jueves, 22 de agosto de 2013

Capítulo 7: Hoy ha sido un cuento de hadas.

El móvil sonó a las dos de la mañana. Tuve miedo de cogerlo, ya que la última vez que lo hice a esas horas papá me había dicho que mamá estaba en el hospital. Al final sólo había sido una apendicitis leve, pero aún así tenía miedo. Miré la pantalla y el nombre de Ed se iluminó cuando desbloqueé.
-Ed, son las dos de la mañana. ¿Qué ha pasado?
-Ya, ya sé que es tarde, pero es que necesitaba preguntártelo. ¿Cómo ha reaccionado Noe?
-Bueno, se ha quedado un poco traspuesta, pero creo que se recuperará. ¿Falta mucho para que vengas?
-Mes y medio, aproximadamente. ¿Y qué hay de ti? ¿Vas a hacerlo?
-Sí. Después del puente. Iremos a la casa de campo de los padres de Tom. Se los diré allí.
La entrevista que los chicos darían al día siguiente empezaría en siete horas y yo no había dormido nada. Tendría que acompañarles, ya que hacía semanas que se los había prometido, pero no conseguía dormir. La conversación con Ed me daba vueltas y vueltas en la cabeza. ¿Cómo se los diría a los chicos? ¿Cómo se lo tomarían? ¿Estaba haciendo lo correcto? El caso es que correcto o no, la decisión estaba tomada. Me di la enésima vuelta en la cama e intenté dormir. No estoy muy segura de cuando lo conseguí, el último pensamiento que recuerdo es dirigido hacia mi padre.
El backstage era bastante aburrido sin las bromas de Louis, pero sabíamos que él había entrado a maquillaje hacía media hora. Eleanor y yo estábamos sentadas en uno de los sofás que permitían ver el plató, pero no que te viesen a ti. Los chicos entraron en la sala en un barullo de chillidos de fans y aplausos. Eleanor y yo no pudimos evitar sonreír. Si ellas supieran como eran esos chicos en la intimidad. Empezamos a comer los donuts que teníamos en la mesa de al lado y nos dedicamos a ver la entrevista.
La entrevista empezó como todas, haciendo muchas bromas y un poco la pelota a los chicos. Pero llegó el famoso momento de su vida personal. Como siempre le preguntaron por enésima vez a Louis sobre Eleanor y él respondió lo de siempre. Estaban juntos, se querían y él cada día estaba más enamorado. Siguieron las preguntas de siempre e incluso algunas sobre Taylor, a lo que Harry respondió que estaba harto de que se metiesen con ella. Sonreí. Al fin tomaba cartas en el asunto. Entonces le preguntaron a Liam sobre la famosa Sophia. Yo puse los ojos en blanco pero seguí viéndolo. Y menos mal que lo hice. Su respuesta fue una de las cosas más dulces que había hecho en semanas:
-No, no estoy con ninguna Sophia. Y agradecería que las “fans” dejasen de hacer referencia a esa supuesta chica, ya que me hacen daño tanto a mí como a una persona a la que quiero muchísimo.- dicho esto miró hacia el sofá. Pude notar como las lágrimas intentaban salir de mis ojos. Pero esta vez era de la emoción. La entrevista terminó una hora después y los chicos me rodearon. Eleanor se deslizó al lado de Louis y me miró también. Liam se adelantó un paso y me miró haciendo pucheros. Solté una carcajada y me tiré a sus brazos. Él me devolvió el abrazo y enterró su cara en mi cuello. Oh, como echaba de menos sus abrazos. No oí los aplausos de los chicos hasta que me separé de Liam. Tuve la sensación que no quería separarme de él jamás.
Esa noche me senté en la cama a leer, como todas las noches y oí unos pasos en la puerta. Levanté la vista y allí estaba. Venía con su camiseta de Batman, ahora limpia. Me sonrió y yo arqueé una ceja. Volvió a hacer pucheros y yo me volví a reír. Adoraba este juego y lo había echado demasiado de menos. Marcó mi libro y me lo quitó de las manos. Se sentó al lado mío y me miró a los ojos. Me recosté en su pecho y él me acarició el pelo. Me dio un beso en la frente y me acunó en sus brazos. Me tumbé en la cama dándole la espalda y él me abrazó. Empezó a darme besos en el cuello y me di la vuelta para decirle que teníamos que dormir. El me besó dulcemente y me apartó el pelo de la cara. Enterré mi cabeza en su cuello y me quedé dormida.
A la mañana siguiente bajé mis maletas y me subí al microbús. Pasaríamos cinco días en la casa de campo de los padres de Tom. Estaba en un pequeño bosquecillo al sur de Londres. Tras cuatro horas de viaje nos bajamos y fuimos a nuestras habitaciones para poner en orden las cosas. Liam y yo dormiríamos juntos así que nos metimos en la habitación entre peleas para conseguir el armario grande. Una vez él terminó de colocar sus cosas me abrazó por detrás y yo apoyé mi cabeza en su pecho. Me hizo girar y yo solté el jersey que tenía en la mano. Posó su boca en la mía y me atrajo hacia sí sin dejar de besarme. Rodeé su cuello y le abracé mientras él abría poco a poco la boca. Bajé mis manos a su pecho y empecé a empujarle suavemente para separarnos. Me miró extrañado y yo le di un corto beso a modo de disculpa. Terminé de colocar las cosas y deslicé mi mano en la suya. Me acercó a él y me dio otro beso. Bajamos a la barbacoa que estaba organizando Niall y nos sentamos a comer las famosísimas “Hamburguesas Horan.”
Estuvimos en el salón durante horas tocando la guitarra, cantando y hablando. Asamos nubes y bebimos chocolate caliente hasta casi las tres de la mañana. El sueño poco a poco me iba ganando, pero yo quería quedarme. Julia me dio unos golpecitos en el brazo para despertarme y entonces me di cuenta de que tenía que ir a dormir. Me levanté y entré en el pasillo para ir a mi habitación. En aquel momento llegó Liam y me abrazó por detrás. En cualquier otro momento habría jugado con él, pero me estaba quedando dormida. Me puse unas mayas y una sudadera, me metí en la cama y me adapté a la forma del cuerpo de Liam. Él me besó en la frente y me acarició el pelo.
-Te he echado de menos.
-Nunca me he ido.
-Te sentía lejos. No vuelvas a hacer eso. Nunca.
-No vuelvas a tener una novia falsa.- le dije riendo. Estuvimos hablando un rato más pero yo notaba el sueño vencerme poco a poco. Casi no podía oír lo que me decía. Sentía su voz entre ecos a kilómetros de distancia. Él siguió hablando y tuve que pedirle que parase. Bostecé y le besé para que se callara. Susurré un “te quiero” y me quedé dormida.
Me desperté con la cabeza apoyada en el pecho de Liam. “Podría acostumbrarme a esto” pensé. Pero sabía que era imposible. Al menos por ahora. Me revolví un poco para hacerle saber que estaba despierta y noté como su pecho subía y bajaba rápidamente mientras reía. Levanté la cabeza y deposité un corto beso en sus labios entreabiertos cortando su carcajada. Él me lo devolvió y fue moviéndose poco a poco hasta quedar por encima de mí.
-Buenos días, princesa.- sonrió mientras guiñaba un ojo.
-Sabes que odio que me llames así.
-¿Y como pretendes que te llame? ¿Gordi, luz de mi vida, cariño, cari…?
-Liam James Payne, si vuelves a hacer eso juro que no responderé de mí.
-Gracie Katherine McGraw, ambos sabemos que eres incapaz de hacerme daño.
Empecé a darle puñetazos en el abdomen y él a hacerme cosquillas. No estoy muy segura de en qué momento caímos al suelo, ni tampoco cuando le dimos el golpe a la mesa, solo sé que en aquel momento la pelea la estaba ganando Liam. Me besó con furia para hacerme parar y yo le mordí el labio con fuerza. Él se vengó haciendo lo mismo y notamos el salado sabor de la sangre llegando a nuestra lengua.
-Te odio.- le dije entre beso y beso.
-Yo te odio aún más.- replicó. Posó sus manos en mi espalda y tiró de mí hacia arriba dejándome sentada en sus rodillas. El sabor de la sangre seguía allí pero eso era lo que le daba emoción al momento. Seguimos besándonos durante al menos un cuarto de hora y podíamos notar como la temperatura en la habitación iba subiendo. Pero Louis y Niall siempre habían sido muy oportunos. Empezaron a silbar y me separé a la velocidad de la luz de Liam. Ambos estábamos rojos como un tomate, pero no podíamos dejar de reír.
-Espera, que no me ha quedado claro. ¿Entonces vas a llamar a Grace gordi? ¿O era “la luz de mi vida”?- dijo Louis agarrándose al marco de la puerta para no revolcarse de la risa. Le lancé un cojín que sorprendentemente le dio en la cara mientras Liam empezaba a pelearse con él de coña. Me doblé sobre mi cintura jadeando y noté la mano de Niall en la espalda. Me levanté y vi su sonrisa de “no sabes lo que me alegro por vosotros”. Sonreí y le di un abrazo a mi pequeño irlandés. Era más que obvio que era feliz con Nai, y hasta el momento yo lo era con Liam. Chocamos los cinco y nos dirigimos a separar a aquellos dos. El resto del día lo pasamos entre bañarnos en el lago y meternos entre la maleza a explorar. Dejé de contar las veces que Harry y yo retábamos a Zayn y Noe a ver quién recorría más territorio en diez minutos ayudándonos de una cuerda, cuando ya íbamos por la vigésima. Adoraba hacer este tipo de cosas con Harry. Normalmente, cuando las chicas lo conocían quería hacerle de todo, sin embargo yo me dije que ése sería mi hermano mayor. Recuerdo perfectamente el día que lo conocí. Que los conocí a todos.
Había sido un año antes, en el programa de Ellen DeGeneres, al que tanto papá como ellos estaban invitados. Ya  me encantaba One Direction por aquel entonces, e incluso mamá iba a llevarme a uno de sus conciertos por mi cumpleaños. Ese día yo simplemente iba a acompañar a mi padre al programa y conocería a Ellen. Ni siquiera recordaba que ellos estarían. Nos conocimos en backstage y fueron un completo cielo. Recuerdo que Harry me preguntó si tenía algún hermano mayor adoptivo. “No” le dije extrañada. “Ahora lo tienes” me respondió y me abrazó. Desde aquel momento, Harry y yo habíamos sido inseparables. Y lo seríamos siempre. No supe hasta que mamá me llevó al concierto que papá les había chivado el plan de mi cumpleaños. Nunca olvidaré como me hicieron subir al escenario, sentarme en el sofá y cantarme el Cumpleaños Feliz delante de todo un estadio a rebosar. Nunca olvidaré esa noche.
Harry me dio unos golpecitos en el hombro para indicarme que ya habían pasado diez minutos y que estaba enviando las coordenadas. Habíamos perdido esa ronda. Pero no importaba, porque aquel día había sido como un cuento de hadas. Esa noche decidí ver una película en la habitación y Julia se apuntó a la idea. Como era de esperar, tuvimos que apretarnos con Liam y Tom en la cama para no caernos. Sabía que esa iba a ser una de las mejores noches de nuestra estancia allí y pensaba aprovecharla. Cuando la película acabó, nos quedamos Liam y yo solos. Estuvimos hablando durante horas, bromeando, jugando a cazar mosquitos y dedicándonos a recuperar el tiempo que habíamos perdido. Apagué la luz para no molestar al resto y me recosté en su pecho. Esta vez fu él quién se quedó dormido primero. Parecía un ángel perdido en el cruel mundo real y por un momento quise despertarlo para devolverle al cielo. Pero me detuve. Ángel o no, era mío. Todo mío. Y no iba a dejar que se escapase tan fácilmente. Al menos de momento.
Los días siguientes se suceden en recuerdos felices y perfectos. No recordaba unas vacaciones mejores en años. Pero todo lo bueno tiene un fin. Y el final de estas vacaciones, era un arma de doble filo. Esa última noche estuve muy callada y podía notar la extrañeza de todos. Liam me había preguntada innumerables veces si me pasaba algo. Yo no hacía más que negar con la cabeza ya que el nudo de mi garganta me impedía hablar.
En medio de la cena me disculpé y me lo llevé a mi habitación. Notaba todos los ojos en mi nuca y sabía que todos estaban preocupados. Yo no solía actuar así. En la habitación, Liam abrió la boca para decir algo pero le besé impidiendo que hablase. Fue un beso mecánico, simplemente quería que me escuchase y necesitaba toda su atención. Luché contra el nudo de mi garganta y traté de parecer serena. Carraspeé y le miré a los ojos.
-Liam, te quiero. Más de lo que estoy dispuesta a admitir. Te quiero por encima de todo. Te quiero casi tanto como a mi padre. Así que espero que entiendas lo que voy a hacer, porque no tiene nada que ver contigo. Te quiero. Y te prometo que estaremos juntos muy pronto. Te quiero.- él abrió  los ojos como platos y pude ver como el color desaparecía de su rostro. Se puso pálido y le cogí la mano para hacerle saber que todo iba a ir bien. Le arrastré al comedor donde todos se horrorizaron al ver la cara de Liam. Éste se sentó y siguió mirándome con los ojos brillantes. Respiré hondo y lo solté. Sin parar. Alto y claro.

-Chicos me voy a Nashville. 

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