Los
chicos fueron a recoger a Tom esa mañana y nosotras nos quedamos decorando la
casa. Sólo se había quedado Zayn para montar la mesa de mezclas. Hacía tan solo
cinco días que Ed se había ido, pero notábamos su ausencia. Echábamos de menos
a nuestro pelirrojo. Y Noe no estaba especialmente optimista desde que Tristan
se había vuelto a casa. Eso era lo malo de que se vieran. Podían estar en una
nube durante un tiempo pero una vez se separasen ella estaría deprimida durante
al menos una semana. Por suerte, la vuelta de Tom le había devuelto un poco de
ilusión pero no sabíamos cuanto le aguantaría.
Otra que
estaba especialmente feliz era Julia. Llevaba arreglándose una hora y media en
su habitación y ya había bajado tres veces a preguntarnos si se rizaba o se
alisaba el pelo. Nosotras no podíamos evitar reírnos pero nos parecía adorable
todo lo que estaba haciendo. En cierto modo yo estaba un poco celosa de que
ella se arreglase tanto para ver a Tom porque no tenía que preocuparse de que
nadie pusiese pegas a su relación. Adoraba dormir con Liam y pasar tiempo con
él, pero quería actuar como una pareja totalmente normal, salir a dar paseos
por el parque, salir a cenar, arreglarme de vez en cuando. Pero sabía que no
podía. Era imposible estar juntos sin causar revuelo.
Cuando
Tom entró por la puerta tuvimos que controlarnos para no salir corriendo a
abrazarle. Se suponía que teníamos que tapar a Julia. Él empezó a abrazarnos a
todas una a una y a mirar a su alrededor. Sabíamos perfectamente que buscaba a
Julia. Después de dejarlo desesperarse durante un par de minutos nos hicimos a
un lado para que viese a nuestra amiga. Ella iba preciosa esa noche. Al final
habíamos decidido ayudarla y le habíamos ondulado el pelo y la habíamos
maquillado lo más natural posible. Llevaba unos pantalones negros ceñidos y una
blusa blanca.
Saltó a
los brazos de Tom y por un momento creímos que habría que dejarlos solos, pero
Zayn y Louis cuando se juntaban podían tener mucho arte a la hora de cortar el
rollo a la gente. Justo cuando empezábamos a darnos la vuelta para irnos empezó
a sonar por todos los altavoces de la casa Tears in heaven. Los chicos se
separaron y los miraron con odio. Pero qué demonios no podían decir nada. Tom
nos contó todas y cada una de las maravillas de Nueva York. Habían sido dos
semanas muy duras, pero habían valido la pena. Había conseguido medalla de oro.
No podíamos estar más orgullosos de él.
Llevábamos
unas tres horas de fiesta cuando tocaron la puerta. Las ocho primeras veces
casi no lo oímos pero cuando se convirtió en un molesto timbrazo decidimos
abrir. Y allí estaba Dan otra vez. ¿Es que no me pensaba dejar en paz nunca?
¿Aún no entendía que no quería saber nada de él?
-¡Vaya!
¿Así que ahora montas fiestas en casa? Grace, has cambiado.- me dijo como si
aún tuviese algún tipo de poder sobre mí.
-Dan, a
ver si se te mete en la cabeza. No quiero tener nada que ver contigo. Na-da. No
somos nada. Lárgate. No quiero volver a verte en mi vida.
Intenté
cerrar la puerta, pero él puso su pie en el espacio que dejaba impidiéndome
cerrarla. Liam llegó en ese preciso instante y me pasó un brazo por los
hombros. Permitió Dan abrir la puerta y
le pidió que se fuese.
-Payne
vete. Esto no va contigo.- le dijo Dan. Liam se limitó a abrazarme y darme un beso
lo suficientemente largo para darle a entender a ese imbécil que le había
olvidado. Dan miró al suelo y se fue por fin. Volvimos adentro y seguimos con
la fiesta. Estuvimos bailando durante toda la noche nuestras canciones
favoritas y no subimos a acostarnos hasta las tres de la mañana. Me empecé a
dirigir a mi habitación pero Liam me cogió de la mano y me hizo caminar hacia
la suya. Entramos y como siempre me lanzó una de sus camisetas. Era obvio que
esa noche tocaba dormir en su habitación. Me quité el vestido y me puse su
camiseta de Batman. Adoraba esa camiseta. Él cogió unos pantalones de
baloncesto y se metió en la cama. Me metí detrás de él y me besó. Como todas
las noches estuvimos besándonos hasta que ambos nos quedamos dormidos.
A la
mañana siguiente tanto Tom como los chicos tenían entrevistas, lo que nos
dejaba a todas las chicas solas en la casa. Vimos la entrevista de los chicos
por la televisión mientras la comentábamos ya que Tom iba a una revista. Nos
traería un ejemplar nada más volver. Al estar solas nos dedicamos a arreglarnos
mutuamente. Tom llegó varias horas antes que los chicos y la lasaña que
estábamos haciendo no estaba lista. Entró y lanzó un ejemplar de la revista ya
editada por la página de su entrevista y nos acercamos todas a leerla. Había
una de las preguntas señalada con rojo y saltamos directamente a ella.
P: Bueno Tom, sabemos que estás
viviendo actualmente con gente como One Direction, Taylor Swift, Ed Sheeran, e
incluso la hija de Tim McGraw y sus amigas.
R: Vivir con todos tus amigos es
una experiencia increíble, y aunque la gente diga que es complicado al ser
tantos como somos (alrededor de catorce), pero es mentira. Todos intentamos ser
lo más responsables posible y tratar de mantener la casa decente. Es cierto que
montamos nuestras fiestas, pero si entrases a casa después de una sin haber
estado en ella no lo sabrías.
P: Últimamente te hemos visto
bastante más feliz de lo habitual, ¿alguna razón en especial?
R: Tengo que admitir que sí. Se
llama Julia. No estamos juntos oficialmente, pero hace que me sienta el chico
más feliz sobre la faz de la Tierra.
Una vez
terminada de leer la entrevista, la cara de Julia era de admirar. Primero abrió
muchísimo los ojos. Después su boca se abrió para dejar paso al rubor de su cara.
Dejó escapar un grito ahogado y saltó a los brazos de Tom. Chocó contra su
pecho y él tuvo que agarrarle para impedir que se hiciese daño. Empezamos a
reír cuando ella levantó la vista confundida y él la besó. Ahora era más que
oficial que estaban juntos. La vida de Julia había cambiado. Y no estábamos muy
seguras de si para bien o para mal.
Esa
tarde me decidí a abrir Twitter por primera vez desde hacía días. No tenía
muchas interacciones, pero si vi algo que me sorprendió. Muchísimas alusiones a
“la nueva novia de Liam.” Noe estaba detrás de mí, leyendo todo. Nos miramos y
sonreímos hasta que leímos el nombre de la supuesta novia. Sophia. Ni siquiera
se parecía a Grace. Había hasta fotos. Se me cayó el alma al suelo. Creía que
teníamos algo. No estaba muy segura de lo que era, pero estaba segura de que
era algo. Y ahora todo mi mundo estaba rompiéndose en pequeños trocitos que no
me arriesgaría a volver a unir. Imprimí los tweets y me fui al sofá a esperar a
los chicos.
Más o
menos a las cinco de la tarde entraron en casa. Los mandé a todos al jardín y
me encerré en la cocina con Liam. Podía notar el temblor de mis manos pero pude
aguantarme. Él me miraba extrañado y miraba con aún más extrañeza los papeles
que sostenía en la mano. se los lancé y él los ojeó. Con cada página abría más
los ojos.
-Te
pediría una explicación. Pero estas fotos me la han dado.- le dije con un hilo
de voz. Sabía que si hablaba más alto empezaría a llorar y no quería darle esa
satisfacción. Ya se había reído bastante de mí.
-No
Grace, no lo entiendes. Todo esto es mentira. Juro que no estoy con nadie de
verdad. Por favor Grace créeme.- me suplicó. Pero ya me conocía esta historia.
Abrí la puerta y subí a mi habitación. Mi móvil estaba encima de la cama y
empezó a vibrar cuando me tumbé en ella. Miré la pantalla de mala gana. No
tenía ningunas ganas de hablar con nadie. Excepto con él.
-¿Brad?
¿Pero tú seguías vivo?
-Me
ofenden ese tipo de preguntas. ¿Acaso quieres que muera?
-Sabes
que no pedazo de idiota. ¿Cómo estás? Te echo muchísimo de menos.
-Genial,
sobre todo ahora que tenemos un descanso de una semana. Yo también te echo
muchísimo de menos.
Seguimos
hablando durante horas. Brad era de los pocos con los que podía salir por ahí
sin ningún tipo de tapujo a tomar algo o incluso a ir de compras. Eran las
ventajas de tener un mejor amigo que no fuese mundialmente famoso. Muchas veces
Harry se enfadaba conmigo porque cancelaba planes con él para salir con Brad.
Pero tenía que entenderlo. Cada vez que salía con ellos teníamos a un montón de
chicas pendientes de nosotros. Prácticamente teníamos que salir con bolígrafos
de sobra. Pero con Brad, James, Connor y Tristan era diferente. Eran conocidos,
sí, pero no te asaltaban miles de fans por la calle. Y por eso adoraba salir
con ellos.
Cuando colgué
el teléfono bajé a cenar algo. Me moría de hambre. Entré en la cocina y abrí el
frigorífico para ver si teníamos algo decente que comer. Cogí unas lochas de
jamón y queso, y me preparé un chocolate caliente para ir a ver la televisión. Sabía
que era probable que dijesen algo de los chicos en los programas de cotilleo,
pero esa noche no había nada más que ver. Perrie llegó con un trozo de pizza
calentada en el microondas y se sentó a ver la tele conmigo. Nos reímos de un
par de cotilleos que decían sobre artistas como Madonna, Mick Jagger y
estrellas por el estilo. Pero pasado un rato, empezaron a hablar de One
Direction. Y muy a mi pesar de la nueva novia de Liam. Dejé el canal, porque
Perrie no tenía que pagar mi enfado y empecé a mordisquear mi sándwich intentando
no mirar a la tele. Cuando me lo acabé fui a la cocina y puse el plato y la
taza en el lavavajillas. Subí a mi habitación y con los cascos empecé a leer.
Llevaba
un buen rato leyendo cuando Niall entró en la habitación. Me dio unos
golpecitos en la pierna y yo la aparté para que se sentase. Él se tumbó boca
abajo a mi lado y me quitó uno de los cascos. Yo me acerqué un poco a él y así
pudo leer por encima de mi hombro. Estuvimos así durante un rato hasta que él
apagó mi iPod. Me quitó el libro de las manos, lo marcó y lo cerró. Me senté
con las piernas cruzadas y le miré de mal humor. Él se sentó frente a mí y me
dijo lo que yo ya estaba harta de oír:
-Lo que
están diciendo de Liam es mentira. Y tú deberías saberlo mejor que nadie.
-Nialler,
déjalo. No quiero hablar de eso. Estoy harta de dramas.
-Grace,
él te quiere. Te quiere muchísimo. Y le está haciendo daño todo este tema. ¿Es
que no lo ves?
Quería
creerle. Quería dejarle allí intentando explicarse y saltar a los brazos de
Liam. Pero ya me conocía ese cuento y había caído en él muchas veces. Negué con
la cabeza y le pedí que se fuera. Era tarde y quería dormir. Era la primera
noche que dormiría sin Liam desde hacía alrededor de tres semanas. Aún había
allí una de sus camisetas. La cogí y la miré hasta que me armé de valor para
llevarla al cesto de ropa sucia. Me acosté y me giré hacia la pared. No recordaba
lo inmensa que era mi cama.
A la
mañana siguiente Nai, Noe y yo estábamos desayunando cuando tocaron el timbre. Nos
miramos extrañadas, ya que no era normal que llamasen a la puerta a las nueve
de la mañana. Echamos a piedra, papel o tijeras quién iría a abrir y perdí yo. Me
puse una sudadera y abrí la puerta.
-Hola,
somos The Vamps.- dijeron sonriendo.
Los
siguientes tres segundos transcurrieron en cuatro chicos cayendo bajo mi peso
en el jardín en un escándalo de chillidos. Caí encima de Brad y Connor y los
abracé con todas mis fuerzas. James se tumbó sobre mi espalda y empezó a
chillar conmigo. Sus chillidos de chica siempre nos hacían darle puñetazos en
el abdomen para que parase. Una vez pasó el momento de euforia nos dimos cuenta
de que Tristan no estaba. Nos bastó una mirada para darnos cuenta. Noelia. Debía
de estar con ella. Los chicos me cogieron en brazos y entramos en la cocina
donde Nai ya estaba revolcándose por el suelo de la risa.
-No
tengo que comentarte que en un rato se oirán chillidos ahí arriba ¿a qué no?-
me dijo caminando hacia los chicos para darles un abrazo.
Nai y yo
nos vestimos lo más rápido que pudimos y bajamos a pasear con los chicos. Pasamos
por la habitación de Noe y tocamos para saber si ellos también vendrían. Oímos silencio,
y nadie salió a abrir la puerta así que decidimos salir y ya ellos nos
llamarían. Cogimos algo de dinero para ir de compras y nos montamos en el coche
de Connor. Estuvimos todo el camino hasta Westfield cantando todas y cada una
de las canciones que ponían en la radio. Fuimos a comer a Nando’s y no volvimos
a casa hasta casi las ocho de la tarde. Cuando llegamos estaban ya todos
cenando. Entraron los chicos con Nai mientras Brad y yo sacábamos las bolsas
del coche. Entramos haciendo las bromas de siempre y nos encontramos con Liam
mirándonos fijamente. Saludó a Brad con un movimiento de cabeza y me hizo señas
para que se siguiese. Entramos en el cuarto de la lavadora y cerró la puerta.
-Grace,
Sophia sólo es una amiga de la infancia no es nada más…
-Déjalo,
me conozco la historia.- le corté. Me partía el alma ver a Liam así, pero yo
estaba harta de rollos con los tíos. Salí y fui a comer con todo el mundo. Estuvimos
haciendo bromas toda la noche y a las diez llegaron Harry y Taylor. Se sentaron
a mi lado y Harry me dio uno de sus abrazos de hermano mayor que siempre me
hacían sentir como una niña. Comimos comida tailandesa y nos fuimos a ver una
película al salón. Entonces el móvil de Harry vibró.
Ed: Tío, coged el Skype xx
Corrimos
a coger el ordenador y con dedos temblorosos usamos el perfil de Taylor. Después
de dos eternos minutos apareció la cara de Ed en la pantalla. No sé si fui la
única que estuvo a punto de llorar, pero lo dudo mucho. Empezamos a hablar
contándole todo lo que había pasado los últimos días excepto el incidente entre
Liam y yo. Encima que nos llamaba como para darl un disgusto. Entonces le
preguntamos que qué tal le iba todo y que qué tenía de nuevo. A día de hoy no
tengo muy claro quién se sorprendió más de su respuesta.
-Pues os
echo muchísimo de menos a todos. Pero creo que a la que más echo de menos es a
Noe.
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