Harry
nos miraba a todos con cara de superioridad y la curiosidad nos estaba matando.
Sabía que las chicas iban a empezar a chillar de un momento a otro si no nos lo
decían. Algo que nos caracterizaba es que no nos podían decir algo y dejarlo a
medias. Éramos famosas por nuestra poca paciencia.
-Bueno,
¿lo soltáis o qué? No tenemos todo el día.- dijo Eleanor.
Harry y
Taylor se miraron, sonrieron y se abrazaron cómplices mientras hacían que
nuestra paciencia disminuyera a cada segundo. Y después de un minuto y medio de
“Díselo tú. No tú” Taylor nos miró y lo dijo:
-Hemos
decidido hacer público que nunca hemos roto de verdad, y además… NOS VAMOS A
VIVIR JUNTOS.
Llegados
a este punto ya estábamos todos chillando y abrazándolos. Llevábamos esperando
ese momento desde hacía meses. Entre todos habíamos hecho correr los rumores de
la supuesta pelea en las islas del Caribe. La realidad era que Taylor se había
hartado de que la insultaran por el simple hecho de estar saliendo con Harry.
Así que antes de irse de viaje habían estado hablando de hacer ver a los fans y
la prensa que habían roto. Además de eso, habían surgido rumores del supuesto
romance de Harry con Cara Delevigne y Jennifer Lawrence, cosa que había ayudado
a mantener el secreto. Yo no podía estar más feliz por ellos. Era de las pocas personas a las que Taylor acudía
las noches de frío invierno de Nashville a desahogarse. Estaba harta de verla
llorar. Y esperaba que esta vez Harry la apoyara.
Taylor
estaba sentada en la cocina hablando por teléfono cuando entré. Los demás
habían vuelto a desperdigarse por la casa y ella estaba diciéndole a su madre
lo que iba a hacer. Era gracioso porque parecía una niña pequeña a la que
acaban de decirle que puede quedarse para siempre en Disneylandia. Yo adoraba a
esa pequeña rubita. Lo irónico era que yo apenas tenía dieciséis años, ella
estaba a punto de cumplir veinticuatro y había veces en las que cambiábamos de
papeles y era yo quien la consolaba frente a una enorme tarrina de helado de
chocolate.
-Vale
mamá, hablamos luego. Yo también te quiero. Adiós.
-¿Cómo
se lo ha tomado?
-¡Dios
Grace! Que susto. Bueno, como me imaginaba. Ha dicho que si me hace feliz ella
estará de acuerdo, pero que me lo piense bien.
-Estoy
totalmente de acuerdo con ella Tay.
Le di un
abrazo y subí a mi habitación. Nada más entrar vi el vestido de la noche
anterior hecho una bola negra y húmeda en el centro de la habitación. Suspiré y
lo cogí para llevarlo al lunes siguiente a la tintorería. Seguí recogiendo mi
habitación y cuando acabé me tumbé en la cama cogiendo el libro que había
dejado el día anterior. Inferno.
Estaba
tan absorta leyendo que no oí los pasos en la escalera. Me solía pasar eso cada
vez que leía. Incluso había fotos mías leyendo totalmente concentrada. Había
una que me encantaba y era la favorita de Liam y estaba colgada en el corcho de
su habitación. La foto me la había sacado Perrie a escondidas una noche de
enero. En la foto salía yo en la cama de Liam y él en el suelo haciendo una
twitcam. Estaba leyendo Inferno y me mordía el labio. También tenía el ceño
fruncido. Era una cara bastante graciosa.
Una voz
grave me sacó de mi ensoñación y pegué un brinco a la vez que se me saltaban
las lagrimillas:
-¿Cómo
está mi chica sureña?
-¡PAPÁ!
Lo que
una persona normal vería en aquel momento al entrar a la habitación sería a una
chica de dieciséis años abrazada a Tim McGraw. Los que nos conocen verían a
Grace abrazando a su padre, un padre al que hacía meses que no veía. Maldito
tour. Me encantaba la música de mi padre y estaba enamorada de sus conciertos
pero era duro pasar tantos meses separados.
Le estreché un poco más entre mis brazos y le miré a los ojos. Adoraba a
ese hombre. Normalmente, las chicas solían estar más unidas a sus madres pero
no era mi caso. Mi padre era la persona que más quería en el mundo.
Papá
sonrió, pasó un brazo por mis hombros y empezó a dar vueltas alrededor de mi
habitación, observando el desastre de la noche anterior. Rió por lo bajo al ver
mi vestido (o lo que quedaba de él) y observó a pared donde había colgado todas
las fotos. Me abrazó un poco más fuerte cuando reparó todas las fotos que había
sacado de Twitter de su tour.
-¿Y qué
haces en Londres? Creía que estabas en Chicago.
-Me han
dado un descanso y pensé que podría disponer de guías inglesas unos días.
No podía
ser más feliz. Le abracé y me dio un beso en la frente. Fuimos al piso de abajo
y nos llegó un olor al que mi nariz ya se había habituado: Pedidos Horan. “Oh,
es sábado” recordé. Todos los sábados sin excepción Niall iba a Nando’s y traía
comida para todos. No sabíamos como conseguía llegar al restaurante y volver de
forma que no nos enterásemos, el caso era que lo conseguía. Cuando llegué abajo
me sorprendió ver un pedido para mi padre, ya que él había llegado por
sorpresa, pero era tan feliz que no dije nada. Cogí mi hamburguesa y me dirigí
al final a hacer zapping. Papá se sentó a mi lado y pusimos un programa sobre
los sucesos “paranormales” que ocurrían en las sombrías callejuelas de Londres.
Nos gustaba mucho ver este tipo de cosas porque nos encantaba burlarnos durante
horas de lo que podía llegar a creerse la gente.
Oímos pasos
que se acercaban y por la puerta aparecieron casi todos los que vivían en casa
para darnos las buenas noches antes de salir. Esa noche sólo nos quedaríamos
Tom, Julia, Liam, papá y yo. Todos nos dieron las buenas noches y se fueron. Yo
me acomodé en el sofá y Liam se sentó en el suelo a mi lado tras darle un
abrazo a mi padre. Creo que Liam era de los mejores que le caía. Y no pienso
negar que eso me encantaba.
No me di
cuenta de que me había quedado dormida hasta que me noté volar escaleras
arriba. Notaba unos brazos fuertes pero cómodos que me llevaban a mi habitación
y me revolví evidenciando que estaba despierta. Recordé en ese momento que mi
padre estaba en casa y sonreí. También pude sentir su sonrisa aunque tenía los
ojos cerrados.
-¿Papá?
-No, Tim
hace un rato que se fue a dormir.- dijo una voz conocida.
Fruncí
el ceño y abrí los ojos. Liam me devolvía la mirada mientras subía las
escaleras. Apenas podía creérmelo hasta que recordé el poco tiempo que hacía de
su ruptura con Danielle. De mala gana forcejeé para bajarme pero él no me soltó
hasta que llegamos a la puerta de mi habitación.
-Normalmente
a las chicas suele gustarles que las lleven en brazos.- dijo arqueando una
ceja.
-Ya
sabes que no soy una chica normal.- le respondí con una sonrisa sarcástica en
la cara. Papá estaba en casa y no me hacía especial ilusión coquetear con Liam
estando él en la puerta de enfrente. Le di un abrazo e hice amago de entrar a
mi habitación pero él me agarró del brazo y me obligó a darme la vuelta. En ese
momento mi cabeza quedaba justo debajo de la suya y mi sangre empezó a bombear
más deprisa y con más fuerza.
-Tu
padre dice que no te levantes muy tarde. Nos ha invitado a un picnic en Hyde
Park mañana. Ah y dice que le encanta tu camiseta de Las Vegas.
-Papá
nunca me ha visto con esa camiseta.- le respondí esforzándome por mirar el
cuello de su camiseta.
-Digamos
que tu padre y yo tenemos gustos similares. Buenas noches Grace.
Lo
observé mientras se metía en su habitación con una sonrisa de suficiencia en la
cara. Puse los ojos en blanco y me metí en la cama. Mientras me quedaba dormida
intentaba repasar uno a uno todos los acontecimientos del día. Me dormí con la
sonrisa de Liam grabada a fuego en mi cerebro.
Me desperté
con la voz de papá diciéndome que me diese prisa o no llegaríamos nunca. Me
levanté y me preparé y en menos de media hora estaba lista y saliendo por la
puerta. Cuando llegamos al parque no nos sorprendió que saliesen fans de debajo
de las piedras a hacerse fotos con Niall, Harry, Liam e incluso con mi padre. Así
que mientras ellos terminaban nosotras extendimos la manta y empezamos a sacar
la comida. Cuando los chicos acabaron se sentaron a nuestro alrededor y
empezaron a comer con nosotras. Llevábamos un rato riéndonos cuando papá pidió
silencio:
-Chicos,
tengo que contaros algo. Veréis, ya sé que llegué ayer, pero tengo que coger un
avión esta noche. Lo siento Grace, cariño. También te he echado muchísimo de
menos, pero ya sabes cómo va esto.
Sentí
como el color se iba de mi cara. En ese momento me dio un frío que conocía muy
a mi pesar demasiado bien. Noté unos brazos abrazándome y sabía que eran Taylor
y Nai, pero ellas también sabían que eso no iba a calmarme. Miré con lágrimas en
los ojos a papá y me levanté para abrazarle. Sabía que iba a ser mi último
abrazo en muchos meses. Esa misma tarde le acompañamos al aeropuerto. No tuvimos
casi tiempo de despedirnos, porque como siempre James, su piloto privado era
muy borde. Le di un abrazo a papá y volvimos a casa.
Cuando
entramos por la puerta vimos una escena que hacía semanas que no veíamos.
Danielle estaba en la cocina con Loki en brazos mientras lo abrazaba. Louis y
Eleanor estaban detrás de ella con evidente cara de disculpa. Todos miramos a
Liam que obviamente se había puesto palidísimo. Si la escena no hubiese sido
tan seria, lo más probable es que Louis hubiese hecho algún chiste llamándole
Voldemort. Pero la situación no estaba para risas.
Danielle
nos pidió que saliésemos todos y subimos al piso de arriba. Nos metimos en la
habitación de Ed y Niall, porque era la desde la que más se oía lo que pasaba
abajo. Estuvimos oyendo gritos durante una media hora y después un portazo. Nos
miramos todos y bajamos a ver qué pasaba. Y la escena no era agradable.
-Danielle
se ha llevado a Loki.- nos anunció un Liam lloroso y con la cara entre las
manos.
En aquel
momento se activó algo en mi cerebro. No podía ver a Liam así. Di un paso
adelante y él levantó la vista. Me miró y entonces lo supe: necesitaba un
abrazo. De esos que te dan tus amigos cuando todo tu mundo está en llamas y
ellos son la única cantimplora de agua que te queda.
Estuvimos
abrazados todos, como una gran familia durante lo que me parecieron horas, pero
no me importó. Sabía que Liam lo necesitaba. Después de un rato dijo que tenía
que irse a su habitación. Había sido un día demasiado largo y todos necesitábamos
dormir. Había sido un fin de semana muy extraño. Primero la macrofiesta del
viernes. Después la llegada de mi padre para solo quedarse un día. Y ahora
esto. Danielle quería a Loki. Y de momento lo estaba consiguiendo.
-¿Grace?
¿Puedes subir un momento? Tengo que contarte algo.- la voz de Liam me llegó amortiguada.
Supuse que era por estar llorando. Subí
y me lo encontré sentado en la cama mirando al suelo. No estaba llorando. Ya no.
Pero sus ojos rojos le delataban. Entré y me senté al lado suyo y le toqué el
hombro para hacerle saber que estaba allí. Él me cogió la mano y me miró. Estaba
aguantándose las ganas de llorar.
-Lo de
esta tarde no estaba previsto, y pensaba pedirte esto desde que me lo dijeron,
pero… Mañana tengo una revisión del riñón. Y quiero que vengas conmigo.
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