martes, 13 de agosto de 2013

Capítulo 5: Todo ha cambiado

Los chicos salieron de la casa al oír mis gritos y tuvieron que alzarme en volandas para separarme de Dan y la serie de puñetazos, patadas y arañazos que le estaba propinando. ¿Cómo se atrevía a aparecer en mi casa de esa manera? ¿Quién se creía que era?  Aparté mi vista de él para evitar volver a saltarle al cuello. Había gastado energía en ese imbécil por segunda vez en mi vida y no quería volver a cometer ese error. ¿Qué pensaba, que con decirme que lo sentía arrodillado delante de mí iba a saltar a sus brazos? Las cosas habían cambiado.
Entré en casa y subí a mi habitación cerrando detrás de mí con un portazo. Las lágrimas volvían a pujar por salir de mis ojos pero yo no pensaba volver a llorar por alguien que no se lo merecía. Por alguien que cambiaba las reglas de su propio juego según pasaban las horas. Estaba harta de eso. Y jamás volvería a llorar por él.
-Grace, abre. Están los chicos abajo, vengo solo.- la voz de Liam me llegó en un susurro. Abrí un poco la puerta y él aprovechó para entrar. Cerró la puerta tras de sí y me agarró por los hombros. Nunca había visto a Liam de esa manera. Y en cierto modo, tuve miedo.
-¿Qué te hizo ese imbécil? ¿Qué te hizo? Grace, por Dios dímelo. Dímelo y juro que le mataré. ¿Qué te hizo?
No respondí. No podía hacerlo. Hice caso omiso a mi promesa de no volver a llorar y me derrumbé. Caí de rodillas y las lágrimas empaparon mi camiseta. Liam se arrodilló al lado mío e intentó limpiarme la cara. Me atrajo hacia sí y lloré como hacía meses que no lloraba. Él se limitó a acariciarme el pelo y acunarme hasta que me calmé. Cuando por fin pude parar de llorar alcé la cabeza para agradecerle a Liam todo lo que había hecho por mí ese día. Pero no tuve tiempo. Antes de que pudiese mediar palabra presionó su boca contra la mía. No recordaba la última vez que alguien me había besado así. Quizás nunca había habido ninguna vez antes. Su beso rebosaba desesperación. Desesperación por hacer algo que sabíamos que estaba prohibido. Desesperación por hacerme olvidar todo el daño que había sufrido. Desesperación por todas esas veces que no pudimos ser solo dos personas normales que pudiesen estar juntas.
No tengo ni idea de cuánto tiempo estuvimos besándonos. Solo sé que maldije a mi cuerpo por necesitar oxígeno. Liam se separó de mí y me abrazó.
-Te quiero.
-No me dejes sola. No hoy.- supliqué. Él me cogió en brazos y me llevó a la cama. Me hice a un lado para dejarle sitio y él se estiró a mi lado. Me abrazó y empezó a juguetear con mi pelo. Cuando levanté la cabeza vi que tenía los ojos brillantes. Las lágrimas volvían a salir de mis ojos y él volvió a limpiarlas. Se inclinó y me dio un beso que me supo a lágrimas. Me recosté y cerré los ojos. Había sido un día agotador y yo sólo quería que acabase. Lo último que recuerdo de aquella noche es haberme quedado dormida en los brazos de Liam.
Un rayo de sol me dio de lleno en el ojo y me revolví para apartarlo, pero oí una risa ahogada y abrí los ojos. No esperaba que fuese a quedarse toda la noche conmigo, sin embargo, allí estaba. Tenía los ojos llenos de legañas y la cara hinchada pero yo jamás lo había visto tan guapo. Sonrió y rozó sus labios con los míos.
Bajamos a desayunar y nos encontramos a Niall y Nai aún más cariñosos que el día anterior. Nos miramos y estallamos en carcajadas. Ellos se dieron la vuelta extrañados. Ni siquiera se habían dado cuenta de que habíamos entrado. Creo que su auténtica reacción fue cuando vieron nuestras manos entrelazadas. Nai soltó un gritito y empezó a batir palmas, lo que provocó que Niall la abrazase por detrás.
-A mi no me engañáis. Vosotros dos tenéis algo y tú maldita no me lo has contado.- me dijo Nai sonriendo sarcásticamente.
-Yo puedo decir lo mismo.- le respondí.
En aquel momento bajaron Zayn y Perrie cargados de maletas. Nos explicaron brevemente que se irían una semana a París y que por eso habían estado todo el día de ayer pegados al ordenador. Nos despedimos de ellos y nos pusimos a desayunar con los chicos en el jardín. Poco a poco todos se fueron levantando y uniendo a nosotros. El día había empezado de la mejor forma posible, pero todos sabíamos que era efímero. En poco tiempo surgiría otro problema. Y no nos equivocábamos.
En menos de veinte minutos volvieron a llamar al timbre. Esta vez y por seguridad fue Harry quien abrió. Estuvo un momento hablando con el visitante y salió de nuevo al jardín. Nos hizo señas para que saliésemos y me pasó un brazo por los hombros como el hermano mayor que nunca había tenido. Solo cuando hizo eso caí en la cuenta: Dan había vuelto. Cuando vi su cara con el feo arañazo de la mejilla que le había hecho la noche anterior tuve que controlarme para no emparejarle la otra mejilla.
-Grace, lo de anoche estuvo fuera de lugar, yo sólo quería hablar contigo.- me dijo como si fuese la primera vez que hablaba conmigo. Conocía perfectamente ese tono y las ganas de escupirle en su asquerosa cara aumentaban por segundos. Pedí a todos que me dejasen y noté una mano apretándome el hombro. Me di la vuelta y Louis me sonrió. Tom me dio la mano y se la apreté para darle a entender que todo iría bien. Una vez hubieron entrado todos me apoyé en el marco de la puerta y miré a aquel imbécil. ¿Cómo pude haber sufrido tanto por una persona? Él alargó la mano y yo me eché atrás mirándolo con asco. No quería verle, no quería escucharle, no quería saber de su existencia. Pero sabía que eso era demasiado para la naturaleza.
- Dan, lárgate. No tienes nada que hacer aquí, y si sigo viendo tu maldita cara juro que te mataré. Lárgate.
-¿Ni siquiera vas a oír lo que tengo que decirte?
-No.- y le cerré la puerta en las narices. Sabía de sobra que se iba a quedar allí pero no me importaba. Si tenía que salir le daría una patada en sus partes nobles y seguiría mi camino.
Me dirigí a la cocina donde Taylor estaba haciendo uno de sus experimentos culinarios, que siempre sabían a gloria, frente a Harry, Liam, Tom y Julia que parecían niños que acaban de encontrar sus regalos bajo el árbol de Navidad. Aunque admito que los entiendo porque el olor que habñia en ese momento en la cocina no era como para pasar de largo. Me senté al lado de Julia y ésta me sonrió como para darme la bienvenida.
Cuando Taylor terminó, nos puso delante un brownie enorme que en vez de nueces tenía M&M’s. Creo que jamás probaré algo tan delicioso. Estuvimos comiendo brownie y hablando entre nosotros durante casi toda la tarde. Un rato después de empezar se nos unieron Louis, Nai Eleanor, Ed, Noe y Niall. Total que esa noche nos habíamos acabado el brownie entre todos.
Poco a poco todos se fueron yendo a sus habitaciones hasta que solo quedamos Liam y yo. Él se acercó al aparato de música y trasteó un poco con los CDs. Una vez acabó de toquetar botones Crazier inundó la habitación. Liam me cogió de las manos y empezamos a girar por toda la cocina. Quería quedarme en ese momento para siempre, solo él y yo bailando alrededor de la mesa.
Liam me elevó agarrándome por la cintura y empezó a dar vueltas sobre sí mismo y cada segundo de ese momento fue como tocar el cielo. Cuando acabó la canción me miró a los ojos y sonrió. Yo pasé mis brazos alrededor de su cuello y lo atraje hacia mí. Me puse de puntillas y le besé. El rodeó mi cintura con sus brazos y me atrajo aún más hacia él. Dejó un brazo descansando en mi cintura y empezó a acariciarme la espalda. Me separé de él y eché la cabeza hacia atrás, inmensamente complacida y cuando volví a mirarle vi que estaba haciendo pucheros. Me reí y él me colocó en su cintura. Volvió a besarme y esta vez con un poco más de furia. Clavé mis uñas en su cuello y él gruñó con placer. Se separó de mí y me bajó al suelo. Fruncí el ceño y él me besó de nuevo. Pero esta vez fue un beso corto, mecánico.
-Mañana tengo entrevista, ¿recuerdas?
-Entonces, buenas noches.- le di un beso en la mejilla y empecé a caminar hacia la escalera, pero él me agarró del brazo y me hizo dar la vuelta. Choqué con su pecho y él rió por lo bajo. Le di un puñetazo en el estómago y él se arqueó controlando el dolor. Rodeó mi cintura y me acercó de nuevo hacia él.
-¿A dónde se supone que vas?
Se agachó y golpeó mi cadera con su hombro. Me eché adelante y él me cogió en brazos. Empezó a correr escaleras arriba y yo empecé a darle puñetazos en la espalda para que me soltase, sin embargo no lo hizo hasta que llegamos a mi habitación. Me tiró con violencia sobre la cama y se inclinó sobre mí. Volvió a besarme y comenzó un recorrido de besos que iban desde mi mandíbula hasta mi clavícula. Clavó sus rodillas a cada lado de mi cadera y me dejó totalmente inmovilizada. Se irguió y se quitó la camiseta para volver a caer sobre mi clavícula.
-Liam… creo que deberíamos parar…
-No voy a hacer nada que no quieras. Sólo tienes que pedirme que pare.
-Sabes que no seré capaz de pedírtelo.
Liam se tumbó a mi lado sin dejar de besarme y yo me adapté a la forma de su cuerpo. Cuando dejamos de besarnos enterré mi cabeza en su cuello y noté como se reía. Le golpeé el brazo y entonces me reí yo. Empezó a darme besos en la coronilla y lo apreté aún más contra mí.
-Ahora sí que son buenas noches.- fue lo último que oí que decía. Después me quedé dormida.
Los días siguientes seguí durmiendo con Liam todas las noches. Íbamos alternando el dormir en su habitación y la mía. No estábamos juntos pero ya se me hacía raro no tenerle a mi lado todas las noches.
Después de una semana, y tras la vuelta de Zayn y Perrie de París, nos levantamos relativamente tarde y bajamos a desayunar. Había un olor delicioso a gofres y tanto Liam como yo salimos corriendo para coger el grande. Le echamos sirope de chocolate a los dos gofres y empezamos a comer frente a dos tazas de café humeante cuando llamaron a la puerta. Me levanté de mala gana dejando el gofre en el plato y fui a abrir. Y allí estaba él otra vez. ¿Es que no pensaba dejarme en paz?
-¿Y ahora qué demonios quieres?
-¿Una camiseta de Batman? ¿De quién es esa camiseta? Hay otro tío?
-No tengo por qué darte explicaciones de nada. Y ya te dije que te largaras.
-Grace, te lo voy a preguntar una vez más y será la última, ¿de quién demonios es esa camiseta?
-Dan, chaval, te acaba de decir que te largues. Fuera de mi casa o llamaré a la policía.- Liam apareció detrás de mí con el móvil en la mano. Dan nos miró a ambos y se fue maldiciendo por lo bajo. Cerramos la puerta y seguimos desayunando.
Unos gritos en el piso de arriba interrumpieron la paz que había en casa. Venían de la habitación de Noe así que subí a ver qué pasaba. La escena que me encontré no podía ser más extraña. Noe daba vueltas saltando por toda la habitación mientras batía palmas.
-¡¡ Tristan ha llamado, Tristan ha llamado, Tristan ha llamado!!- repetía una y otra vez con una voz cantarina. Me costó menos de dos segundos adivinar la causa de su felicidad. Hacía semanas que no veía a Tristan. Llevaban saliendo casi tres meses pero estar en ciudades separadas condicionaba mucho que se vieran. Pero este fin de semana Tristan vendría a casa y podríamos ver la cara de enamorada de Noe durante un tiempo.
La pena era que justo ese mismo sábado Tom tenía que coger un avión a Nueva York. Estaría fuera unas dos semanas y no podría casi ni saludar a Tristan. Le recogimos en la estación de tren y seguimos hacia el aeropuerto. La despedida de Tom fue demasiado emotiva y Julia no pudo aguantar y rompió a llorar. Tom la abrazó y le susurró algo en el oído. Ella se puso de puntillas y le dio un corto beso. Después vino hacia nosotras y se refugió en los brazos de todas. Nos despedimos de Tom una vez entró en el control y volvimos a casa. Esa misma noche recibimos un email suyo.
Hola chicos. Nueva York es increíble. Ojalá pudieseis estar aquí vosotros también. Nada más llegar me han recibido un montón de fans. Chicos ya sé lo que sentís jajajajaja. Os echo un montón de menos, y acabo de llegar. Os quiero mucho.
Al día siguiente fuimos al centro de compras. Estuvimos toda la mañana en Oxford Street y después de almorzar decidimos ir al cine. Esa noche estrenaban la nueva película de Lilly y Jamie. Teníamos muchas ganas de ir porque no los veíamos desde que nos habíamos ido de Estado Unidos.
Como siempre, salimos con el tiempo justo de casa. Pero qué demonios íbamos a un estreno. Queríamos estar presentables. Una vez en la puerta de atrás del cine nos dejaron pasar a la zona VIP. El poder de haber ido con la famosísima Taylor Swift. Sentados en unos sofás ofreciendo una entrevista estaban nuestros cazadores de sombras. Cuando acabaron su entrevista vienieron a saludarnos.
-Que guapas venís. ¿Es por el estreno o tenéis a alguien especial?- nos dijo Jamie. Estaba guapísimo con su traje. Con la particularidad de que no se había puesto corbata. Pero así era él. Siempre tenía que ir marcando tendencia. Lilly también estaba preciosa. Llevaba un vestido verde oscuro que le llegaba justo por encima de la rodilla. Los dos estaban guapísimos. Admito que hubo un tiempo en el que Lilly no me caía demasiado bien, pero ahora que la veía feliz y asentada no podía alegrarme más por ella. Entramos a la sala y admiramos el gran trabajo que habían hecho. Era impresionante. Cuando salimos del cine, los chicos nos invitaron a cenar.
Llegamos a casa bastante tarde y nos encontramos  maletas en la puerta. Ed salió de la cocina hablando por teléfono y nos hizo señas para que esperásemos una explicación. Cuando terminó nos hizo sentarnos en el sofá.
-Chicas, no os lo había dicho porque han pasado un montón de cosas estos días, pero me voy de gira. Estaré fuera unos dos meses.

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