Narra Liam
Grace estaba dándose una
ducha con alguna canción que no supe identificar en su reproductor a todo
volumen mientras yo seguía el ritmo tumbado boca abajo en la cama. Se había
levantado un tanto misteriosa y no sabía muy bien el por qué. Sólo sabía que ni
siquiera me había saludado al despertarse.
Oí la puerta del baño
abrirse y giré mi cabeza para ver a mi chica salir con solo una toalla
cubriendo su cuerpo. Noté algo en mí que se alegraba de las vistas y sonreí en
su dirección. Sin embargo ella me ignoraba. ¿Qué demonios le pasaba?
-¿Grace?-llamé.
-¿Sí?
-¿Qué te pasa?
-¿A mí? Nada.
-No es cierto.
-¿Y tú que sabrás?- me
respondió de mal humor.
-Grace.- dije tratando de
sonar apaciguador.
-¿Qué Liam? ¿Qué pasa?
-No, ¿qué pasa contigo? Te levantas
y ni siquiera saludas. Y llevas ignorándome desde que has salido del
baño.-repliqué enfadado. Ella me miró y arqueó una ceja. Se acercó a la cama y
se sentó a mi lado.
-Lo siento.
-¿Vas a contarme qué te
pasa?
-Mañana es el cumpleaños de Maggie
y yo no estaré allí. Va a cumplir 16 años, Liam. Es uno de los días más
importantes de su vida y no estaré con ella.
-Pues vámonos hoy. Démosle
una sorpresa.
-¿Cómo?
-Cojamos el avión del grupo.
-¿En serio?
-Totalmente.
Se abalanzó sobre mí y
empezó a chillar. Hacía tiempo que no la veía tan feliz. “Desde que vio a su
padre la última vez” me recordó mi subsconciente.
Narra Grace
La mano de Liam se aferraba
a la mía mientras bajábamos del avión hasta el chófer de mi padre. Digamos que
John y yo nos compenetrábamos bien en cuanto a sorpresas a mi familia. Lo conocía
desde que tenía creo que diez o tal vez ocho años. Era como mi segundo padre.
Subimos al coche después de
saludarle y emprendimos el camino a casa. A casa. Tantos meses sin estar aquí y
ahora estaba de camino con Liam. Sabía que mi padre lo aceptaría, pero ¿y mi
madre? ¿Cómo lo encajaría ella?
-Yo también estoy nervioso.-
dijo Liam con un hilo de voz. Oh vamos Liam. Si alguien no lo acepta será culpa
mía. Llegamos a casa tras media hora de
camino y entramos con la pequeña llave que siempre dejábamos bajo la maceta. No
había ni un alma en casa. “Estarán en el colegio y trabajando.” Recordé.
Dejamos las maletas en mi
habitación y bajamos a la cocina a preparar algo de comer, estaríamos solos
durante al menos dos o tres horas. Alrededor de las ocho oímos cómo se abría la
puerta.
-¿Habéis dejado la puerta
sin cerrar? ¿Estáis locos?-oí que decía mi madre. Sonreí y susurré a Liam un “Levántate”.
Me acerqué a la puerta y esperé a que se diesen cuenta de lo que pasaba.
-Mamá, deja el drama, es mi
cumpleaños que con que Grace…- se interrumpió Maggie. Abrió mucho los ojos y
corrió hacia mí. Sonreí mientras la abrazaba y unas pequeñas lagrimitas se
escapaban de mis ojos.
-Hola pequeña. Feliz
cumpleaños.-susurré en su oído. Ella alzó la cabeza y me miró a los ojos. Había
crecido.
-Grace, sabemos que es el
cumpleaños de tu hermana, pero tus padres estamos aquí también.- dijo mamá.
-¡Y yo también! ¡Mags no
acapares!- gritó Audrey.
-No te enfades Auds. Ven
aquí enana.-dije mientras abría mi brazo libre para que mi hermana pequeña se
refugiase en él.
Después de abrazar a mis
padres miré hacia la puerta del salón y me di cuenta de que Liam estaba
apartado de nosotros. Me acerqué a él y le tomé de la mano. Él la apretó y me
miró.
-Todo va a ir bien.-
murmuró.
Me giré hacia mis padres y
agité nuestras manos entrelazadas. Ellos sonrieron y entrelazaron las suyas.
Espera, ¿qué?
-Creo que sabemos lo que nos
vas a decir, Grace.- dijo mi padre sonriendo.
-Papá…
-No he terminado. Nosotros
queríamos decirte que hemos decidido darnos una segunda oportunidad.-finalizó
sonriendo. ¿Mis padres habían vuelto? Solté a Liam y salté a sus brazos. Era la
mejor noticia que podían darme.
Esa misma noche estaba con
Audrey, Maggie y Liam en mi cama viendo una película. Yo no le prestaba mucha
atención, estaba más concentrada en mis hermanas abrazando a Liam. Los tres
parecían a gusto juntos. Los miré con ternura y me levanté para dirigirme al
pasillo. Oía las voces de mis padres riendo y hablando como si siempre hubiesen
estado enamorados. Volví a mi habitación y abrí un cajón que hacía mucho tiempo
que no abría. Saqué la cámara réflex que me habían regalado mis hermanas en mi
decimoquinto cumpleaños y la encendí. La única foto, que por algún tipo de
razón no había borrado, con Dan que me quedaba iluminó la pantalla. La observé
durante unos segundos y apreté con decisión el botón de “Eliminar”.
Memoria vacía.
Ya nada me ataba a Dan. Nada
en absoluto. Levanté la cámara, enfoqué hacia la cama y disparé la foto.
-¿Vas a volver a hacer
fotos, Grace?- me preguntó Audrey.
-Es probable, Auds.
-¿Haces fotos, reina?-
inquirió Liam
-Solía, se me daba bien…
¿Reina?-dije alzando una ceja.
-Bueno, odias que te llame
princesa. Así que las princesas pueden ser tus hermanas. Tú serás la reina y yo
el rey.-respondió Liam. Vi como a Audrey se le iluminaba la mirada.
-¿Ah sí? ¿Y de qué reino?-
pregunté sentándome a su lado.
-Del que tú quieras.-dijo
dándome un beso en la mejilla.
-Pues entonces esta familia
real se merece una foto.- sentenció Maggie. Me quitó la cámara de las manos y
puso el temporizador. Sonreímos y el flash nos cegó por un segundo.
Después de una hora y media
más de risas, cosquillas y muchas fotos estaban todos dormidos menos yo. Papá se
asomó a la puerta y sonrió. Le había echado de menos.
-Buenas noches niñas. Os
quiero.-susurró. “Aún estoy despierta, papá” pensé. Esperé a que sus pasos se
alejasen un poco de la puerta y solo entonces hablé:
-Yo te quiero más, papi.
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