Dan” y “Prométeme que estarás aquí” daban vueltas por
mi mente mientras me aferraba al segundo capuccino de la mañana. Hacía tres
horas que Liam había entrado en quirófano y aún no sabíamos nada. Yo rezaba
para que todo fuese bien. Ed se mensajeaba con Louis y Niall hablaba con su
hermano por teléfono. Yo simplemente me había limitado a leer y a beber café.
Mi teléfono sonó y yo di un respingo. Era un mensaje de Dan. Ni siquiera lo
leí. No quería saber nada de ese imbécil. Después de todo lo que había hecho no
quería saber nada de él.
Por fin
de abrieron las puertas del quirófano. Vimos a Liam tumbado y con los ojos
cerrados escoltado por un escuadrón de enfermeras. Ed se acercó y Niall me empijó suavemente para
hacerme caminar. Nos dijeron que todo había ido bien y que se recuperaría en
unos días. Además nos indicaron que tardaría al menos cuarenta y cinco minutos
en despertar de la anestesia, así que nos sentamos alrededor de la cama para
transmitirle confianza cuando despertase.
Estuvimos
esperando como una hora hasta que Liam abrió los ojos. Hizo una mueca de dolor
cuando se movió y alzó los brazos. En menos de un segundo ya estábamos
abrazándolo. Cuando nos separamos vi que esbozaba una sonrisa. No pude evitar
soltar una lágrima. Hacía días que no veía a nadie de casa sonreír.
-Grace
tonta no llores. Todo ha salido bien. Estoy mejor que nunca.- me dijo mientras
volvía a atraerme hacia él. Esta vez no nos soltamos. Permanecimos un rato
abrazados hasta que oímos un carraspeo a nuestra espalda. Me separé de Liam
roja como un tomate y miré a los chicos. Estaban aguantándose la risa. Podíamos
notarlo. Les miré con odio fingido y estallamos en carcajadas. Pero nuestra felicidad
duró muy poco.
En la
puerta estaba Danielle con Loki en brazos. Con una floritura entró en la
habitación poniéndome a Loki en los brazos y abrazó a Liam. Él abrió la boca
sorprendido e hizo una mueca cuando ella le dio un beso en la mejilla. Yo estaba
tan petrificada que ni siquiera había impedido a Loki que me lamiese la cara, y
eso que odiaba que lo hiciese. Ed y Niall tampoco podían creer lo que pasaba y
se pusieron a mi lado como si fueran dos guardaespaldas defendiendo a cualquier
famoso de alguna fan loca. Liam seguía mirando a Danielle que había empezado a
decir frases sin sentido de las que solo logramos entender “y te dejé solo”.
Una vez
pasado su momento dramático nos miró y reparó en mi presencia. Me miró con asco
y trató de volver a coger a Loki. Sin embargo, ahora estaba conmigo y nadie iba
a dejar que lo separasen tan fácilmente de casa otra vez. Danielle arqueó una
ceja y miró a Liam. Éste estiró los brazos y Loki saltó para ir corriendo con
él. Nial y yo nos miramos y supimos que era el momento de pedirle a Danielle
que se fuera. Lo que no esperábamos era lo que Liam estaba a punto de decir.
-Chicos,
dejadme solo con Grace. Ed, ¿puedes coger a Loki? Y Danielle, déjalo. Vete.
Dile a la prensa lo que quieras, pero déjanos en paz. Y hasta que se decida
algo Loki se quedará conmigo. Vete.
Los
chicos salieron rápidamente y cerraron la puerta. Yo me quedé petrificada donde
estaba y Liam rió mientras se incorporaba. Dio unos golpecitos a su lado para
indicarme que me sentase pero yo simplemente no podía moverme.
-Grace,
tía, que no te voy a morder ni te voy a pegar la peste o algo.- me dijo. Me
senté a su lado y el volvió a abrazarme. Esta vez no nos interrumpió nadie.
Después de un tiempo que me pareció cortísimo se separó de mí. Respiró hondo y
me miró a los ojos.
-Peque,
yo no quería que las cosas pasaran así. No sabía que Danielle iba a venir y
ahora estoy demasiado ido como para pensar en ella. Grace, yo… Te quiero. Te
quiero muchísimo. Y me muero por estar contigo, pero te quiero demasiado como
para exponerte al mundo, o como para exponerte a fans que harían de tu vida un
infierno. Y todo esto me está matando. Me duele más que la herida de la
operación, Grace. Sólo quería que lo supieses.
Cuando
acabó de hablar ambos estábamos llorando. No estaba segura de para quién había
sido más duro, pero estaba claro que cuanto más lloraba uno, más lloraba el
otro. Me limpié las lágrimas y bajé la vista. No podía mirarle a la cara.
Respiré hondo y le cogí de la mano. Él entrelazó sus dedos con los míos y tuve
que pestañear para no volver a llorar. Tomé otra bocanada de aire y salí de la
habitación. No sabía si había hecho lo correcto pero el caso es que salí.
Danielle se había ido y Ed y Niall estaban apoyados en la pared. Nada más
verme, Ed comprendió lo que había pasado. No estaba muy seguro del contenido de
nuestra charla, pero sabía que yo no quería estar ni un segundo más en aquel
hospital. Estaba ahogándome.
Me subí
en el coche y volví a derrumbarme. Al final había sido Niall quien había venido
conmigo. Cuando llegamos a la casa me abrazó y me fui a mi habitación. Quería
estar sola. No tenía ningunas ganas de hablar con nadie. Me quité la ropa que
había usado en el hospital y me di una ducha fría. Lo bueno de llorar bajo el
chorro era que nadie notaba tus lágrimas. Me puse unas mallas y una sudadera y
me tumbé en la cama. Instintivamente y sin poder pararlo la visita de Danielle,
la confesión de Liam y su cara surcada por las lágrimas empezaron a dar vueltas
con mi cabeza en un bucle interminable que me hacía más y más daño. Sin saber
cómo ni cuándo, me quedé dormida.
Cuando
me desperté, ya estaba anocheciendo. Me revolví en la cama dispuesta a dormirme
otra vez pero me di cuenta de que Louis estaba sentado a los pies de la cama. Puse
los ojos en blanco y me senté. Di unos golpecitos a mi lado para indicarle que
se acercara y se sentó. Le miré y las lágrimas volvieron a mis ojos. Este día
estaba siendo muy duro y yo no sabía si tenía fuerzas para afrontarlo. Louis me
limpió las lágrimas de la cara y me dio un abrazo.
-Ya está
peque, ya está. Liam ha llamado.
-¿Qué?
-Tranquila,
sólo ha preguntado cómo estabas. Le hemos dicho que estabas durmiendo.
Louis
siguió intentando hacerme sentir mejor durante al menos una hora más. Entonces
alguien tocó la puerta y entraron Julia y Taylor con una taza de chocolate
caliente. Louis me dio un beso en la frente y salió dejándonos solas. Las
chicas se sentaron a mi lado y me obligaron a beberme la taza de chocolate.
Gruñí y me lo bebí de mala gana. Sabía que intentaban ayudarme y yo no podía
estar más agradecida pero en aquel momento solo quería volver a dormirme y
despertar cuando todo esto hubiese quedado olvidado.
El resto
de la noche transcurrió entre ver vídeos de gatos en internet y oír a Taylor
tocar la guitarra. Pasado un rato subieron Noe, Eleanor y Perrie y se unieron a
nuestra pequeña reunión. Según nos dijeron, Niall le había cambiado el turno de
quedarse en el hospital a Zayn, y él y Nai habían salido. Por una vez en todo
el día, sonreí. Y ellas se dieron cuenta. Mi sonrisa provocó la caída de seis
chicas sobre la alfombra en un revoltijo de cosquillas, risas y tonterías. Esa
noche Taylor durmió conmigo. Me sentí como todas aquellas veces en Nashville,
quedándome a dormir en su casa después de unos premios, o esperando para
conocer las nominaciones al día siguiente. A mis padres les encantaba que me
llevase así de bien con Taylor. De hecho mamá había dicho un par de veces que
si alguna vez pasaba algo querían que fuese ella mi tutora legal. Siempre que recordábamos
ese momento estallábamos en carcajadas y Taylor me preguntaba que de qué color
querría mi cuarto. Pero no esa noche. Esa noche nos limitamos a estirarnos en
la cama y quedarnos dormidas sin casi mediar palabra.
El día
siguiente fue extraño. Muy extraño. Para empezar, se notaba demasiado la
ausencia de Liam. Perrie y Zayn se pasaron toda la mañana concentrados en el
ordenador y casi no hablaban con los demás. Tom y Julia más o menos se habían
arreglado, pero eso no quitaba el hecho de que Tom se iría a Estados Unidos
durante dos semanas para competir. Pero lo más raro y lo que más destacaba era
la actitud de Niall y Nai. Ambos estaban asombrosamente cariñosos. Después de
desayunar salieron y no volvieron hasta bien entrada la tarde. Algo pasaba. Y
ese algo nos estaba dando arcadas a todos con tanto pasteleo.
Liam
llamó por la noche. Le contamos como había ido nuestro día y él nos dijo como
habían visto cinco películas seguidas en un día. Entonces dijo que me pasaran
el teléfono, que tenía que hablar conmigo.
-Grace,
¿estás bien? Siento mucho lo de ayer, en serio, no quería…
-Liam,
para. Lo que pasó ayer es que fue demasiado para mí. Y lo peor de todo es que
siento lo mismo. Me fui porque no soportaba verte llorar. Pero a mí también me
está matando todo esto. ¿Cuándo te darán el alta?
-Dicen
que mañana. ¿Vendrás?
-Lo
prometo.
-Gracias.
Y ¿Grace?
-¿Sí?
-Te
quiero. Cerca o lejos, pase lo que pase. Te quiero.
-Yo
también te quiero. Y no sabes lo que duele.
Y
colgué. No había soltado el teléfono y ya me estaba arrepintiendo de mi
promesa. No sabía si era una buena idea recogerle. Pero todo estaba dicho. Al
fin y al cabo no podía evitarle para siempre. Levanté la cabeza y me encontré
con unas Julia, Noe y Taylor que se morían por un momento de chicas. Arqueé una
ceja y ellas sonrieron con lo que nosotras llamábamos “sonrisa de hiena”. Dejé
el móvil en la encimera y corrí escaleras arriba. Sin saber cómo ni por qué, en
menos de cinco minutos teníamos la cama llena de ropa. Las dejé elegir a ellas
porque en el fondo me encantaba hacer de maniquí. Al final encontramos un viejo
vestido que mamá solía ponerse cuando salía en fiestas en Nashville. Era blanco
de asillas y por encima de la rodilla. Ellas consiguieron unas bailarinas
marrones y un cinturón del mismo color y me miraron como diciendo “hemos creado
vida”.
El día
amaneció gris, y salir como iba vestida no me hacía mucha ilusión, pero era
algo que tenía que hacer. El viaje en coche hasta el hospital transcurrió en un
silencio poco usual entre Harry y yo. Louis había pasado la noche con Liam así
que esperábamos que cuando volviésemos ellos añadiesen un poco de alegría al
viaje. Tardamos unos diez minutos en encontrar aparcamiento, pero por fin nos
metimos en el ascensor. Noté la mirada de Harry registrándome de arriba abajo y
no pude evitar reírme.
-Te has
puesto muy guapa. ¿Para alguien en especial? ¿O sólo querías que el tito Harry
estuviese orgulloso de su peque?- me dijo. Le saqué la lengua y él me atrajo
hacia sí. Me dio un abrazo y me alborotó el pelo, lo que le causó una suave
patada en la espinilla. Salimos del ascensor gastándonos bromas y por primera
vez en mucho tiempo me sentí como si de verdad todo fuese a salir bien a partir
de ahora. Pero en el fondo sabía que no.
Liam llevaba
una camiseta gris oscuro con el logo de Oxford en azul claro y unos vaqueros
con unas Converse azul marino. No sabía por qué, pero me daba la sensación de
que jamás, ni siquiera con un esmoquin, volvería a ver a Liam tan guapo. Harry entró
primero y les dio unas palmadas a los chicos. Le susurró algo a Liam en el oído
y empezaron a reír a carcajada limpia. Una vez dejaron de reír, Liam se acercó
a mí y me dio el mayor abrazo que me había dado nunca. Me cogió por la cintura
y me hizo girar en el aire hasta que tuve que darle tortazos en el brazo para
que parase. Cuando toqué el suelo le miré y vi una de las sonrisas más amplias
que me había dedicado nunca. Deseé que parase. Pero al mismo tiempo no podía
dejar de sonreír con él. Me rodeó con un brazo y me dio un beso en la sien.
Y así de
esta manera llegamos a casa. Como había previsto el viaje de vuelta había sido
muchísimo mejor que el de ida. Cuando entramos una gran pancarta de bienvenida
nos recibió además de un improvisado DJ Malik. Era más que obvio que íbamos a
dar una pequeña fiesta. Pero acabó pronto.
Tal vez
dos horas más tarde estábamos Liam y yo en uno de los sofás y Tom y Julia en el
otro. Liam se había empeñado en ver Toy Story, y como acababa de ser operado le
concedimos el capricho. Todo iba perfectamente pero alguien llamó al timbre.
-¿Habéis
pedido pizza?- pregunté. Ellos negaron con la cabeza. Me levanté y fui a abrir.
Me esperaba la más amarga de todas las sorpresas, la razón por la cual había
insistido en irme de Nashville. La persona que más odiaba en este mundo. Y ahora
estaba en la puerta de mi casa, de mi segundo hogar. Dan.
-Grace,
¿por qué no contestas a mis mensajes?
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